Hoy en día, en países como España, a nadie se le niega acceso a una carrera universitaria por ser mujer. De hecho, hacerlo sería ilegal. Por eso, cuando hablamos de la dificultad que todavía siguen experimentando las mujeres para acceder al mundo de la ciencia o a la industria tecnológica, tenemos que dejar de pensar en esa negación consciente. No, nadie te niega el acceso, eres supuestamente “libre” de elegir lo que quieres ser, vivimos en el año 2021.

Sin embargo, los datos parecen decir lo contrario: las mujeres siguen teniendo menos presencia en las industrias tecnológicas o científicas. Y, aunque se ha avanzado mucho en los últimos años, todavía no hemos logrado la situación de igualdad que nos gustaría encontrar.

Si hay quien piensa que esa desiguldad en las cifras es algo “natural”, está negando también toda la herencia sexista del pasado: la tardía incorporación de la mujer al mundo laboral, la falta de referentes mujeres cuando estudiamos ciencia o tecnología en las aulas o la todavía presente estereotipación de roles de género siguen haciendo que las mujeres lo tengan más difícil a la hora de elegir una carrera de ciencias o tecnología.

Por eso, para entender la desigualdad de género en el mundo de la tecnología, tenemos que dejar de pensar en esa negación consciente para poder profundizar y entender cómo las estadísticas siguen mostrando la presencia de esa herencia sexista que seguimos arrastrando en 2021.

Las cifras hablan de sexismo

Las cifras hablan por sí solas: la desigualdad de género en el sector de la tecnología y de la ciencia es real.

Sin irnos muy lejos, empecemos echando un vistazo a esta misma web. Diaramente escribimos sobre productos de las marcas tecnológicas más importantes en la actualidad: Apple, Microsoft, Xiaomi, Samsung son algunos ejemplos.

La tecnología está presente en nuestras vidas, de hecho, seguramente estés leyendo este artículo con un smartphone marca Samsung o un portátil MacBook de Apple y escuchando música al mismo tiempo con unos auriculares Beats (por poner algunos ejemplos).

Puede que también te estén llegando notificaciones de Instagram, WhatsApp o Facebook ahora mismo.

Ahora bien, ¿te has parado a pensar alguna vez quién está detrás de todas esas marcas tecnológicas? Según la web de estadística Statista, las 20 empresas tecnológicas líderes en el mundo, en el año 2020, son las siguientes:

De las veinte empresas de tecnología más importantes de todo el mundo, solo dos mujeres asumen el cargo de directoras. Es el caso de Julie Sweet en Accenture y Safra Catz en Oracle desde el año 2019. El resto, todo hombres.

Cuando acudimos a ruedas de prensa o a eventos de lanzamientos de nuevos productos tecnológicos, estamos acostumbradas a ver a hombres subir al escenario a presentar esos productos. También hay mujeres en estos eventos, pero las vemos como azafatas repartiendo el agua al entrar o en la mesa de información de la marca que organiza la conferencia.

Si nos centramos en la representación de mujeres en el sector de la alta tecnología en la Unión Europea, está muy lejos de alcanzar el 50 %. El país que mayor presencia de mujeres tiene en este sector es Chipre, con un 36,59 %. Le siguen Croacia (31,91 %), Lituania (31,72 %) y Bulgaría (28,1 %).

España se sitúa en la octava posición con un 23,71 % de representación de mujeres en la industria de la alta tecnología, sin llegar a alcanzar ni siquiera una cuarta parte del total. Sin embargo, el hecho de que España se situe entre los diez primeros países con tan solo un 23,71 % es muestra de que todavía queda mucho por alcanzar esa igualdad tan necesaria.

Según un artículo publicado por El Mundo en 2019, menos del 30 % de investigadores en todo el mundo son mujeres. Y las cifras que demuestran la desigualdad siguen: solo un 25 % de las estudiantes matriculadas en grados de Ingeniería son mujeres, en Informática tan solo un 12 % y en Electricidad y Electrónica un 4,9 %.

Datos de la UNESCO reafirman que solo 3 de cada 10 profesionales en el ámbito de la investigación son mujeres. Muestran además preocupación por que las mujeres tengan igualdad de oportunidades en carreras STEM (ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas), para mejorar la seguridad económica de las mujeres, garantizar una fuerza de trabajo diversa y evitar los sesgos.

Las estadísiticas siguen hablando de desigualdad: el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que en el año 2018 los sectores de alta y media tecnología emplearon solo a un 7,2 % de personas, de las cuáles solo el 27,5 % fueron mujeres.

