¿Has pensado alguna vez qué podrías hacer con 44.000 millones de dólares? Sí, voy a ser esa persona que aproveche la situación para decir que, con todo este dinero, Elon Musk podría haber sacado a 42 millones de personas del borde de la inanición hasta seis veces, o contribuir en la lucha contra el cambio climático.

Pero no, el hombre más rico del mundo (o como mínimo, públicamente) ha decidido invertir el 16 % de su fortuna en la compra de Twitter. El pasado 14 de abril, Musk les hacía llegar su oferta y finalmente los accionistas han aceptado: 54,20 dólares por acción o, lo que es lo mismo, casi 44.000 millones de dólares.

Los que hayan seguido los últimos movimientos del excéntrico multimillonario no se habrán sorprendido. Hace apenas un mes, publicaba su intención de crear una red social alternativa. Una semana después, compraba el 9,2 % de las acciones de Twitter y se ganaba un puesto en la junta directiva, al que renunciaría días más tarde.

He de reconocer que no me entusiasmó mucho la idea de tener una versión de Twitter "à la Elon Musk" y, por qué engañarnos, mucho menos que la que es mi red social de referencia para estar al tanto de la actualidad esté ahora liderada por un personaje con ínfulas de Dios que siempre consigue lo que quiere.

Dicho esto, vamos a imaginarnos cómo será el nuevo Twitter con Elon Musk al mando.

1. Oasis de una libertad de expresión mal entendida

Nadie cree que Twitter sea la expresión más pura de la libertad de expresión, valga la redundancia. Solo falta pasar una mañana en la plataforma para darse cuenta de todos los mensajes llenos de odio, insultos y comentarios dañinos que circulan por ella sin castigo ni sanción.

La red social tiene una política para frenar las conductas de incitación al odio. Funcionó, por ejemplo, cuando le suspendieron la cuenta a Donald Trump al considerar que el expresidente estadounidense había usado su cuenta para animar a sus seguidores a asaltar el Capitolio.

Pero esas mismas reglas no siempre funcionan bien. Los usuarios más astutos ya han encontrado la manera de evitar la censura cambiando algunas letras de palabras clave por símbolos parecidos -"d3ad" en vez de "dead" ("muerto/a" en inglés) o "k1ll" en vez de "kill" ("matar").

Pero tampoco funciona a la perfección en el otro extremo, y es que en ocasiones Twitter también decide censurar, aunque sea momentáneamente, expresiones artísticas y de otro tipo que no violan ningún tipo de derecho humano. Fue el caso de una ilustración de Anabel Lorente, en la que contaba varias situaciones de acoso que sufrimos las mujeres y donde aparecía un pene.

Cierto, esto último seguramente no pasaría en el Twitter que promete Elon Musk, pero tampoco esos escenarios en los que las políticas de conducta sí cumplen con su objetivo. La famosa plataforma pasará a dar aún más libertad a los mensajes de odio, a las amenazas de muerte, a la opresión de las minorías.

"La libertad de expresión es la base de una democracia que funciona, y Twitter es la plaza digital donde se debaten asuntos vitales para el futuro de la humanidad", ha dicho Musk al hacerse pública la adquisición.

"Dado que Twitter funciona como una plaza pública de facto, no respetar los principios de la libertad de expresión socava fundamentalmente la democracia", ya había afirmado a finales de marzo en su perfil antes de preguntarle a su público si era necesario crear una nueva plataforma.

Pero el problema, como siempre, es esa libertad de expresión mal entendida. El profesor y analista Robert Reich alerta del peligro de que los más ricos posean los medios de comunicación, como cuando Jeff Bezos compró el Washington Post o ahora que Musk se ha hecho con la propiedad de Twitter.

Nada nuevo, claro. Los oligarcas siempre han tenido cierta predilección por los medios de comunicación para poder proteger sus intereses y su propia libertad. Reich nos advierte: "Lo que en realidad buscan es liberarse de responsabilidad. Quieren utilizar sus enormes fortunas para hacer lo que les plazca, sin que las leyes o las normas, los accionistas o incluso los consumidores les impongan restricciones".

En el pasado, Elon Musk ha criticado el algoritmo usado por Twitter por, según él, favorecer el discurso de la izquierda. Pero quizás tendríamos que empezar a temer que el multimillonario vaya a usarlo ahora a su favor, para alterar el discurso público en su propio beneficio.

Y, aunque haya negado que volvería si se lo ofrecieran, la llegada al trono de Musk podría suponer la reactivación de la cuenta suspendida de Trump y de todas esas personas que, con motivo de peso o no, han visto cancelado su perfil en los últimos años.

2. Autenticación: una arma de doble filo

Para "hacer Twitter mejor", el emprendedor sudafricano también ha prometido "derrotar a los bots de spam y autentificar a todos los humanos".

Los bots son un serio problema en todas las plataformas sociales. Estas cuentas falsas están programadas para imitar las interacciones que los perfiles humanos realizan en Twitter, como seguir a otros usuarios, dar 'Me gusta' o comentar otras publicaciones.

En gran parte, los bots son responsables de ese ambiente tóxico y hostil que, por mala suerte, encontramos en todas las redes sociales. Contribuyen al discurso del odio y a la propagación de fake news, y es una buena idea que Musk los tenga entre sus prioridades.

En su entrevista para TED previa a la adquisición, el CEO de Tesla avanzó cómo los iba a combatir.

"Twitter puede resolver el problema de los estafadores y los bots si permite que los humanos reales sean verificados con un visto naranja pagando un único depósito de seguridad", afirmó añadiendo que los spams perderían ese depósito y que también limitaría los comentarios y los mensajes directos de las cuentas verificadas.

