La presión hacia las empresas para que salvaguarden la intimidad y garanticen la seguridad de los datos personales de sus trabajadores cada vez es mayor, pero la complejidad de esta tarea hace difícil que se puedan cumplir estas altas expectativas. Así, al menos, lo consideran algunos expertos de la industria.

Tanto los gobiernos como los consumidores son los que, principalmente, ejercen esta presión, ya que quieren tener un mayor control sobre cómo se guardan y gestionan sus datos personales, según Pete Bramhall, director de proyecto en el laboratorio que HP posee en Bristol (Inglaterra). A nivel interno, las empresas intentan resolver el coste y la complejidad de tener que conjugar esto con las redes distribuidas.

“En estos momentos, el CIO y el responsable de la intimidad están intentando perfilar cómo debe ser el diálogo adecuado en el uso de la tecnología para cuestiones relativas a la intimidad”, explica Bramhall, quien considera que, “pese a que aún estamos en los primeros estadios, se está empezando a notar un cambio de tendencia”.

Dado que los empleados no suelen leer los manuales en los que las compañías plasman sus políticas al respecto, la idea que persigue el equipo de Bramhall es que el software pueda, de manera automática, prevenir errores humanos a la hora de trabajar con datos. “Las personas son impredecibles”, argumenta este responsable, “por lo que el reto es intentar que no trabajen, en la medida de lo posible, con estos asuntos”.