Son las 7:30 de la mañana. Suena el despertador y, Marta, lo primero que hace nada más levantarse es revisar su móvil. En su pantalla pone “Madrid, 35 grados” y, de esta forma, revela su localización. Luego, consulta su correo electrónico de Google, servicio que ya cuenta con 1,8 millones de usuarios activos; Marta accede al servicio de correo electrónico gratuito más grande del mundo sin ser consciente de que Gmail es objetivo de amenazas que pueden comprometer seriamente la seguridad de millones de usuarios. 

Marta prepara su desayuno y, cual influencer supercotizada, prepara minuciosamente la mesa de la cocina en forma de bodegón: tostadas con mermelada de frutas del bosque, bol de cereales con muesli y zumo de naranja en un perfecto vaso de diseño; busca el ángulo para realizar la foto perfecta y así subirla a su cuenta de Instagram sin saber que, al hacer eso, está dándole una muy poderosa información a los buitres del marketing.

Mientras desayuna, Marta busca un vestido original para la fiesta del sábado: las empresas textiles ya tienen un nuevo blanco al que enviarle anuncios. Después, decide comprar un nuevo juego de moda en su versión premium, por el que tiene que pagar una cierta cantidad -sus datos bancarios también están registrados en su smartphone-. Accede al juego a través de Facebook, sin darse cuenta de que acaba de dar acceso a la app a disponer de toda la información que ha ido almacenando en su red social. 

Por fin, coge el coche para ir a la entrevista de trabajo que tiene al otro lado de la ciudad, usa su aplicación de Google Maps y, sin ser consciente, le da información a Google sobre su desplazamiento.

Marta es una de las millones de personas que en absoluto se preocupa por el uso que terceros hacen de sus datos. Sin embargo, su información tiene un alto precio por la que muchos pagan: la atención de Marta es el producto que las redes sociales venden a los anunciantes. 

El controvertido documental de Netflix El dilema de las redes sociales explica que el verdadero negocio de Silicon Valley está precisamente en vender a sus usuarios. Nosotros y nosotras no pagamos por los productos que usamos, son los anunciantes los que pagan, los anunciantes son los clientes, y los usuarios de las redes son, en sí mismos, el producto que se vende: “Si no pagas por el producto, tú eres el producto”, se enuncia claramente en el documental mencionado. 

¿Vivimos en un Gran Hermano digital?

Allá por 1947 George Orwell comenzaba a escribir la novela de ficción distópica 1984, donde ya hablaba de un Gran Hermano que nos vigila. Hoy día la realidad supera la ficción. Las grandes empresas tecnológicas recogen todo tipo de información sobre tu persona, tus gustos, hobbies y actividades. De este modo, elaboran un perfil completo para saber qué venderte y qué no: lo saben todo de ti y pueden anticipar qué harás o incluso mostrarte una y otra vez lo que supuestamente necesitas.

Imagina que buscas unas zapatillas de deporte en una tienda como Amazon, pero, finalmente, decides no comprarlas. Después, durante días, las diferentes web que visitas te bombardearán con anuncios de diversos modelos de zapatillas. Esto es posible gracias a las cookies, que son pequeños fragmentos de texto que los sitios web que visitas envían al navegador. Los sitios web recuerdan información sobre tu visita, de forma que pueden utilizarse para que las empresas publicitarias te espíen para conocer tus gustos y atinar mejor con la publicidad. 

Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y la que describe Orwell en 1984, de forma que estaríamos viviendo en una sociedad orwelliana, no solamente con estrategias dirigidas a captar nuestra atención y elaborar un perfil de quiénes somos, sino también con la finalidad de modelar nuestro pensamiento y manipular lo que debemos ser, hacer o pensar.

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El verdadero funcionamiento de las redes sociales

Teniendo en cuenta que nueve de cada diez españoles usan las redes sociales y pasan casi dos horas al día en ellas, vamos a analizar su verdadero funcionamiento. 