De ese modo, la plataforma haría negocio con las cuentas falsas, pero está por ver si así conseguiría eliminarlas para siempre. Tampoco ha avanzado cuánto dinero habría que depositar al crear el perfil de Twitter, pero debería ser una cantidad suficiente como para espantar a los bots.

Ahora bien, este depósito seguramente no tendrá en cuenta las diversas realidades socioeconómicas de los usuarios y usuarias de Twitter. Y, oh qué sorpresa, podría terminar por beneficiar solo a los más privilegiados, para los que los 5, 20, 50 dólares de depósito no supongan nada.

También estará al alcance solo de aquellos que tengan una cuenta bancaria que, a su vez, deberá estar asociada a un nombre y apellido real. Esto le pondrá las cosas más complicadas a aquellos que utilizan un pseudónimo en redes para protegerse.

Pasarían a la historia esas cuentas anónimas que a principios de los años 2010 nos retransmitieron la Primavera Árabe en directo, esos usuarios que han denunciado los crímenes cometidos en Corea del Norte, esas personas del colectivo LGBTQIA+ que prefieren esconderse tras un alias por miedo a represalias.

Claro que Musk podría optar ofrecer la posibilidad de pagar en criptomonedas. De nuevo, algo que no está al alcance de todos.

3. La promesa de ensueño del código abierto

El nuevo Twitter pasará a tener código abierto. Este ha sido el sueño de Elon Musk desde hace tiempo. Fantaseó con la idea cuando se planteó crear una nueva red social por primera vez. Y ya ha avanzado que quiere que su Twitter lo use ahora que lo ha comprado.

Según el magnate, hacer que el algoritmo sea de código abierto produciría una mayor confianza. No puedo dejar de asociar esta "mayor confianza" a esa crítica al algoritmo a la que antes hacía referencia, que él cree que está diseñado para favorecer a la izquierda política.

Pero más allá de si usaría esa clase de código fuente a su favor o no (me cuesta imaginar que no sea así), sobre papel, este Twitter renovado debería favorecer la colaboración, abierta no solo a los desarrolladores que trabajan para la compañía.

Eso le daría un mayor poder a los usuarios del que tienen ahora, pero a su vez eso puede no ser siempre una buena idea. Eso sí, hacer público ese algoritmo presentaría la empresa con mayor transparencia y le daría ventaja a las cuentas que supieran analizarlo a su favor para ganar más presencia y engagement.

No son pocos los expertos que han apuntado los beneficios de usar algoritmos opacos. No se utilizan tanto para favorecer el shadow banning ("baneo en la sombra" o "supresión disimulada"), sino más bien para combatir los usuarios con mala fe y las cuentas spam de las que Musk tanto se queja.

4. Nuevas funciones: aquí y ahora

Nadie puede negar que Elon Musk es un ávido tuitero. Parece estar al tanto de los temas que más preocupan a los usuarios, especialmente aquellos relacionados con mejorar la plataforma y con los que él mismo está de acuerdo (¡qué obviedad!).

No hace falta tirar mucho de hemeroteca para ver un claro ejemplo. Durante años, los tuiteros han pedido a la plataforma que añadiera una función para editar los mensajes. El pasado 4 de abril, Musk publicaba la siguiente encuesta en su perfil:

Horas después, Twitter anunciaba que ya estaban trabajando en un botón para editar, aunque "no habían sacado la idea de ninguna encuesta". Sea como fuere, no puedo discutir la efectividad del nuevo propietario de Twitter, incluso antes de convertirse en el jefe.

Musk también se ha puesto como objetivo mejorar Twitter "optimizando el producto con nuevas funciones". No sabemos qué otras funciones tiene en mente el multimillonario, pero puede que sea el momento de comunicarle tus ideas para ver si las pone en marcha tan rápidamente.

He aquí mis propuestas:

  • Poder mencionar a otra cuenta al principio del tuit y que aparezca en la cronología de todos tus seguidores, no solo los que siguen tanto la tuya como la cuenta mencionada
  • Poder incluir hipervínculos en palabras concretas de un tuit, y no tener que incluir el enlace al final del mensaje
  • Tener una forma más fácil de comprobar que la persona que mencionas en un tuit es la persona correcta sin tener que comprobarlo manualmente en otra pestaña
  • Hacer que Twitter Analytics esté incluido en la app principal

5. Renovación interna

Y terminamos con uno de los cambios internos de mayor impacto que podría llegar ahora que Musk se ha hecho con Twitter. Rumman Chowdhury, Directora de Ética, Transparencia y Responsabilidad del Aprendizaje Automático (META) de la compañía, bromeaba (o no) al respecto.

Una de tantas empleadas de Twitter que preveía lo que podía pasar si Musk tomaba el mando: el éxodo masivo de la plantilla. No es extraño imaginar que la forma de operar de los trabajadores actuales choque, como mínimo, con alguien que ha criticado el funcionamiento de la plataforma tan abiertamente.

El acuerdo de compra no debería finalizarse hasta dentro de unos seis meses aproximadamente, pero los nervios ya se han instalado en las oficinas de la empresa. Y en los canales de Slack (una plataforma de comunicación muy usada en las empresas), según cuentan en The Verge, donde los empleados no sonaban muy entusiasmados con la noticia.

Algunos empleados podrían revelarse ante esas diferencias de parecer, algo que el nuevo propietario de Twitter debería hacer frente siempre respetando la libertad de expresión, claro; nunca censurando la opinión de otros como ya se le ha acusado de hacer con otros trabajadores.