El funcionamiento de Tinder ya es conocido por todo el mundo: a la derecha, te gusta; a la izquierda, no te gusta. Haces match, chateas un poco y puedes acabar quedando con alguien. Quien más y quien menos conoce las dinámicas o ha usado esta app en primera persona, la más utilizada para ligar de forma online.

Los confinamientos durante la pandemia hicieron crecer el número de personas que utilizaban este tipo de aplicaciones para conocer gente. En un primer momento, por no poder salir de nuestras casas y, después, por la imposibilidad del contacto estrecho por la amenaza del COVID-19. Durante los momentos más duros, ha sido una forma fácil de conocer gente nueva.

Las relaciones modernas son más rápidas y las prácticas, más selectivas. Al tener tantas opciones disponibles a golpe de dedo nos obsesionamos con buscar siempre a la mejor persona para nosotros. En eso se basan las apps como Tinder, que te “ofertan” todas las opciones para que puedas elegir lo mejor.

Parece fácil pero no lo es. Mucha gente se frustra por no encontrar exactamente lo que busca en este tipo de aplicaciones. Hay quien quizás es demasiado ambicioso y pide demasiado a una plataforma online, pero vamos a intentar averiguar si quizás hay otros factores que determinan por qué no conseguimos hacer match en Tinder.

¿Cómo funciona Tinder realmente?

Vamos a inmiscuirnos un poco más en sus entrañas, concretamente en el funcionamiento del algoritmo de Tinder para que dos personas se conozcan.

Para empezar, en la gran mayoría de sitios de citas online, hay muchos hombres y mujeres. Eso es un problema porque no todos los perfiles pueden tener la misma visibilidad y esa es la primera variable de Tinder. Al hacerte Premium, se te ofrece una mayor visibilidad, pero hay más factores.

Al crearte una cuenta de cero, la plataforma te da mucha visibilidad durante las primeras 48 horas. Esto se conoce como el “Noob Boost” y lo utilizan muchas apps para engancharte. Este dulce inicio sirve para que consigas algún que otro match en estos primeros momentos, ya que, de no ser así, seguramente no volverías a darle a la derecha o a la izquierda.

Además de darte visibilidad, en estos primeros momentos, consiguen mucha información sobre ti, tanto la que tú le das conscientemente (ubicación, edad, gustos, etc) como la que puede conseguir de las aplicaciones que conectas a tu perfil (Facebook, Instagram, Spotify…).

Los parámetros que Tinder utiliza para mostrar más o menos perfiles son básicamente tres: tu actividad en la plataforma, la proximidad entre personas y el llamado Elo Score. De toda la información que ha ido recopilando es de donde saca tu puntuación de deseabilidad para su algoritmo basado en Elo.

Manos de mujer usando móvil

El algoritmo del amor o Elo Score

Su inventor fue Alfred Elo en 1960 y originalmente se ideó para competiciones de ajedrez. De hecho, se utiliza también en los partidos de la FIFA.

Básicamente, es como el capítulo “Nosedive” (“Caída en picado” en español) de Black Mirror, en el que tu valía viene dada por una puntuación marcada en tu móvil. El resto de usuarios y usuarias de Tinder te puede dar ‘Me gusta’, ‘No me gusta’ o ‘Superlike’, y eso hace aumentar tu puntuación de deseabilidad.

Pero no todos esos likes valen lo mismo. Que alguien bien posicionado se interese en ti aumenta tu valor y viceversa; si a alguien con poca deseabilidad le gustas, eso puede hacerte descender.

La periodista francesa Judith Duportail se ha convertido en una erudita del funcionamiento de Tinder tras la publicación de su libro El algoritmo del amor. En él, desgrana cómo funciona y valora el Elo Score en la app. Básicamente, Tinder nos conoce mejor que nuestras madres.

En su investigación, Duportail descubrió que el Elo Score también puntúa diferente a hombres y mujeres. De hecho, sostiene que fomenta que los hombres de alguna forma sean dominantes sobre las mujeres, ya sea en términos económicos (salario), intelectual (estudios) o de edad. Según la autora, este algoritmo favorece los encuentros entre hombres mayores y mujeres jóvenes.