Echemos también un vistazo a los Premios Nobel de la Ciencia. Desde que se celebra esta entrega de premios en el año 1901, el Premio Nobel de Física se ha otorgado 114 veces a 215 candidatos, solo cuatro de ellos mujeres. Dos de ellas recibieron el premio en 2018 y 2020.

A pesar de la obviedad de los datos mencionados, todavía hay quien insiste en afirmar (sin ningún tipo de fundamento) que esa diferencia de género a la hora de elegir carrera y/o profesión es algo “natural”. Se escudan en el argumento de que hoy en día nadie le prohíbe a una mujer estudiar una carrera de ciencias.

Pero, si profundizamos e intentamos entender esas diferencias, es fácil comprobar que aunque no hay prohibiciones directas, sí las hay indirectas. Y ahí está el peligro: la falsa sensación de igualdad nos hace ponernos una venda ante un problema que sigue estando presente (solo hay que volver a echarle un vistazo a las estadísticas).

Para entenderlo, hablamos de la tardía incorporación de la mujer al mundo laboral y al mundo tecnológico y, sobre todo, de la perpetuación de estereotipos sexistas a lo largo de todos los siglos de historia.

Historia: Mujeres cuidadoras

Sí, tienes libertad para elegir qué carrera estudiar, seas mujer u hombre, pero teniendo en cuenta los antecedentes sexistas de nuestra historia se demuestra que esa decisión tan mayoritaria puede estar condicionada por algunos factores como la educación recibida, la todavía presencia del machismo en cualquier institución o la ausencia de roles de mujeres científicas cuando estudiamos.

El rol de la mujer ha estado siempre ligado al de la maternidad. Dar a luz, criar a hijos e hijas y ocuparse de las tareas del hogar han sido imposiciones normalizadas a lo largo de la historia.

La mujer asalariada, trabajando y cobrando su propio sueldo es una realidad que en España comienza a tener más fuerza a partir de los años 70. Esto hace que sean tan solo 50 años los que la mujer lleva formando parte del mundo laboral en España.

Antes de los 70, las mujeres solían trabajar como empleadas del hogar, de amas de casa o “ayudando” en las tareas del campo. Aún así, la población activa femenina era solo del 16 % en la década de los 50. En el año 1975 pasó a ser del 28,5 % según un artículo publicado por El País.

No obstante, cuando la presencia de mujeres activas en nuestra población empieza a aumentar, el tipo de trabajo en el que eran aceptadas y, por supuesto, las condiciones laborales que tenían que acatar eran muy diferentes a las de los hombres.

Esas primeras mujeres que empezaron a trabajar eran casi siempre mujeres solteras y jóvenes. Y aquellas que antes de casarse tenian alguna profesión o carrera, tendían a abandonarla al contraer matrimonio para dedicarse a la tarea que les tocaba como mujeres: cuidar del hogar y de los hijos/as.

Pasamos así a analizar el tema de los cuidados y su relación directa con las mujeres, algo en lo que también hemos avanzado, pero que seguimos arrastrando. El Instituto Europeo de la Igualdad de Género publicó en 2016 que el 85,5 % de mujeres cocinan o hacen algún tipo de tarea doméstica a diario frente al 41,9 % de los hombres. El contraste a día de hoy sigue siendo demasiado acentuado.

Ligado al tema de los cuidados vienen las primeras profesiones que acataron las mujeres cuando empezaron a incorporarse al mundo laboral: limpiadoras, dependientas, secretarias, enfermeras o profesoras, carreras en las que el cuidar o el educar siguen siendo el componente principal.

A día de hoy, tal y como publicaba en El País basándose en datos del asesor de la Secretaría de Empleo de Cominiones Obreras, las profesiones con más mujeres siguen siendo similares: empleadas domésticas (97,7 %), maestras (96,7 %), cuidadoras de niños (94,4 %), cuidadoras a domicilio (93,3 %), auxiliares de enfermería (92,2 %) o limpiadoras (87,9 %).

En una sociedad que nos ha dicho siempre que las mujeres tienen que estar en casa cuidando a los hijos e hijas, es muy normal que a día de hoy sigan acatando profesiones que estén más relacionadas con los cuidados y más alejadas de profesiones que habían sido siempre territorio de hombres.

En una entrevista a la matemática Marta Macho, miembro de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco que publicaba El País, explica que aunque se cree que estamos en un momento en el que las mujeres podemos elegir libremente cualquier carrera, no es cierto.