Cuando nos abrimos una cuenta en redes sociales, ya desde el principio aportamos una serie de datos personales -ciudad, fecha de nacimiento, teléfono, género, hobbies, intereses…- que las plataformas venderán a terceros con fines comerciales.

Nuestra información personal se ha convertido en un producto más de “compraventa”, pero, ¿en qué consiste este proceso de venta y adónde van a parar nuestros datos? ¿Qué se hace con nuestra información?

Cada aplicación o red social cuenta con sus propios procedimientos. En el caso de que naveguemos por Internet, cada vez que visitamos una página desde cualquiera de nuestros dispositivos, recibimos constantes peticiones de instalación de cookies, que recaban información de nuestra actividad online y se la hacen llegar al propietario de la web.

Cuando accedemos a las diferentes páginas, proporcionamos datos personales, hábitos, preferencias, datos bancarios, ubicación, etc., que no tenemos forma de controlar dónde acaban. Para salvaguardar nuestra intimidad, podemos no aceptar las famosas cookies y renunciar al servicio o bien borrarlas de nuestro ordenador, lo cual resulta, cuanto menos, tedioso. 

En el caso de Facebook, el usuario deposita voluntariamente sus datos en ella, y, en base a las interacciones que realiza en su muro con otras personas, los ‘me gusta’, las páginas visitadas, así como la información que comparte, se elabora un perfil único y detallado clasificado por algoritmos con el fin de conocernos individualmente como consumidores y proceder a la venta de nuestros datos. Las cookies de Facebook continuarán espiando lo que hacemos online a no ser que cerremos la aplicación. 

Pero el negocio es mucho más amplio y complejo, por lo que existen otras compañías, -no solamente Google o Facebook, entre otras muy conocidas- que recopilan una gran información de los usuarios de Internet y redes sociales para elaborar largos informes. Son los llamados Data Brokers

Los Data Brokers recopilan datos y, a través del Big Data, analizan las tendencias de los usuarios en cuanto a sus intereses políticos, estatus social, economía, tiempo de ocio, hobbies o tendencias sexuales, entre otros. Los algoritmos que utilizan son cada vez más eficaces con el fin de generar un conocimiento en torno a los usuarios, que cada vez tiene más valor. 

Es muy común que te encuentres tranquilamente navegando por Internet y que, de repente, recibas un bombardeo de publicidad con ofertas de coches si recientemente visitaste la página de un concesionario, o si publicaste en Twitter que te gustó un nuevo modelo de Audi. Puede que recibas un bombardeo de ofertas de botas de montaña si se te ocurrió visitar un blog de senderismo o si publicaste una foto con tus amigos en el monte. 

Tus datos están ahí afuera y alguien se está lucrando con ellos: esta es la realidad.

“He leído y acepto”

Cada vez que accedes a un sitio y pulsas “Acepto las condiciones…” estás dando permiso para que cedan o utilicen tus datos sin que muchas veces seas consciente de ello. 

Las compañías que se dedican a la recolección de datos personales en teoría lo hacen de forma legal y dentro del marco normativo vigente. Aun así, los usuarios ni siquiera leen lo que están aceptando y corren el riesgo de que su información pase a manos de terceros.

Cuando aceptas sin leer las políticas de privacidad no sabes qué datos personales estás cediendo. Tampoco conoces la finalidad del uso que harán de tus datos; pueden ser vendidos a terceros o usarse para elaborar perfiles; incluso puede que estés cediendo el uso de tus vídeos o fotos personales, solo por citar algunos ejemplos. 

Sin embargo, también debemos destacar que, normalmente, las empresas que recopilan y usan los datos personales de los usuarios de Internet en la mayoría de los casos lo hacen con un fin concreto y un tratamiento ético.

La legislación que nos protege

Si después de leer todo esto te preocupa la seguridad de tus datos o simplemente te gustaría conocer el tratamiento de los mismos y cuáles son las leyes que te protegen, debes saber que el GPDR es el reglamento a nivel de la Unión Europea. 

