En el informe de Júpiter MMXI se refleja que los sitios de intercambio ilegal de música han incrementado el número de visitantes únicos desde 10,7 a 11,3 millones en Europa Occidental, mientras que los sitios de descarga legal de música como MP3.com, Peoplesound.com y Vitaminic.com han visto como su número de usuarios únicos descendía desde los 2,5 millones registrados a principios de año hasta los 2 millones escasos en marzo de 2002.

No debe ser sencillo buscar medidas para combatir la piratería musical. La industria del disco es consciente de que es absurdo tomar medidas contra un colectivo de usuarios cuyo 53% está compuesto por menores de 25 años. Según los responsables del informe, quizá los internautas comprendidos en esta franja de edad no sean los que mayor cantidad de CD compran, pero sí están creando el habito de descargarse música gratuitamente de la Red.

Así, las discográficas se encuentran inmersas en una cruzada que pretende convencer a la gente de que pague por bajarse música en la red, prometiendo mejores servicios, y mejor calidad de sonido. Sin embargo, la industria del disco no ha sido capaz de explicar porque los usuarios deben pagar tan elevadas cantidades por los CD que compran, ni tampoco ofrece alternativas eficientes. Hoy por hoy, portales como MusicNet y Pressplay no resultan apetecibles ni por su catálogo (limitado a las compañías que integran ambas plataformas) ni por los valores añadidos que incorporan. Como señala Mark Mulligan, autor del informe, “los servicios de pago seguirán siendo nichos de mercado mientras no existan contenidos más comprensibles que hagan que las alternativas ilegales sean menos atractivas para los consumidores.

La segunda de las opciones de las discográficas, recurrir a los tribunales, resultó efectiva en el caso Napster, que no se ha visto capaz de remontar el vuelo desde entonces. Sin embargo, la publicitada batalla judicial ha acabado creando a los ojos de los usuarios una mala imagen de los sellos discográficos. En cualquier caso, el problema de la piratería online ya está causando sus primeras bajas en la industria del disco. La distribuidora Edel ha desaparecido, mientras que Virgin se ha visto obligada a reestructurar sellos como Chewaka.

La batalla contra la piratería online se ha extendido a las radios por Internet. La RIAA ha solicitado a los tribunales que las emisoras en Red estadounidense paguen 14 centavos de dólar por canción y oyente, cantidad que probablemente conduzca a la mayoría de las emisoras online a la ruina o al cierre.