A muchos le asusta el 5G. No es nada nuevo. Cada nueva tecnología despierta una reacción contraria. El tren de vapor se ganó opositores que pensaban que el cuerpo humano no podía soportar un movimiento más rápido que los 50 km por hora de los trayectos en caballo. Muchos también protestaron frente a la electricidad de corriente alterna.

Por un lado, hay quien se cree teorías conspiratorias desorbitadas que envuelven alienígenas, conspiraciones del gobierno y el Mosad. Por otro, hay quien asegura que el 5G va a dejarte infértil y te causará un tumor cerebral.

¿Qué hay de verdad en todo eso?

Se sabe que hay ciertos peligros asociados con las ondas de radio, razón por la cual se han establecido ciertos límites. En líneas generales, se limita cualquier mínima fracción de la señal que podría tener un efecto. Y además, todos los dispositivos, ya sean estaciones base o teléfonos móviles, operan con una electricidad mucho inferior a la que marcan dichos límites.

Esto no se ha establecido así por una gran preocupación por la radiación, sino porque cuanta menos electricidad use un móvil, más durará su batería. Hay excepciones: recientemente una prueba fiable demostró que el iPhone 11 Pro utilizaba más del doble de potencia permitida. Pero incluso eso no debería preocuparnos.

Gran parte del miedo al 5G es el hecho de que los humanos no somos muy buenos a la hora de evaluar el riesgo. Si te vas de vacaciones, es más probable que tengas un accidente en coche yendo al aeropuerto que un accidente de avión, y aún así tendemos a tener más miedo a volar.

Eso es porque tenemos a minimizar los peligros de algo que nos es familiar y a amplificarlos cuando no lo es.

Pero con el 5G, parece que hay mucha más preocupación que en cualquier otra nueva tecnología, así que merece la pena entenderla mejor y también sus riesgos.

¿Qué dice la ciencia sobre el 5G?

Existen más de 24.000 informes sobre los efectos de las ondas de radio. Los escépticos dirán: “¿Por qué hay tantos si no son peligrosas?”, mientras que los que están a favor dirán: “Todos estos informes y ninguna prueba irrefutable”. Prácticamente siempre puedes determinar en qué lado están dichos informes con solo leer el primer párrafo. Este artículo es ejemplo de ello.

Pero esta opinión no la tenemos mientras ignoramos los hechos. Sino que la tenemos tras horas de leer investigaciones y hablar con expertos, no solo en el campo de la radiación electromagnética, sino también en biología y epidemiología.

Lo que hemos aprendido es que todo esto es muy complicado. Si lo vemos en términos generales, verás que ha habido una disminución en la población de insectos y una reducción en la fertilidad masculina, algo que corresponde en el tiempo con el incremento del uso de la tecnología móvil.

Pero que exista una correlación no significa que haya una relación de causa-consecuencia, y si no podemos aislar el uso de la radiación y su efecto, no podemos dar por sentado que no hay nada más que lo cause. Ciertamente, podemos poner células en una placa de Petri, exponerlas a ondas de radio y ver qué pasa. Pero esto ignora todo el sistema y el hecho de que en un organismo con todo tipo de mecanismos que han evolucionado para superar efectos adversos, lo que ocurre en una placa de Petri no refleja fielmente lo que pasa en el mundo real.

Lo que hay que hacer es seguir un grupo representativo de gente expuesto a las ondas de radio y otro segundo grupo (con vidas similares) no expuesto, y luego elaborar una lista de las diferencias en la salud de ambos grupos.

A esto se le denomina un estudio de cohortes y ya hay algunos que se están elaborando en la actualidad, aunque hoy en día es imposible encontrar a personas que no utilicen teléfonos móviles. Esto significa que no hay un grupo de control y eso devalúa considerablemente la investigación. Una investigación epidemiológica observacional de este tipo es un campo de minas lleno de incógnitas. Quizás veremos cómo ocurre algo, pero es imposible determinar por qué, o incluso a menudo qué.

¿Es peligroso el 5G?

Por desgracia, ambos lados del debate escogen la información que les interesa para fortalecer sus argumentos. Así, mientras que la industria 5G dirá que todas las frecuencias usadas son conocidas, los contrarios dirán que no se han hecho todas las pruebas necesarias en el 5G a esas frecuencias. Y ambos argumentos son correctos. La industria divide la radiación utilizada por el 5G en banda baja, banda media y banda alta. Eso es por debajo de 1 GHz, entre 1 a 6 GHz y por arriba de 6 GHz (normalmente entre 20 y 30 GHz).

Aunque estas frecuencias usadas para la codificación del 5G (conocida como “New Radio”) no han sido probadas demasiado en gente y animales, sí que sabemos mucho sobre sus efectos.

La banda baja es la que ha sido usada en teléfonos móviles desde los años ochenta. Y teniendo en cuenta que hay más personas que tienen un móvil que personas que tienen un cepillo de dientes, si fuera peligrosa ya lo habríamos sabido a estas alturas.

La banda media es la que encontramos en la mayoría de señales en redes móviles a partir del 3G en adelante. También estas han sido utilizadas desde hace décadas y son el tipo de frecuencias utilizadas por el wifi. El 5G las utiliza a una potencia muy inferior.

La banda alta es también conocida como onda milimétrica (millimetre wave) y es en la que se centran las protestas. Ya hay mucha experiencia en estas altas frecuencias porque son las que se utilizan en las comunicaciones punto-a-punto que sirven, por ejemplo, para vincular las conexiones de televisión en exteriores a plató, para hacer llegar Internet en las áreas rurales y en las comunicaciones por satélite.

Estas situaciones suelen utilizar platos que recogen las señales de un punto a otro, por lo que la exposición de la gente a estas frecuencias es mínima. No tenemos la misma información epidemiológica que con las otras frecuencias. Lo que sí sabemos es que estas frecuencias apenas se han implementado. Todas esas historias sobre sus efectos en los pájaros y los insectos no tiene ninguna correlación.

También sabemos que estas señales son débiles. Apenas pueden traspasar los cristales y no pueden penetrar paredes. También lo tienen difícil cuando se encuentran con la piel, y es que el agua es un buen aislante. Así el vínculo entre las ondas milimétricas y los tumores cerebrales es bastante cuestionable.

¿Te matará el 5G? Si te encuentras con alguien que te diga que seguro que sí, se equivocan. No a los niveles actuales. No hay ningún tipo de prueba. ¿Puede decirse que son perjudiciales para la salud? No a los niveles actuales. ¿Podemos asegurar que son 100 % seguras? No de forma contundente pues puede que hay algo que todavía no sepamos.

Si nos fijamos ahora en el caso del amianto o del tabaco, podemos ver que había indicios para sospechar que no eran seguros. En cambio, no existe nada que indique que el 5G lo sea.

Por lo que si acaban de instalar una antena de 5G cerca de tu casa, o te estás planteando comprar un móvil 5G, con un poco de suerte habrás entendido los riesgos que tiene y que no son tan malos como sus opositores aseguran.

Artículo original publicado en TechAdvisor UK.