Teletrabajar tiene muchas ventajas. Por la mañana, podemos saltar de la cama al escritorio y empezar a trabajar todavía con legañas en los ojos. O incluso podemos hacerlo sin levantarnos y con el pijama puesto, sin pensar en qué ponernos para ir a la oficina.

Pero todo ello no son más que banalidades cuando delante nos ponen las últimas cifras de desigualdad, que sigue discriminando por género, etnia, razones socioeconómicas, nivel educativo y otros factores en España y el resto del mundo.

Nadie pensaba que estos problemas sistémicos iban a solucionarse de la noche a la mañana con la implementación del teletrabajo, pero poco se habla del papel que la nueva situación laboral tiene en perpetuar las diferencias.

Las mujeres, en casa

Quedarse en casa sigue siendo cosa de mujeres. La conciliación familiar, también.

En un recién informe sobre las repercusiones económicas del confinamiento, el Fondo Monetario Internacional alertaba de la desigualdad de género como uno de los efectos principales de la pandemia.

Coincidiendo con el cierre de las escuelas la pasada primavera, la movilidad de las mujeres cayó en un 2 %, lo que nos lleva a pensar que fueron ellas las que, con más frecuencia, se quedaron en casa para cuidar de sus hijos e hijas.

“La evidencia proporcionada, por lo tanto, apunta a un efecto desproporcionado de las medidas de bloqueo en las mujeres, lo que exige una política específica de intervención para apoyar a las mujeres y evitar efectos duraderos en sus oportunidades de empleo”, reza el informe.

El gobierno español intentó evitar esa perpetuación de los roles de género incluyendo, en la nueva Ley del Teletrabajo, medidas para fomentar “la corresponsabilidad entre mujeres y hombres”, como el derecho de adaptación a la jornada.

Pero no todo el mundo piensa que esta sea la solución definitiva. Cristina Antoñanzas, vicesecretaria de UGT, reconocía a elDiario.es que todavía hay mucho que hacer para evitar que la brecha en puestos de responsabilidad se agrande aún más.

Según la Encuesta de Población Activa, en el segundo trimestre de 2020, el 21 % de las trabajadoras se quedaron en casa, mientras que en el caso de los hombres solo fue en un 14 %. Un informe del IESE dice, por otro lado, que ellas tuvieron hasta un 29 % más de responsabilidad de cuidar de dependientes que ellos.

El teletrabajo puede convertirse una trampa para aquellos o aquellas que se quedan en casa, pues no puede ser visto como una forma de conciliación para cuidar de menores. Y por ahora, parece que las que más atrapadas están en esa trampa son ellas.

Las reuniones por videollamada, lideradas por los hombres

Con el primer estado de alarma, todos tuvimos que habituarnos a hablar con amigos, amigas, familiares y compañeros y compañeras de trabajo a través de la pantalla del ordenador. Zoom y Microsoft Teams fueron los grandes ganadores.

En cambio, y según un estudio del Foro Económico Mundial y la ONG Catalyst, las grandes perjudicadas han sido ellas, las mujeres, que siguen sintiéndose poco valoradas en las reuniones, ahora virtuales y todavía lideradas por los hombres.

En concreto, según dicho informe, un 21 % de mujeres encuestadas se han sentido subestimadas por sus compañeros en una videoconferencia, mientras que un 19 % directamente creen haber sido ignoradas.

Este trabajo también deja otras conclusiones interesantes, como que son especialmente las mujeres empresarias las que consideran que sus niveles de estrés en el trabajo han aumentado con la pandemia, o que sean los empleados los más reticentes a pensar que el teletrabajo ha hecho que su lugar de trabajo sea más inclusivo.

Desigualdad en el teletrabajo

El teletrabajo, un privilegio de los ricos

El pasado mes de mayo, el Banco de España publicaba un informe en el que también se alertaba de que la desigualdad podría aumentar debido al teletrabajo, aunque en este caso se ponía mayor énfasis en las diferencias salariales y territoriales.

Para empezar, la posibilidad de teletrabajar está más presente en la Comunidad de Madrid, el País Vasco y Cataluña, las tres regiones más ricas en las que se disfruta de un salario medio más alto (2.264 €, 2.241 € y 2.067 € al mes respectivamente según datos de 2018).

Esa característica discriminatoria del teletrabajo también la encontramos al analizar qué tipo de trabajo puede considerarse más “teletrabajable”, y las estadísticas apuntan a aquellos con mejores salarios: indefinidos, con mayor experiencia y de mayor cualificación.

“Según el nivel educativo, existe una diferencia importante entre los trabajadores con grado universitario o superior y los demás colectivos, ya que la representatividad del primer grupo en el total de aquellos que trabajan en remoto es de más del doble que en el total de ocupados que nunca trabajan desde casa”, afirma el estudio.

Con el avance de la pandemia, ha quedado aún más definida la brecha entre pobres y ricos. Los efectos económicos del coronavirus han pasado más factura a aquellos con bajos ingresos y empleos precarios y, como dice el FMI, la desigualdad de ingresos seguirá creciendo.

Según la nueva Ley del Teletrabajo, el Gobierno quiere que las empresas corren con los gastos adicionales que sus empleados tienen ahora que trabajan desde casa, pero está por ver si realmente se hacen cargo del wifi, la energía, el ordenador o los suministros de oficina.

Más racistas que nunca

Otro colectivo que notará especialmente las consecuencias de la pandemia será el de las personas no blancas.

“[Los lugares de trabajo] tienen un papel clave en hacer que las personas estén más unidas. Cambiar los patrones de trabajo y vida como resultado del coronavirus podría requerir que los responsables de hacer las políticas piensen nuevas formas de hacerlo a nivel local, regional y nacional”, dice un reciente estudio del Woolf Institute.

En él, se analiza la diversidad social en Inglaterra y Gales, pero sus conclusiones pueden resultar interesantes para cualquier país. Los lugares de trabajo, asegura el informe, son esenciales para la integración y para romper estereotipos.

Sin la posibilidad de socializar con personas de otras etnias, culturas y religiones, nos volvemos más intolerantes con lo “diferente” y, como se afirma en el estudio, lo que termina determinando tus prejuicios son el grupo de personas con los que te relacionas, y no al revés.

¿Dónde quedan los derechos del trabajador?

Una de las grandes problemáticas del teletrabajo es saber establecer límites. Aunque los empresarios tengan tendencia a pensar que se trabaja menos desde casa, lo cierto es que muchos trabajadores y trabajadoras dedican más horas al trabajo si no van a la oficina.

Pese a hacerlo remotamente, “los trabajadores a distancia tienen derecho a una adecuada protección en materia de seguridad y salud”, afirma la Ley del Estatuto de los Trabajadores.

Como recoge un informe de la FSC-CCOO, el Instituto Nacional de la Seguridad aconseja la creación de un documento en el que se establezcan los parámetros en los que se realizará ese teletrabajo: condiciones laborales, horario, método de trabajo, formación…

En esta situación de pandemia y teletrabajo, se hace imprescindible también cuidar de nuestra salud mental para saber gestionar tanto el cambio de rutinas y la ansiedad que pueda derivar de él, como las desigualdades que siguen perpetuándose.