“Hay numerosos estudios que demuestran que desde los seis años, debido al entorno social, las niñas van acumulando inseguridades para dedicarse a carreras STEM (relacionadas con la ciencia y la tecnología)”, explica la matemática.

¿Qué puede provocar esas inseguridades? Además de toda la información sexista que recibimos de forma indirecta, en la publicidad, el cine, la literatura, la familia, el colegio y en cualquier entorno que forme parte de este mundo, las niñas no tienen roles que motiven su interés por la ciencia o la tecnología.

Si volvemos a abrir los libros de texto que teníamos que estudiar cuando íbamos al colegio, veremos en seguida una ausencia que, aunque antaño pasaba desapercibida, ahora nos hace conscientes de que posibles desitentereses o intereses están basados precisamente en esa ausencia.

No había mujeres científicas en nuestros libros de enseñanza. Incluso ahora, solo hace falta abrir Google y escribir “personas más importantes en la ciencia” para que te aparezca un listado de 30 personas de las cuáles solo dos son mujeres.

Si sumamos a la ausencia de roles que pueda inspirar a las niñas a sentir interés por la ciencia o la tecnología todos los estímulos sexistas que desde temprana edad recibimos, la respuesta es clara: el que las mujeres hoy no elijan carreras de ciencias está basada en la herencia machista que todavía arrastramos.

Juan Ernesto Maragall, especialista de Educación en el Banco Interamericano de Desarrollo, explica que “no hay ninguna evidencia de que hombres y mujeres tengan diferencias en el aprendizaje de estas materias. Se trata de un tema cultural”.

Así mismo, Maragall aclara que todo ser humano tiene una visión de sí mismo en el futuro. Las niñas están construyendo esa visión en función de interacciones con padres y maestros.

De este modo se explica que construimos nuestra propia realidad apoyada sobre unos estereotipos de género que todavía siguen presentes, aunque hoy en día se manifiesten de formas menos obvias que hace 50 años.

Una niña verá esos roles en su familia y entorno, lo que empezará a despertar sus motivaciones. Es normal que todo esto se fomente si además se le alienta a estudiar enfermería o a ser mamá desde pequeña y/o si tendemos a regalarle kits de limpieza, bebés a los que cambiar pañales o lavavajillas de juguete en vez de juegos alejados de esos roles que le permitan a la niña desarrollar sus futuras aspiraciones en la ciencia, la tecnología, el arte o sí, también en los cuidados o la docencia, pero de una forma no condicionada por estereotipos de género.

Romper con los estereotipos de género: La solución

El primer paso para ponerle fin a la desigualdad es reconocer que existe esa desigualdad. Entender que hoy, en el año 2021, las mujeres lo siguen teniendo más difícil a la hora de elegir una carrera de ciencias o tecnología. No es lo que se espera de ellas ni tampoco han recibido los mismos estímulos que un niño para poder elegir esas carreras (o no elegirlas).

Cuando le ponemos nombre y apellidos a un problema es cuando podemos empezar a buscar soluciones. Negando la existencia del machismo o alegando esas diferencias a causas “naturales” no podemos avanzar.

Una vez reconocido el problema como un mal que llevamos todos y todas interiorizando durante generaciones y generaciones, vienen las soluciones.

La primera de ellas: visibilizar. Dar voz a referentes mujeres en el mundo de la ciencia y la tecnología para que niñas y jóvenes de todo el mundo puedan ver que no es solo territorio de hombres.

Actualmente, muchas empresas e instituciones están luchando por hacer esto posible. Es el caso de la empresa de antivirus Kaspersky, que cuenta con una web dedicada a mujeres que trabajan en TIC o de instituciones comoChicas en Tecnología que luchan por reducir la brecha de género en el ambiente tecnológico , o Womenteck, una asociación que pretende visibilizar el trabajo de la mujer en la ciencia y la tecnología.

Otra de las soluciones pasaría por la educación. Actualmente existen planes de igualdad en el sistema educativo que obliga a los centros y docentes a recoger medidas de acción positiva para abordar la igualdad entre mujeres y hombres en todos los ambitos.

Algunas de estas medidas de acción consisten en incluir precisamente a mujeres que hayan tenido papeles importantes en el mundo de la ciencia y la tecnología para que tanto niñas como niños puedan tener referentes con los que identificarse.

De este modo, poco a poco, gracias a la visibilización y la educación podamos empezar a ver las estadisticas cambiar y conseguir de ese modo la igualdad por la que tanto luchamos.

Que las niñas amen la ciencia y la tecnología es trabajo de todos y todas.