Cuando las baterías de ión de litio reemplazaron a las de níquel metal-hidruro, los investigadores incrementaron la densidad de la energía (la cantidad de energía que se puede “empaquetar” en un espacio determinado), eliminaron el efecto memoria e hicieron las baterías más ligeras. Pero el ión de litio en muchos casos utiliza óxido de cobalto, que tiene tendencia a experimentar “fugas calóricas”, según Joe Lamoreux, vicepresidente de I+D de Valence Technology. “Cuando se calienta este material, puede alcanzar una temperatura a partir de la cual se comienza a auto-calentar y continúa aumentando hasta convertirse en fuego y la consiguiente explosión”.

Pero no sólo la compañía Valence -que afirma tener una alternativa más segura- afirma esto, también lo confirman expertos independientes de Allied Business Intelligence y Cell Expert North America. Ambas compañías admiten que la tecnología de fosfatos de Valence, registrada como Saphion Technology, es mucho más segura.

Las explosiones y el fuego ocurren en raras ocasiones, pero el problema continúa existiendo. La recomendación es reemplazar las baterías de ión de litio cada dos o tres años. Dos años es un período más seguro, ya que la continua recarga acaba por debilitar la batería. También se recomienda no dejar un portátil ni un teléfono móvil en el coche cuando la temperatura pueda superar los límites seguros.

Valence ha conseguido un material activo nuevo para las baterías de ión de litio basado en fosfatos en lugar de en óxidos. Estas baterías se comportan como la versión tradicional de ión de litio, pero no pueden sufrir el sobrecalentamiento de las de Li-ion.

Mientras, unos cuantos fabricantes trabajan en las pilas de combustible, que convierten hidrógeno y oxígeno en electricidad. De momento, según los expertos, no pueden gestionar picos de carga, y por tanto no son aptas para los teléfonos móviles.