Algo curioso ha sucedido en el mundo de los PCs en estos últimos diez años y resulta obvio si se mira el mercado bajo el prisma del CES. Ha sido un largo y tortuoso camino, pero los PCs al final comienzan a buscar la simplicidad de cualquier otro gadget.

Microsoft es en buena parte responsable de este movimiento, con su versátil Windows 8, que corre en todos los equipos tradicionales, además de en tablets o en portátiles híbridos. Seguro que es necesario pasar una curva de aprendizaje, pero su capacidad para unificar varios tipos de dispositivos bajo un mismo el sistema operativo, abre un nuevo ecosistema multi-dispositivo.

Pero también tiene parte de culpa AMD, Intel o Nvidia, por mejorar las velocidades de CPU, los gráficos y la vida útil de la batería, todo si sacrificar el rendimiento, en el altar de la facilidad de uso. Y los fabricantes mismos de PCs también están yendo en esta dirección, con diseños más fáciles de utilizar, más delgados y con baterías que duran toda una jornada.

La industria del PC intenta hacer productos más sencillos, fáciles de utilizar, en una estrategia que imita a la industria de electrónica de consumo. En los dos últimos años, sin embargo, los PCs han creado su propia estética, avanzando en simplicidad, pero aprovechando las capacidades de los modernos componentes, de la nube y del mejor software.

El negocio del PC ha superado al clásico usuario empresarial, añadiendo funcionalidad y más usabilidad que nunca. Los PCs ya no son PCs, en sentido tradicional. Este año, como Windows encuentre su camino hacia los tablets, los híbridos y los equipos all-in-one, el PC volverá a ser un segmento fuerte y seguirá estando en forma.