El GPDR o Reglamento General de Protección de Datos regula, desde el 25 de mayo de 2018, el tratamiento de tus datos personales y la libre circulación de los mismos. A través de esta regulación, los usuarios de redes sociales y plataformas podríamos acogernos a los derechos que nos asisten en relación al tratamiento de nuestros datos personales. 

El objetivo de este reglamento es proteger la privacidad de los datos de los ciudadanos de la Unión Europea. Para ello, además de imponer una serie de condiciones, contempla importantes sanciones para las organizaciones, europeas o extranjeras, que lo incumplan.

Sin embargo, recientemente, para nuestra sorpresa, la Comisión de la Unión Europea ha sido demandada por violar sus propias reglas de protección de datos

El principal funcionario de protección de datos de la UE, Wojciech Wiewiórowski, ha admitido que el GPDR realmente no ha funcionado de la manera que esperaban:

“Creo que hay partes del GPDR que definitivamente deben ajustarse a la realidad futura. O todos demostramos colectivamente que la aplicación del GPDR es efectiva o tendrá que cambiar y… Cualquier cambio potencial irá hacia una mayor centralización”, explicaba Wiewiórowski recientemente a la revista Politico.

Wiewiórowski reunirá a los responsables de la toma de decisiones en materia de protección de datos en Bruselas para abrir el debate sobre las fallas del GPDR y sentar las bases para una revaluación inevitable de la ley cuando la nueva Comisión de la UE asuma el cargo en 2024.

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Aun así, los usuarios de redes sociales no paran de crecer

Tal y como hemos analizado, vivimos en un periodo en el que se puede obtener información de casi cualquier dispositivo móvil. Además, me atrevería a decir que hoy día somos prácticamente incapaces de vivir un día entero sin echar un vistazo a nuestras redes sociales. 

Lejos de disminuir el número de usuarios de redes sociales, pese a conocer el uso de nuestros datos personales por parte de terceros, según el último informe digital realizado por Hootsuite y We Are Social, actualmente hay 4.620 millones de usuarios de redes sociales en todo el mundo, lo que representa un crecimiento interanual de más del 10 %, es decir, 424 millones de nuevos usuarios desde el año pasado. 

Además del uso de nuestros datos personales, estamos expuestos a una serie de peligros, como pueden ser, entre otros:

  • El ciberacoso o ciberbullying. El público adolescente es especialmente vulnerable a las posibles acciones de ciberacoso. El papel que juegan los padres y profesores es fundamental a la hora de aconsejar sobre el uso restringido de las redes sociales y aconsejarles ajustar el nivel de privacidad para no verse tan expuestos.
  • El phishing, malware y otros delitos online. Es fundamental tratar de mantener un nivel de seguridad alto y no caer en la trampa de pinchar enlaces ni aceptar mensajes extraños de terceros. Normalmente tratan de hacerse con los datos de acceso a una cuenta de email para ver la bandeja de entrada y manipular la información que contengan.
  • Las fake news. Son los llamados “bulos”, que circulan por las redes y se extienden cual mancha de aceite difundiendo información falsa, con el peligro que entraña leer y no contrastar la información vertida desde un medio concreto.
  • Tu futuro laboral. Desde que existen las redes sociales los responsables de Recursos Humanos de las empresas se han convertido en verdaderos rastreadores para analizar el perfil psicológico de un posible candidato. Es por esto que debes tener cuidado con lo que publicas en redes. Si tienes fotos o textos comprometidos, elimínalos cuanto antes. Además, algunas compañías están muy pendientes de que sus trabajadores no abusen de las redes en horario laboral. 

¿Por qué, a pesar de todo, seguimos “enganchados/as”?

"Hay dos industrias que llaman a sus clientes usuarios: la de las drogas ilegales y las del software". Esta es una de las frases que aparece en uno de los momentos más comentados del documental El dilema de las redes sociales. En él, se describe la adicción y los impactos negativos de las redes sociales en personas y comunidades, como resultado de las estrategias diseñadas para manipular emociones y comportamientos. 

Y es que las redes sociales están diseñadas para jugar con nuestra vulnerabilidad y nos enganchan, según explican los psicólogos y psicólogas, porque todas ellas atienden a una de las necesidades básicas del ser humano: cubrir el sentimiento de pertenencia a una comunidad.

