La filtración de documentos sobre operaciones militares estadounidenses en Afganistán fue la mecha que encendió un polvorín que está salpicando a países de todo el mundo. Internet es el campo de batalla en el que se está librando esta guerra y en el que ya se están formando guerrillas de apoyo a la libertad de información. Los ataques DoS son la punta de lanza de este conflicto que está lejos de firmar un armisticio.

WikiLeaks empezó a dar que hablar hace meses, cuando en junio de 2009 publicó un informe que una web del gobierno estadounidense había divulgado “por accidente”. Se trataba de un documento de 267 páginas con una lista de los emplazamientos de las instalaciones nucleares civiles del país y una descripción de sus activos y actividades. Días después de retirarlo, el informe aún podía leerse en wikileaks.org.

El informe contenía información detallada de cientos de instalaciones nucleares civiles del país, incluyendo aquellas que almacenan uranio enriquecido. También proporcionaba detalles de programas con armas nucleares en laboratorios de investigación.

Pero eso fue sólo el comienzo de una historia cuyo segundo capítulo tuvo a la guerra de Afganistán como centro informativo aunque, al cierre de esta edición, está lejos de haber escrito su final.

Filtraciones a todos los niveles

Pero quizá el punto de inflexión de toda esta historia lo haya puesto la publicación online de más de 90.000 documentos sobre operaciones militares en Afganistán que ofrecen una profunda y comprometedora visión del conflicto entre 2004 y finales de 2009 y que puso de relieve el fallo de Estados Unidos a la hora de controlar sus datos clasificados de las amenazas internas.

Así, estas filtraciones sobre la guerra de Afganistán sólo fueron el comienzo de las revelaciones de WikiLeaks, que también ha publicado cables que afectan al cuerpo diplomático estadounidense en varios países, entre ellos, España. De hecho, poco después de que diera a conocer los documentos sobre la guerra de Afganistán, Estados Unidos avisó a Reino Unido, Australia, Canadá, Dinamarca, Noruega e Israel de la posible publicación de nuevos documentos confidenciales que pondrían en peligro las relaciones intergubernamentales.

Entre otras cosas, nuevas filtraciones implicaron al gobierno chino en los ataques de 2009 contra Google. La embajada de Estados Unidos en Pekín fue informada de que el Buró Político de China “dirigió la intrusión en los sistemas de Google”, según publicó New York Times, que cita como origen de la información un telegrama del Departamento de Estado. “El ataque contra Google fue parte de una campaña coordinada de sabotaje informático llevado a cabo por operarios gubernamentales, expertos en seguridad y delincuentes reclutados por el gobierno chino”. De hecho, mantienen que este grupo ha hackeado desde 2002 los ordenadores del gobierno estadounidense y de algunos de sus aliados en Occidente, así como de organizaciones privadas de Estados Unidos y los sistemas del Dalai Lama.

Esta filtración representa una evidencia más de la implicación de China en el ataque contra Google, una implicación que tanto el gigante de Internet como el Departamento de Estado habían sospechado desde el principio.

Google fue una de las más de 30 organizaciones tomadas como blanco de una campaña de ataques, conocida como Aurora. La compañía ha dicho que el principal objetivo de los hackers era acceder a las cuentas en Gmail de activistas defensores de los derechos humanos, algo que, aparentemente, no habían conseguido.

Pero no sólo los gobiernos de todo el mundo están a la expectativa respecto a WikiLeaks, grandes empresas, bancos y organizaciones internacionales también podrían verse salpicadas por estas filtraciones. Así, al cierre de esta edición, todo parecía indicar que el próximo objetivo de WikiLeaks podría ser un gran banco estadounidense. Desde la web han declarado que la publicación de información confidencial afectará a un gran banco estadounidense, comparando el alcance de las prácticas faltas de ética que revelará con el fraude de Enron.

Julian Assange, fundador del sitio WikiLeaks, ha dicho en una entrevista concedida a la revista Forbes, que el gran banco será objeto del mismo detallado escrutinio de que ha sido objeto el gobierno de Estados Unidos. Según Assange, el banco implicado ha violado las reglas de forma “flagrante” y ha tenido un comportamiento completamente falto de ética. De momento, el fundador de WikiLeaks no ha querido dar pista alguna sobre el nombre de la entidad.

En cualquier caso, Assange matiza que todavía sería prematuro valorar si las actividades demostradas en las filtraciones sobre la entidad bancaria a que se refiere constituyen comportamiento criminal.

Además, Assange ha adelantado que también la industria tecnológica será sometida a examen por WikiLeaks. “Tenemos algún material sobre el espionaje de la industria tecnológica por un importante gobierno. Se trata de espionaje industrial”.

A favor y en contra

Lo cierto es que en Internet se ha vivido una revolución con WikiLeaks, sus representantes y su “causa”. Por un lado están los que apoyan la web, que, por los efectos que están causando, parecen los más activos, si no los más numerosos. Y, por otro, los que están sufriendo las consecuencias de todo esto.

En el primer grupo se encuentra Internet Society, que considera ilegales los ataques contra WikiLeaks. Y es que, desde este grupo sin ánimo de lucro dedicado a luchar en favor del uso abierto de la Red, los intentos de desmontar WikiLeaks son contrarios a los principios de Internet y los autores de tales tentativas deben ser identificados y perseguidos.

De hecho, ISOC reconoce que la publicación de cables diplomáticos por WikiLeaks puede generar preocupaciones en las partes implicadas, pero subraya que intentar impedir el funcionamiento de su web es ilegal. Por ello, han declarado que, “a menos que se aporten leyes que justifiquen desactivar el dominio wikileaks.org de forma legal, deben buscarse soluciones técnicas para restablecer su presencia y se deben tomar las acciones necesarias para perseguir y procesar a las entidades (si existen) que hayan actuado para impedir el acceso a él”.

Con esto, se posiciona frente a los ataques de denegación de servicio (DoS) sufridos por WikiLeaks y a los que, a su vez, los defensores de ésta han respondido lanzando sus propios ataques contra organizaciones que se han negado a prestarle sus servicios, como Visa, Mastercard o Amazon.com.

“Internet Society defiende los principios esenciales de libre expresión y no discriminación, fundamentales para la utilidad y apertura de Internet”, continúa ISOC. “Creemos que el incidente contra WikiLeaks ilustra claramente que tales principios están en peligro actualmente”.

Además, ISOC subraya que “la libre expresión no debe ser limitada por los controles gubernamentales ni privados sobre hardware o software informático, infraestructuras de telecomunicaciones u otros componentes esenciales de Internet”.

Pero lo cierto es que, a pesar de los ataques contra su sitio, WikiLeaks ha conseguido continuar publicando documentos secretos en la Red gracias a la ayuda de múltiples sitios espejo que han ido creando voluntarios de