Con la actual situación económica, la mayoría de las empresas deben recortar los presupuestos dedicados a los viajes. Además, cada vez son más las compañías que se toman en serio la responsabilidad social corporativa, que en muchos casos, pasa por políticas de actuación más verdes. A todo esto se unen también las quejas de los ejecutivos, que declaran perder mucho tiempo en los aviones. Para atajar todos estos problemas, la respuesta parece ser la telepresencia.

Y es que la telepresencia combina las últimas tecnologías de software, vídeo, audio, imagen y redes para crear una experiencia de colaboración que sus partidarios afirman es lo más cercado a un encuentro físico. Es cierto que es preciso contar con una sala dedicada a la telepresencia si se le quiere sacar el máximo partido, pero el principal factor a su favor es que resuelve muchos problemas que acechan actualmente a las grandes corporaciones.

Además, proporciona importantes ahorros. Su principal beneficio es el coste. Sus partidarios afirman que la telepresencia permite importantes ahorros en los gastos en viajes. Por ello, las inversiones en ella deben considerarse como estratégicas. “Reduce los costes operativos y permite hacer las cosas más rápidamente".

Los usuarios de sistemas de telepresencia declaran que simplemente con algunos viajes de negocio pagados a plazos puede recuperarse la inversión de la instalación del sistema. Este ahorro también es posible gracias al descenso en los precios de las tecnologías de telepresencia. Según la consultora Frost & Sullivan, el mercado de la telepresencia tendrá un valor de 1.500 millones de dólares en 2013, con cerca de 16.000 unidades instaladas en todo el mundo.

La segunda razón para invertir es el hecho de que la experiencia que se consigue con la telepresencia ha mejorado mucho respecto a la videoconferencia en nuestros PC o incluso aquella que se realiza en habitaciones específicas para ello. Y lo es gracias a sus imágenes más precisas, su sonido de alta calidad y su sincronización más precisa. Esto significa que sutiles, pero importantes gestos como sonrisas, asentimientos o guiños, por ejemplo, pueden ser interpretados del mismo modo que ocurriría en un encuentro físico. Además, los documentos que se tengan sobre la mesa son legibles y también es mucho más evidente cuando un interlocutor está nervioso, triste o frustrado. De este modo, se cambiará la forma en que la gente interactúa, pues su principal diferencia es que permite una experiencia emocional, lo que le hace totalmente distinta de la videoconferencia, que no ha llegado a sustituir la necesidad de realizar viajes e interactuar. La telepresencia es un entorno que permite a la gente sentir que están en la misma habitación. Además, también cabe destacar que no es necesaria ninguna interacción técnica, por todo esto, las reuniones virtuales se acercan un paso más a estar en la misma habitación.

Asimismo, la telepresencia se está posicionando con un candidato de lo más atractivo ante los planes de emergencias. Pues si existe algún problema en los viajes de los participantes en una reunión, con la telepresencia, el encuentro puede tener lugar sin ningún retraso o cancelación.

En cualquier caso, aunque la telepresencia es una tecnología de lo más convincente, tan solo está en los albores de lo que puede llegar a suponer, pues tiene un gran potencial por desarrollar. Aunque también hay una serie de preocupaciones en torno a su posible desarrollo. Uno de ellos es la interoperabilidad, pues son muchos los fabricantes que trabajan en este campo y que puede llegar a suponer un problema.

Pero en general el optimismo gira en torno a esta tecnología, pues se trata de un mercado que crece y cambia muy rápidamente. De hecho, se están desarrollando aplicaciones para permitir una mayor colaboración entre los participantes, que podrán compartir los contenidos de las reuniones, por ejemplo. Para ello, son ya varios los fabricantes que están trabajando en pantallas, pizarras y otro tipo de herramientas con superficies planas que permitan compartir contenidos simplemente teniéndolos encima de la mesa.

A todo este cambio se unen también las voces de muchos en la industria que predicen un salto fundamental, con la telepresencia pasando de las oficinas a los centros de servicios. Así, hoteles, aeropuertos, estaciones de tren o centros de convenciones contarán con salas equipadas con telepresencia, de modo que sus usuarios puedan establecer sesiones sin necesidad de encontrarse en la oficina ni de gastar más dinero en equipamiento.

Incluso se ha llegado a hablar de que algunas compañías aéreas están estudiando la posibilidad de incorporar estos centros como parte de su oferta de transporte de viajeros de negocios. Si esto fuera así, muchos de nosotros estaríamos expuestos a la telepresencia y a encuentros virtuales que podrían ser mucho más habituales, tal y como ahora lo son las comunicaciones por teléfono móvil, correo electrónico o mensajería instantánea.