También señala que utiliza un sistema de inteligencia artificial desarrollado por Amazon, Rekognition, que reconoce y categoriza las fotografías a las que damos acceso. Tras la investigación de los datos obtenidos, Tinder puede saber nuestro coeficiente intelectual o nuestro estado emocional general.

Sin embargo, hace unos cinco años, Tinder declaró que el Elo Score estaba obsoleto: ya no lo usaban. Ahora lo más importante, según la propia empresa, es la actividad en la app (es decir, que sea un perfil activo) y la distancia entre personas.

Sin embargo, muchos usuarios han avisado de que parece que el sistema sigue siendo el mismo, ya que los perfiles con más likes reciben más likes y viceversa. No son pocas las acusaciones hacia la compañía de hacer un lavado de cara tras las acusaciones de que su sistema era sexista.

Las críticas parecen acertadas ya que basar la visibilidad en los factores de distancia y actividad parece poco concreto: dentro de esos dos factores deben existir más diferencias en una app que cuenta con muchas más mujeres que hombres y donde ellas son mucho más selectivas a la hora de dar ‘Me gusta’ que ellos. Parece que simplemente Tinder quería fomentar más el uso de la app. ¿Por qué no iba a hacerlo?

Match en Tinder en un iPhone

Este no ha sido el único momento en el que Tinder ha sido acusada como empresa de ser una plataforma un tanto injusta. Según una investigación de Which?, Tinder hace pagar más por la versión Premium según el perfil de la persona. El grupo de gente entre los 30 y los 49 años pagaba más que el de 18 y 29, mientras que las personas mayores de 50 años pagaban un 47 % más.

En un principio se pensó que también tenía que ver la orientación sexual de los grupos investigados pero, finalmente, no se pudo demostrar y Tinder declaró que ese factor no se tenía en cuenta.

Tinder no es una app transparente, aunque también es cierto que rara vez las plataformas de ligue online lo son. Los precios no son públicos, lo que se deriva en una violación de la ley, por ejemplo, en Reino Unido. Concretamente la Ley de Igualdad de 2010, prohíbe un comportamiento con trata desfavorable con motivos de características que puedan ser motivo de discriminación, sin base legítima para ello (no entrarían aquí los descuentos para estudiantes o para jubilados en determinados servicios).

Todo sirve, como en cualquier otra red social, para que las personas usuarias pasen más y más tiempo en la app y poder así vender más espacios publicitarios. No nos engañemos, lo de buscar el amor es una excusa.

Por ejemplo, un estudio de 2014 de otra aplicación para conocer gente, OkCupid, confirmaba que existen sesgos raciales en nuestra sociedad que se reflejan en el comportamiento de los usuarios y las preferencias a la hora de tener citas. Es decir, si los propios usuarios tomaron anteriormente decisiones discriminatorias, el algoritmo continuará en esa misma trayectoria sesgada.

Aunque podemos decir que las preferencias en cuanto a buscar y elegir pareja son muy personales, la cultura acaba dando forma a nuestras preferencias y las aplicaciones de citas se basan en esas decisiones. En cierto modo, el funcionamiento de los algoritmos son espejos de las prácticas sociales, lo que puede reforzar los prejuicios sexistas o raciales que ya existen en la sociedad.

Pero es que, según la programación de un algoritmo, el comportamiento online de los usuarios y el conjunto de datos que se procesan, se resaltan ciertos aspectos culturales y otros se dejan de lado. Se prioriza utilizar cierta información de determinados colectivos, a los que se les acaba dando mayor visibilidad, mientras que a otra gente se la invisibiliza.

¿Es esto justo? Bueno, no es obligatorio estar en Tinder (ni en ninguna otra aplicación).

Hombre usando un smartphone

¿Son las otras apps de ligue mejores que Tinder?

Existen muchísimas más opciones que Tinder. Veamos brevemente cómo funcionan otras aplicaciones:

OkCupid

La principal diferencia de OkCupid con Tinder es que esta plataforma cuenta con muchos más filtros e información que tú voluntariamente das cuando creas el perfil. Así, pueden filtrar a personas compatibles en función de muchos más factores, como el idioma nativo, los intereses, planes de futuro…

Además, la mayoría de estos filtros son de uso gratuito. Esta gran cantidad de factores que se entrelazan se explica con que sus fundadores fueran estudiantes de matemáticas.

