Tímidamente, pero con paso decidido, a los discos duros les ha salido, en el terreno de los portátiles, una importante competencia. Los discos de estado sólido (SSD, de su denominación en inglés) están ganando en prestaciones y en popularidad. Sus ventajas les hacen idóneos para su uso en nuestros portátiles, aunque aún tienen que hacer frente a algunos inconvenientes, como el precio o el recelo que aún despiertan en ciertos usuarios.

Ya lo vaticinaba hace unos meses la consultora In-Stat, quien aseguraba que los discos duros pueden tener sus días contados en los portátiles, ya que las unidades sólidas basadas en Flash (SSD) cada vez están más consolidadas. De hecho, esta firma asegura que los SSD tienen el potencial de destronar a los discos duros como principal opción de almacenamiento en los ordenadores portátiles y en un plazo de unos 10 años. Por eso, In-Stat está convencida de que, en 2013, los SSD podrían alcanzar el 50 por ciento del mercado de los ordenadores portátiles.

Para hacer estos pronósticos, In-Stat se basa en un estudio llevado a cabo entre 389 usuarios de portátiles, quienes valoraron el uso de SSD en sus ordenadores. La consultora ha balanceado los beneficios percibidos con la rápida bajada de coste de los gigabytes en las memorias Flash, desarrollando así un modelo de previsión de demanda.

“La industria de los discos duros ha realizado un trabajo excepcional a la hora de desarrollar mayores capacidades. Sin embargo, está claro que hay segmentos de usuarios en los que estas posibilidades de almacenamiento no satisfacen las necesidades”, explica Frank Dickson, analista de In-Stat. “Cuando uno examina la bajada en el coste de las Flash, la necesidad de almacenamiento de los usuarios y cómo las Flash responden a lo que los consumidores demandan, parece fácil comprobar que se va a producir una clara demanda de SSD”.

Según los resultados de este estudio, dos terceras partes de los encuestados aseguran que no les importa pagar algo más de dinero por tener SSD en sus ordenadores portátiles y, de todos los beneficios enumerados, los ahorros energéticos son los citados como más importantes.

Lo cierto es que de un tiempo a esta parte, no han cesado de producirse anuncios de diferentes marcas que han estado lanzando al mercado diversas unidades de SSD. En estos momentos, las unidades de mayor rango ofrecen hasta 128 GB de memoria flash, aunque lo normal suelen ser 64 GB. Comparados con los casi 1 TB que se están ofreciendo en estos momentos en los discos duros tradicionales estas cantidades pueden “saber” a poco, pero ni las prestaciones ni las tecnologías en uno y otro caso pueden ser comparadas.

Puntos a favor

A grandes rasgos, podemos concluir que al integrar los módulos SSD podemos tener unos equipos más ligeros gracias a un menor tamaño y un peso más reducido. Además, tanto el arranque como el acceso a la información del equipo son más rápidos mientras que el consumo de energía es notablemente inferior, alargando así la duración de la vida útil de la batería. Por el contrario, se encuentran todavía en clara desventaja respecto al disco duro clásico tanto en precio como en capacidad de almacenamiento.

Además, el disco duro sigue siendo el dispositivo de almacenamiento más popular en el mundo PC y hay muchos usuarios que tienen “miedo” de cambiar esta pieza tan básica en su sistema de trabajo. Cabe recordar que los discos duros utilizan un sistema de grabación magnética digital, mediante unos platos metálicos apilados que giran a gran velocidad, sobre los que se sitúan unos cabezales encargados de leer o escribir los impulsos magnéticos. Estamos ante un soporte bastante fiable, con una buena velocidad y un precio asequible que, además, también ha visto cómo su capacidad ha ido aumentando con los años, alcanzando tamaños de hasta 250 GB de memoria, si bien lo normal es que ofrezcan entre 120 y 160 GB.

¿Desventajas de los discos duros? Que no son muy resistentes ante golpes y caídas por su naturaleza mecánica con muchos componentes móviles. De hecho, este problema es el “más importante en el mundo de los portátiles, ya que están más expuestos a golpes y caídas que los equipos de sobremesa”, según José Cebrián, responsable de portátiles en Dell España. En este sentido, cabe incidir en que los discos de estado sólido son unidades de almacenamiento no volátiles basadas en celdas de almacenamiento. Por lo tanto, no tiene partes mecánicas, ni cabezales, ni cilindros, ni platos. De esta forma, cambiar a un disco sólido SDD supone hacer desaparecer del portátil la última parte mecánica que existía en estos lo que, a su vez, conlleva suprimir las partes que mayor consumo y desgaste generaban en estos dispositivos. Y, además, esto supone que necesitan menos energía para trabajar (lo que redunda en una mayor duración de la batería) y una menor emisión de ruido.

Por tanto, estamos hablando de “elevar los niveles de fiabilidad y calidad de los equipos, reducir el peso, así como el ruido y el consumo energético, haciéndolos más ligeros y con mayor autonomía. También se consiguen mayores velocidades a la hora de escribir y leer en el SDD, lo que supone mayor productividad con los portátiles o arranques del sistema más rápidos, al eliminar el tiempo de latencia que tiene un disco duro”, defiende Ángel Medina, responsable de producto profesional en Toshiba España.

El lado oscuro

Pero no todo es un camino de rosas, entre otras razones porque, si no, sería evidente que los discos duros habrían sido ya sustituidos por los SSD.

Como señalábamos anteriormente, uno de los primeros inconvenientes a los que tiene que hacer frente la industria de los SSD es el precio, concretamente el que hay que pagar por cada giga de almacenamiento. Un coste muy superior al que, a día de hoy, se tiene que abonar cuando elegimos un disco duro. Y tampoco podemos obviar que su capacidad está todavía por debajo de los discos duros tradicionales. De hecho, aunque como hemos visto son muy populares las unidades de 64 GB, las de 32 siguen estando a la orden del día.

Pero, además, la duración de las celdas que componen el SSD se limita a un número determinado de lecturas y escrituras. Y, en caso de que falle una celda, recuperar la información será más difícil que cuando se estropea un disco duro. Esto también conlleva que la vida útil de los discos SSD es algo inferior que la de un disco duro tradicional.

No obstante, y como toda tecnología en auge, aún está desarrollándose, por lo que es muy probable que con el paso del tiempo algunos de estos inconvenientes vayan subsanándose. Es más, en opinión del responsable de producto de Lenovo, Eduardo Gutiérrez, la gran y quizá única desventaja de los SSD es que son más caros y que almacenan menos canti