Si algo está meridianamente claro en los negocios actuales es que la movilidad es una demanda no negociable. Pero además de esto, a la hora de adquirir un equipo para un entorno profesional, más allá de la movilidad hay que tener en cuenta una serie de elementos muy importantes que podrían asegurar el éxito de nuestra inversión.

Hoy en día, con la espectacular evolución a la que han sido sometidos tanto los dispositivos informáticos como los electrónicos, los ordenadores portátiles han pasado a formar parte de la vida cotidiana tanto en el ámbito profesional como en el personal. Tanto es así que en muchas ocasiones la línea que separa ambos mundos es tan fina que los fabricantes de equipos, y podemos ver a Samsung como un ejemplo en este terreno, se ven obligados a lanzar productos con funciones híbridas, aunque en algunos casos estos no cumplan con las premisas más adecuadas para un entorno profesional.

Y es que a medida que se suceden las novedades tecnológicas y las posibilidades a nivel de producto, las empresas pueden optar por cubrir de un modo más eficiente sus necesidades, accediendo a productos cada vez más completos y eficientes, que permitan a la empresa obtener el máximo rendimiento de su inversión (ahorrando tiempo y dinero a corto o medio plazo).

Características generales

Estos nuevos portátiles de última generación suelen destacar por incluir las últimas tecnologías en cuanto a características se refiere, como portátiles de 45 nanómetros, tecnología Intel Centrino Duo o baterías de alto rendimiento. También habremos de valorar su fiabilidad, es decir, su robustez y rendimiento sostenido en todo momento. Esto sólo se consigue después de realizar un buen trabajo de ingeniería por detrás, que asegure la total compatibilidad entre los propios componentes hardware que integra el equipo junto con el propio sistema operativo que trae consigo. Para alcanzar esto es necesario someter a los equipos a rigurosos sistemas de calidad que minimicen al máximo las tasas de fallo, lo que establecerá una clara diferencia con los modelos de la competencia. Junto a esto, antes de lanzar un nuevo modelo al mercado conviene realizar pruebas a nivel de desgaste de materiales, además de comprobar su nivel de tolerancia a temperatura, presión o humedad cambiantes, además de asegurar al máximo la robustez de los componentes, algo que permitirá diferenciar unos equipos de otros (por ejemplo añadiendo protección ante vibraciones o golpes que protejan los elementos internos sensibles, como el disco duro).

Lógicamente, el prestigio de una marca tiene mucho peso a la hora de decantarnos por un modelo o por otro, ya que el hecho de haber demostrado con el paso de los años un alto nivel de fiabilidad, robustez y el dinamismo suficiente como para abordar las necesidades cambiantes de los usuarios es un factor imperioso en muchos casos, y decisivo en otros.

Además de todo esto, es importante estudiar el formato de ordenador que necesitamos para cada tipo de usuario, valorando en cada caso el tipo de aplicaciones que va a ejecutar, con el fin de formalizar unos requisitos mínimos (espacio en disco, nivel de rendimiento o metodología de acceso a la red, por ejemplo), así como el perfil de movilidad que tenemos que otorgarle, que irá en función de si se trata de un usuario que suele trabajar mucho con clientes (en cuyo caso habrá que tender a los modelos ultraportátiles, los denominados UMPC, como el Q1 Ultra de Samsung), si necesita movilidad muy esporádica (que nos llevará a equipos de en torno a 15 pulgadas) o si se trata de un trabajador totalmente estático (lo que nos dejará libertad para escoger modelos más ambiciosos, de 15 pulgadas en adelante). Como es lógico, para poder abarcar a todo tipo de usuario de una empresa, la marca escogida deberá contar con una gama de producto lo suficientemente amplia como para satisfacer todos y cada uno de los requerimientos de nuestros usuarios, desde la gama de entrada hasta el espacio más específico, sabiendo aportar soluciones adaptables en cada caso.

Paralelamente a esto, además del sistema operativo (un elemento sin duda importante), otra de las particularidades que nos deben ayudar a decantarnos por un modelo de ordenador o por otro es el valor añadido que generen a sus productos, y una forma de ver esto es con el software que ofrecen, siendo importante tanto la variedad del mismo como lo que nos permita hacer con el portátil. De hecho, esto sólo se consigue desarrollando herramientas y utilidades específicas encaminadas a mejorar la experiencia del usuario con el sistema. Aquí entran en juego elementos como soluciones antivirus, gestores de batería que nos indiquen de forma sencilla (incluso cuando el PC esté apagado) el nivel de autonomía de que disponemos o herramientas de diagnóstico que nos permitan, no sólo identificar, sino resolver cualquier tipo de incidencia o problema que pueda surgir mediante sencillos pasos, llegando incluso a recuperar nuestro ordenador en cuestión de minutos, entre otras.

La importancia de la pantalla

Pero no sólo es importante fijarse en el tamaño de la pantalla, sino que las propias características del panel en sí determinarán en gran medida el uso de unos u otros modelos. De hecho, en los entornos profesionales son mucho más recomendables modelos de tipo “non glare”. Estas pantallas se caracterizan por ser menos vistosas, menos brillantes y que representan imágenes con niveles de luminosidad y contraste moderados. Esto es así debido a un motivo de salud, ya que los modelos non glare evitan generalmente el cansancio visual que suelen aparecer después de largas jornadas laborales de trabajo ininterrumpido delante del ordenador. Junto a esto, es igualmente importante la resolución que permite representar el panel (en conjunción con el formato). Actualmente la práctica totalidad de los modelos que salen de las factorías están basados en pantallas panorámicas en formato 16:9, más amplias, que permiten representar una mayor cantidad de información. A éstas, además, se les pide que representen resoluciones cada vez más altas (por ejemplo, de hasta 1.680 x 1.050 puntos por pulgada), ya que de esta forma es posible mostrar una cantidad de información mucho mayor, lo que aumenta el nivel de productividad.

Conectividad y baterías

Resulta igualmente importante la conectividad, ya que susceptiblemente su uso natural será en lugares fuera de la oficina (hoteles, aeropuertos o redes públicas), por lo que necesitan contar con el mayor número de alternativas de conexión posibles. En este sentido, ya estamos más que acostumbrados a ver cómo los últimos modelos incluyen capacidades inalámbricas, incluso compatibles con los estándares en pleno desarrollo, como el borrador 802.11n (pendiente aún de aprobación pero integrado en un alto porcentaje de equipos), debido a la espectacular demanda del mercado. Con el fin de aportar todo tipo de alternativas libres de cables, también contamos con conectividad Bluetooth o de infrarrojos, mientras que en el plano convencional la mayor parte de los portátiles siguen apostando por integrar módems de 56 KB, en la mayor parte de los casos acompañados por tarjetas de red de alta velocidad (Gigabit Ethernet, capaces de trasmitir datos a velocidades de hasta 1 Gbps). Además de esto, ya podemos vislumbrar de alguna forma cómo serán los d