De hecho, el responsable del Departamento de Asuntos Internos de Nueva Zelanda, gobierno que también apuesta por el pasaporte electrónico, confirma que es posible acceder a la información almacenada en estos chips y utilizarla para hacer un clon. Sin embargo, el chip de radiofrecuencia en los pasaportes electrónicos es sólo una parte de las herramientas de seguridad que dichos documentos contienen, por lo que algunos restan importancia a este hecho.

Es más, el poder hacer un chip clon del original no es suficiente para poder falsificar un pasaporte, según estos expertos.

En cualquier caso, este suceso renueva el debate sobre los documentos electrónicos, que deben ser lo suficientemente seguros para garantizar la confidencialidad de la información personal de su propietario y, al mismo tiempo, lo suficientemente abiertos para que dicha información pueda ser leída por los organismos competentes de todo el mundo.

En este sentido, estos expertos coinciden en que se puede hacer que el pasaporte electrónico sea más difícil de leer, pero los procesos de inmigración de los aeropuertos, por ejemplo, se harían más costosos y largos, con las consiguientes molestias que ello causaría a los pasajeros.

Este suceso también ha vuelto a generar un debate sobre la conveniencia, o no, de utilizar la tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFID). Otros pasaportes electrónicos que incorporan RFID y que ya han visto comprometida su seguridad son el holandés y el alemán.