Entonces, ¿cuál sería el objetivo real de los buitres del marketing? Acaparar el tiempo de las personas, una moneda valiosa para empresas, políticos y organizaciones varias, con el fin de vender productos o ideas a audiencias vulnerables e hipersegmentadas.

El documental El dilema de las redes sociales explica que cuantas más horas pasa un usuario conectado a sus redes, más información detallada se obtiene sobre sus hábitos, gustos y características. Y, a más tiempo, más dinero.

Teniendo en cuenta esto, es importante analizar los efectos que el uso desmedido de las redes sociales pueden tener en nuestra salud mental.

Ya la OMS (Organización Mundial de la Salud) considera el abuso de las redes sociales como un problema de salud pública. Es más, el uso excesivo de las tecnologías o Internet tiene la misma consecuencia que una droga. Pero no solamente el uso descontrolado de las redes sociales e Internet provocan adicción, sino que, además, usar 7 de las 11 redes sociales más populares se asocia con un riesgo tres veces mayor de sufrir depresión y ansiedad, en comparación con aquellas personas que solo usan dos o ninguna red social.

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Los jóvenes y adolescentes, cada vez más “enganchados” a las redes, sienten la necesidad de mirar compulsivamente la vida de los demás y se sienten frustrados porque su vida no es  igual. Para muchas de ellas, “ser popular” se ha convertido en su mayor aspiración, hasta el punto de llegar a vivir por y para los “likes”.

Suplen sus carencias de autoestima a través de las redes sociales y buscan validación a través de ellas. La pérdida de vínculos personales reales, la distorsión de la realidad o la intolerancia a la frustración son algunas de las consecuencias de buscar la aceptación social en redes sociales en forma de “likes” o comentarios. 

En el documental El dilema de las redes sociales, se explicaba cómo mediante sistemas de "recompensa inmediata", como los "likes" o los comentarios positivos, las redes sociales habrían creado métodos de navegación capaces de estimular la circulación de la dopamina a niveles sin precedentes. Así, a medida que cada validación recibida en línea genera nuevos impulsos artificiales de dopamina, las redes mantienen conectada a una legión de usuarios y usuarias cada vez más solitarias y necesitadas.

La dinámica de los "likes" y comentarios con elogios o críticas se estimularía para manipular y hacer dependientes a los y las usuarias, según los entrevistados en El dilema de las redes sociales

Me pregunto hasta dónde van a llegar la evolución de las redes sociales y adónde quieren llevarnos. Parece que las redes sociales del futuro están muy enfocadas a cubrir nuestras necesidades como uno de los factores más importantes. Mark Zuckerberg recientemente anunció que Instagram ofrecería la posibilidad de comprar a través de su chat. 

Esta nueva función, de  momento disponible en Estados Unidos, busca “ayudar a las personas a iniciar conversaciones con las empresas que les interesan y ayudarlas a encontrar y comprar productos que les encantan en una experiencia fácil y fluida, directamente desde el hilo del chat. Es por eso que hoy presentamos una nueva forma de realizar una compra en Instagram, justo donde chateas”.

Por su parte, Youtube ha dado un paso más en su reciente alianza con Shopify, para lanzar YouTube Shopping: se trata de nuevas funcionalidades que facilitarán toda la experiencia de compra en vivo.

En cualquier caso, considero que debemos empezar a controlar el uso de las redes sociales, marcarnos límites y establecer un tiempo determinado para su uso. No podemos vivir constantemente pendientes de mirar el móvil y de las distintas notificaciones. 

Además, las redes sociales pueden ser muy peligrosas para chicos y chicas especialmente sensibles e influenciables, que se encuentren viviendo un momento de vulnerabilidad intensa. Quizás esté en nosotros, los adultos, el tomar responsabilidad y enseñarles a utilizarlas de forma racionada; a mostrarles que la verdadera vida y las verdaderas relaciones se forjan “ahí afuera”.