El número de usuarios que intercambia archivos en red se está incrementando de manera espectacular en Europa. Casi el 40% de los internautas utilizan su conexión de banda ancha. para descargarse música, según las últimas cifras de la analista Jupiter Media.

A medida que el acceso de banda ancha a Internet se incrementa en Europa, así también la cantidad de música intercambiada, lo que ha llevado a los analistas a señalar que a menos que se ofrezcan alternativas reales pronto, la industria ilegal de música digital será poco menos que imparable. Estos porcentajes son inferiores en el caso de los usuarios con módem, concretamente de un 18%.

Más que las cifras actuales quizá lo que más preocupa a la industria es que el 44% de los usuarios de la Red admiten que no quieren pagar música en un futuro. Según los analistas es necesario que las discográficas emprendan acciones conjuntas si quieren detener a las compañías Peer-to-Peer, o bien ofrecer suficientes alternativas. Sin embargo, aunque la industria se lanzará a tumba abierta a incrementar su presencia online se vería en serias dificultades para detener a los hijos de Napster.

Sin embargo, no todo son malas noticias para la industria de la música. Según el estudio de Júpiter, un porcentaje respetable de personas que ha usado sitios ilegales de música estaría dispuesta a pagar por música en un futuro, en contraste con aquellos que nunca han usado servicios. Por otra parte, los internautas comienzan a estar hartos de la insoportable cantidad de publicidad que conllevan sitios como Kazaa.

La canción del pirata

¿Y los artistas? Existen en este momento dos corrientes enfrentadas. Los pequeños artistas ven la Red como un medio estupendo de que sus canciones sean conocidas a nivel mundial, al tiempo que se quejan de las cantidades que se embolsan por disco comparadas con las que se quedan los sellos discográficos. Mientras, algunos artistas consolidados ponen el grito en el cielo. Metallica prendieron la mecha, pero ahora James Taylor, Bill Joel o Bob Dylan han pasado a demandar a compañías como MP3.com, que distribuyen sus canciones por la Red sin su autorización.