Elon Musk quiere crear una red social que respete la libertad de expresión. Cuesta no ver esto como el último acto de endiosamiento de un señor que cree haber encontrado el santo grial de los viajes espaciales. El último movimiento de un millonario excéntrico y ególatra que se cree salvador del pueblo.

Dejando a un lado mi clara animadversión por el personaje, su promesa de crear una plataforma de código abierto y compatible con criptomonedas que se adhiera al principio de que “la libertad de expresión es esencial para una democracia efectiva” no se sostiene, esencialmente porque tiene una concepción de libertad de expresión equivocada.

Pero parece que a Musk no le importa demasiado que puedan encontrar una excusa más para compararlo con Donald Trump, que el pasado mes de octubre anunció la creación de TRUTH Social, su propia red social con la que “hacer frente a la tiranía de los gigantes tecnológicos”.

Y hasta aquí hemos llegado: Elon Musk usando su libertad de expresión en Twitter para criticar que Twitter no respeta la libertad de expresión y que por eso creará una red social parecida a Twitter pero que en ella sí se respetará la libertad de expresión. ¡Uf!

¿Cómo sería la red social de Elon Musk?

Empecemos por el principio. El pasado 24 de marzo, el CEO de Tesla utilizó Twitter para expresar su preocupación por la naturaleza del algoritmo de esta red social, cuyo “evidente sesgo” tiene un “efecto importante en el discurso público”.

Eso le llevó, menos de 20 minutos después, a publicar una primera encuesta con la que quería saber cuántos de sus seguidores estaban de acuerdo con la siguiente afirmación: “El algoritmo de Twitter debería ser de código abierto”. Nos daba la primera pista de cómo sería esa posible nueva red social. El resultado: 82,7 % de los votantes estaban de acuerdo.

Luego vino la segunda encuesta, y una advertencia.

“La libertad de expresión es esencial en una democracia efectiva”, aseguraba Musk antes de preguntarles a sus seguidores si creían que “Twitter se adhiere rigurosamente a este principio”. Los tuiteros participantes volvieron a tenerlo claro: no.

Una respuesta negativa era todo lo que Musk necesitaba para llevar a cabo esas consecuencias de las que advertía cuando publicó la segunda encuesta. Pero por si su naturaleza megalómana y de empresario empedernido no fuera poco, tuvo la deferencia de preguntarle primero a la comunidad tuitera.

El magnate surafricano ya había dejado entrever que esta imaginaria red social tendría que tener un código libre y respetar los principios de la libertad de expresión, pero fue el intercambio con otro tuitero el que terminó por confirmarlo.

“¿Te plantearías crear una nueva red social, @elonmusk? Una que use un algoritmo de código abierto, donde la libertad de expresión y adherirse a la libertad de expresión sea prioridad, donde la propaganda sea mínima”, le preguntaban.

“Me lo estoy pensando seriamente”, contestó.

Y con eso también se confirmaba que la red social de Elon Musk podría estar realmente en camino.

Musk también contestó con el emoticono del “100” a la sugerencia de otro tuitero de que la nueva plataforma debería incluir la posibilidad de dar propinas usando Dogecoin, y más tarde le dio “me gusta” a una publicación que pedía la verificación de los usuarios.

¿Pero qué entiende Elon Musk por libertad de expresión?

Como hemos dicho, la idea de crear una red social que respete la libertad de expresión nació después de que Musk denunciara el efecto que el algoritmo de Twitter tiene a la hora de conducir la opinión pública. Hasta aquí, podríamos estar de acuerdo, pues es de sobra conocido el papel que han tenido las redes sociales en, por ejemplo, el resultado de pasadas elecciones o la divulgación de teorías conspiratorias y fake news.

En otra conversación, el fundador de SpaceX se las daba de Voltaire y parafraseaba su famosa cita (aunque hay quien dice que no la llegó a decir nunca) asegurándole a un tuitero que “no estoy de acuerdo contigo, pero estoy todavía menos de acuerdo en eliminar [lo que publiques]”. He aquí su supuesta definición de libertad de expresión.

Y digo supuesta porque está llena de matices. Su concepto de libertad de expresión está peligrosamente demasiado cerca de esos que la invocan cuando quieren insultar, vejar, humillar a alguien, violando así su derecho al honor y a la intimidad.

Le parecerá bien, por ejemplo, cuando su ejército de seguidores profiere insultos y se burla de todo aquel que ose cuestionar a su ídolo. Y, aún más, claro, cuando él mismo reinterpreta la Primera Enmienda para supuestamente silenciar al inversor apodado Montana Skpetic, que desactivó su cuenta de Twitter y dejó de escribir sobre Tesla después de que Musk amenazara con denunciarle.

Así, parece modificar esa definición cuando le conviene. No le debió parecer la libertad de expresión adecuada cuando John Bernal, entonces empleado de Tesla, publicó un vídeo en YouTube criticando el sistema Full Self Driving Beta de la compañía.

Bernal fue despedido.

Decir lo que uno piensa en todo momento sin entender que, a veces, eso está limitado por otros derechos e incluso el sentido común le ha traído a Musk más de un problema.

En abril de 2019, la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos (SEC) conseguía limitar el uso que Musk hacía de Twitter a la hora de comunicar informaciones sobre Tesla, después de que su publicación que aseguraba que se estaba planteando privatizar la empresa desencadenara el caos y perjudicara a los inversores.

Pero claro, la libertad de expresión sin límites va por delante.

Fracaso asegurado

Pero lo que me lleva a escribir este artículo es que esa red social que propone parece inviable.

En primer lugar, y hablando puramente a nivel comercial, será difícil reinventar con éxito algo que ya existe y tiene más de 200 millones de usuarios. Sí, estamos hablando de Twitter. No hay una demanda real para la plataforma que quiere crear Musk y está condenada al fracaso.

Cogemos de ejemplo a Parler, que también quería alzarse como la red social que acogiera a los censurados por Twitter y Facebook pero que, inevitablemente, ha tenido que moderar el contenido para evitar el chantaje, el apoyo al terrorismo o la promoción de la marihuana.

Y eso es precisamente lo que creo que va a pasar si la red social de Elon Musk llega finalmente a la luz. Deberá crear unos términos y condiciones de uso que difícilmente vayan en contra de la Comisión Federal de Comisiones o la Corte Suprema de los Estados Unidos. Pero, me pregunto, ¿no se limitaría así la libertad de expresión de sus usuarios?

Además, también le veo muchos puntos débiles al proceso de verificación para usar la versión de Twitter que creará Musk. Es demasiado temprano para saber en qué consistirá, pero la cuestión está sobre la mesa: ¿deberían los usuarios de redes sociales usar un documento de identidad para verificarse y así evitar la creación de bots?

Entiendo los argumentos de aquellos que dicen que sí y también la preocupación por la creciente presencia de cuentas que solo propagan odio. Aunque eso ya sería entrar en otro debate, me preocupan las minorías que usan un pseudónimo en Internet como modo de protección y que verían reducido el espacio donde pueden hacer uso de su libertad de expresión.

Y es que yo soy defensora acérrima de la libertad de expresión. Pero no la de Elon Musk, sino la que la utiliza con respeto y para defenderse de las injusticias. De las voces que se alzan pacíficamente, contra la opresión y sin invadir los derechos de otros.