De hecho, precisamente es esta una de las quejas principales de los usuarios: la gran cantidad de preguntas que hay que responder al inicio, ponderando la importancia que tienen determinadas cosas para ti. Se supone que cuantas más haces, más posibilidades tienen de encontrar un match. Las personas suelen contestar unas 360 preguntas entre las miles que descartan.

Con esta información, OkCupid puede hacer diferentes estudios sobre casi cualquier cosa: cómo influyen los idiomas en el amor, qué tan importante es la raza a la hora de buscar pareja o si la ideología política influye tanto como pensamos o no.

Otra de las trabas de esta plataforma es que se basa mucho en lo que el usuario dice de sí mismo. Cada persona puede presentarse, en sus respuestas, de una forma en la que piensa que es, pero el Big Data registra, al final, lo que haces.

Si una persona dice que le da igual la raza de una persona pero le da ‘No’ a todas las personas racializadas, el algoritmo lo va a tener en cuenta. Sin embargo, OkCupid prima tu respuesta.

Bumble

A diferencia del resto de apps de citas, la originalidad de Bumble es que permite a las mujeres tomar el protagonismo, ya que son ellas las que deben iniciar conversación. Cuentan con un margen de 24 horas para responder antes de que el match se pierda. 

Además, la táctica de dar ‘Like’ a todos los perfiles puede ser castigada (según especulaciones). También parece que se utiliza Noob Boost pero no parece que el algoritmo filtre otras características para mostrar gente.

Curiosamente, esta plataforma surge de extrabajadoras de Tinder. Whitney Wolfe, antigua vicepresidenta y cofundadora, demandó a la empresa por acoso sexual y discriminación y, junto con otros dos compañeros, fundó otra empresa, YayNext.

Grindr

Anterior a Tinder, Grindr es una aplicación de citas y encuentros queer. Básicamente, basa su sistema en mostrar a la gente según su ubicación para emparejar. Para ello hay que estar en línea ese día. Además, se pueden aplicar filtros de preferencia de los usuarios como la edad o el tipo de relación que buscan.

¿Cuál es el principal problema de Grindr? Al basarse fundamentalmente en la ubicación como forma de emparejar, muchas personas utilizan la app para la compra y venta de marihuana y otras drogas, algo en lo que la compañía está trabajando arduamente.

Según la propia empresa, utiliza la inteligencia artificial y un sistema de decisiones automatizadas, parecida a un algoritmo, para rastrear esas posibles cuentas de spam.

Pareja de lesbianas en una cita

Datos, datos y más datos para terminar

Nada de esto sería demasiado relevante si fueran cuatro gatos los que utilizaran Tinder y otras apps para ligar. El contexto es importante y, más allá de la pandemia, queda claro que esta nueva forma de encontrar pareja ha venido para quedarse.

En un estudio de Smatme Analytics de más de 8.000 personas, en el grupo de personas de menos de 35 años, el uso de Tinder ha aumentado un 94 %. En otras aplicaciones como Badoo, aumentó un 52 %; en Wapo, un 35 %; y en Grindr, un 24 %. Sin embargo, las personas de más de 35 años cada vez pasan menos tiempo en esas aplicaciones y las dejan de lado, llegando a bajar hasta un 38 % en Tinder y Grindr.

Tinder reveló que, desde que se decretó el Estado de Alarma en España el 14 de marzo de 2020, las conversaciones entre matches aumentaron la duración un 26 %. Lo mismo ocurrió con el número de mensajes, que subió un 30 %. De hecho, España es uno de los países de la Unión Europa que más liga por Internet, según Google, seguido por Italia y Francia. Solo superan a España, Estados Unidos y Brasil. Es en Estados Unidos donde el 40 % de parejas heterosexuales y el 60 % de homosexuales se han conocido online.

Según Netquest, con datos de 2020, en España un 9 % de hombres y un 5 % de mujeres tienen la aplicación de Tinder descargada en el móvil. Se estima que el grupo de edad que más la descargan son las personas entre 20 y 24 años. Aproximadamente, ¡hablaríamos de unos 2.133.000 hombres y 1.185.000 mujeres en todo el Estado!