Un dentista japonés, Hisashi Kishigami, ha recibido la patente nipona y estadounidense gracias a un método para implantar un microchip en un diente falso.

El microprocesador, incrustado en una dentadura postiza, puede ser detectado usando un receptor de radio, permitiendo a su propietario ser identificado, según la patente otorgada por la Oficina de Registro de Marcas de los Estados Unidos. La dentadura puede ser fácilmente identificada en clínicas dentales e, incluso, en residencias de ancianos. Para este colectivo resulta idóneo puesto que, aunque son recogidas después de cada comida y lavadas todas juntas, se identifican todas las dentaduras para dar a cada propietario la suya sin lugar a confusión.