Las impresoras láser color se han impuesto como la mejor solución para todo tipo de empresas, relegando a otras tecnologías al ámbito doméstico o a soluciones muy especializadas.

Primero fueron las láser monocromo, que hicieron desaparecer del mercado a las impresoras de inyección de tinta de un solo color. Poco después, la tecnología láser llegaba al mundo del color, y amenazaba con hacer lo mismo. En la actualidad, las láser son las impresoras más utilizadas. En el mundo empresarial sólo queda algún reducto en el que se siguen empleando máquinas de impacto (cuando el papel autocopiativo es imprescindible), de sublimación (para conseguir calidad fotográfica con tono continuo) y en pocos casos de inyección (básicamente en impresoras de uso personal ubicadas en despachos de directores o para impresión de gran formato), a pesar de que estas últimas también han evolucionado para intentar competir con las láser en los terrenos en las que tradicionalmente las han superado: velocidad, y coste por página.

Principio básico

Una impresora láser se basa en un haz de luz láser que dibuja la página en la unidad fotoconductora (OPC) para después transferirla al papel mediante electricidad estática. Pero mejor sigamos la pista a la información desde que llega del ordenador.

El trabajo va llegando a la impresora, donde se procesa y va formando un mapa de bits de la página que almacena en su memoria. En realidad existen cuatro mapas de bits, uno por cada uno de los colores que se utilizan (negro, cian, magenta y amarillo) que quedan en la memoria hasta que se imprimen todas las copias de la página procesada. En este momento se pone en marcha la maquinaria que transferirá al papel la información de la memoria.

Principalmente, existen dos maneras de procesar la información, mediante emulación PCL o mediante emulación PostScript (PS). Con la primera es el ordenador el que se encarga de traducir el documento original de Word, Ilustrator o cualquier otra aplicación en información que la impresora sea capaz de entender. La ventaja es que la información llega a la impresora ya procesada y no la ocupa tiempo, pero ese tiempo se ocupa en el ordenador, que tardará más en quedar disponible. Además, cuanto más lento sea el ordenador mas despacio imprimiremos.

Con la emulación PostScript la información se manda en bruto a la impresora, que es quien se encarga de interpretarla y generar el mapa de bits. Cuando se trata de un archivo complejo o muy pesado, la impresora permanecerá ocupada, pero se habrá liberado al PC para otras tareas.

En cualquiera de los dos casos, cuanto mayor resolución usemos para imprimir, mayor será la carga de trabajo, pues el mapa de bits que hay que generar aumenta. Esto está muy relacionado con la memoria, pues mientras que las impresoras matriciales trabajan por caracteres y las de inyección por líneas, las láser lo hacen por páginas; es decir, necesitan almacenar en memoria el mapa de bits de una página completa para poder imprimirla. Si contiene mucha información a mucha resolución necesitaremos mucha memoria, pues de lo contrario no se podrá imprimir.

Una vez que se ha generado el mapa de bits empieza el trabajo del motor de impresión. De manera tradicional, la transferencia es un procedimiento de cuatro pasos. En cada uno de ellos, se añade un color a la imagen completa de la página que se elabora en el tambor de la impresora. Normalmente, la transferencia de colores se hace comenzando por el negro, siguiendo con cian y magenta para finalizar con el amarillo. En cada uno de estos pasos se repite una misma rutina:

1. La cinta fotosensible pasa por un dispositivo que le aplica una carga electrostática negativa, de forma que queda preparada para atraer el tóner.

2. La cinta pasa por la zona donde el rayo láser la va barriendo línea a línea. Este rayo láser es modulado de acuerdo con el mapa de bits que se almacena en la memoria, de forma que en aquellas zonas que son iluminadas la carga cambia de signo.

3. La cinta pasa por el cartucho de tóner correspondiente atrayendo este polvo que está cargado negativamente, formando la imagen del color actual. En el cartucho de tóner, un rodillo se encarga de sacar el tóner finamente esparcido sobre su superficie. En cada vuelta, el cartucho que corresponde es desplazado hasta que el rodillo casi entra en contacto con la cinta fotosensible.

4. La cinta pasa frente a un tambor (tambor de transferencia) con una carga electrostática negativa, con lo que el tóner salta de la primera al segundo. Allí la imagen permanece hasta el momento de pasar al papel.

Estos cuatro pasos se repiten cuatro veces, hasta que la imagen en cuatricromía queda perfectamente formada. En este momento, se carga una hoja de papel que pasa por un rodillo que le transfiere una nueva carga electrostática capaz de arrancar la imagen del tambor. Con todo el tóner sobre ella, la página pasa por una unidad (fusor) en la que el tóner se funde a temperaturas del orden de 200°C quedando perfectamente impregnado en el papel. Este fusor consiste en un rodillo de goma (normalmente de color ladrillo) que está impregnado de un líquido oleaginoso cuyo fin es evitar desprendimientos de tóner.

Impresoras en línea

A partir de este esquema básico cada fabricante realiza sus propios diseños y optimizaciones. Uno de los mayores avances lo han supuesto las impresoras “en línea”, que introdujo Xerox con su modelo Phaser 7700. Básicamente, se trata de colocar los cuatro tóner alineados a lo largo de la máquina, y una cinta de transferencia que los recorre de punta a punta. En lugar de una unidad fotoconductora, hay cuatro, como también se multiplican los láser. Los cuatro haces de luz se dirigen a un espejo que los envía a recorrer sus respectivos fotoconductores. Una vez aplicada la carga, cada OPC se impregna con su respectivo color, por el mismo principio que ya hemos explicado. Por último, el tóner se adhiere de una sola vez en el papel.

De este modo se consigue reducir el tiempo, de impresión a la cuarta parte, pues la transferencia de los cuatro colores deja de hacerse de forma secuencial para suceder simultáneamente. Gracias a ello, estas impresoras consiguen la misma velocidad cuando imprimen en negro que cuando lo hacen en color. Por otra parte, el ajuste de los distintos colores es más sencillo, reduciendo los errores de registro y simplificando el mantenimiento.

Actualmente, todos los fabricantes están cambiando su tecnología para pasar a modelos en línea, que han demostrado ser más eficaces.

Láser LED

Las máquinas láser tradicionalmente han empleado un generador de un haz de luz coherente (láser) al que se le hacia barrer toda la superficie de impresión mediante un sistema de espejos giratorios. Con la evolución de los semiconductores surgió la tecnología LED de la mano de OKI, que sustituye este elemento por una o más hileras de diodos láser-LED del ancho de una página, consiguiendo el barrido de la superficie al desplazar el papel bajo ellos.

Una de las ventajas de la tecnología LED es que suprime el sistema de espejos y partes móviles, por lo que pueden hacerse diseños mucho más compactos y ligeros. Los diodos se colocan en hilera sobre el tambor y recorren toda su superficie cuando este gira. Cuanta mayor resolución tenga la impresora, más diodos hay que colocar en