Actualmente el mercado láser color abarca desde pequeñas impresoras personales, hasta grandes equipos de producción. Nosotros hemos elegido los modelos más habituales en un entorno de oficinas, equipos de formato A4 en torno a 25 páginas por minuto y con conexión de red. Veamos qué nos ofrecen.

Actualmente las láser color están incluso desbancando a los modelos monocromo, pues en muchos casos el coste cuando imprimen en negro es similar al de éstas y, al tener una sola máquina, se consigue un ahorro de espacio, costes de mantenimiento y almacenamiento de diferentes consumibles. Por otra parte, nos van a permitir que incluso en los documentos más simples pueda haber una pequeña nota de color que, sin disparar los costes, mejore la imagen de la empresa. Así pues, las máquinas que evaluamos son auténticos equipos todoterreno sobre los que podremos descansar una parte importante de la carga de impresión de pequeños grupos de trabajo.

Para probar las impresoras se han conectado en red y, una vez instalados sus correspondientes controladores, hemos lanzado documentos de diversos tipos, verificando cómo se comportan en un entorno real. Pero las láser color son dispositivos bastante sensibles a los desplazamientos, por lo que el primer paso ha sido comprobar que no existían desajustes en sus mecanismos y, en caso de haberlos, proceder a recalibrar el registro de color. Esto es algo que le recomendamos que haga siempre que adquiera una impresora nueva o la cambie de ubicación. A pesar de ello, en las tres impresoras que comparten el motor de Fuji-Xerox nos fue imposible conseguir una calibración perfecta, y quedó un ligero defecto de registro vertical en el magenta. Es fácil deducir que se trata de un problema de diseño del motor o del procedimiento de calibrado. A pesar de la penalización que esto supone en la calidad, las máquinas obtuvieron un buen resultado en estas pruebas.

Además hemos empleado patrones específicos de color, textos y líneas para valorar la calidad de cada máquina, y hemos medido la velocidad con los documentos de uso más habitual. La calidad es excelente en todas las impresoras y, salvo diferencias en la saturación de los colores, que pueden ajustarse con los controladores, habrá que recurrir al cuentahílos para apreciar cuál es mejor. Por ello, este factor apenas ha tenido peso en nuestra calificación final.

Todas las pruebas se han hecho con papel normal de 80 g/m2 para impresoras láser, por ser el de uso más común. Empleando papeles específicos de mayor gramaje y/o más satinados, el resultado debería ser superior en todas las máquinas.

Velocidad no es sólo páginas por minuto

Aunque a todos los fabricantes les hemos pedido máquinas en torno a 25 páginas por minuto, en los resultados de nuestras pruebas verá que la velocidad media varia mucho de un modelo a otro ¿por qué? El motivo es que la velocidad “de catálogo” es sólo uno de los factores que influyen en la rapidez de una impresora. En realidad esta cifra se refiere a la máxima velocidad que es capaz de ofrecer el motor y es algo que sólo se consigue en una situación muy concreta, que podemos resumir en: calidad mínima y copias idénticas de una sola página. De este modo, hay que generar el mapa de bits de una página una sola vez y a partir de ahí poner el motor a dar vueltas para sacar duplicados. Si las páginas son diferentes, la electrónica deberá trabajar más, pues hay que procesar información continuamente. Si además subimos la calidad al máximo, la velocidad también se reduce, ya que hay que generar mayor cantidad de información. Para terminar, no es lo mismo una página de texto que se procesa rápidamente que una página con gráficos vectoriales o fotos que requiere mucha más memoria y más trabajo del microprocesador de la impresora. Así, si mandamos un documento complejo de varias páginas, en la máxima calidad, no será raro ver como la impresora se detiene entre página y página, mientras procesa el trabajo, alejándose mucho de las 25 páginas por minuto anunciadas.

Por último, hay otro factor que influye en la velocidad, que es el tiempo en disponer de la primera copia. Si la impresora se usa poco, lo normal es que cuando vaya a imprimir esté en estado de reposo. Al recibir un trabajo, lo primero que debe hacer es despertarse y calentarse, procesar el trabajo y, por fin, imprimirlo. En ese proceso hay máquinas que tardan más que otras, aunque la importancia dependerá del volumen de trabajo que vaya a recibir la impresora. Si es una de esas máquinas que no paran en todo el día puede despreciar este dato, pues es un proceso que sólo ocurrirá en la primera impresión del día.

En nuestras pruebas hemos tratado de tener en cuenta todas estas variables, haciendo medidas específicas del tiempo de obtención de la primera copia (partiendo del estado de reposo), el tiempo mínimo de motor, el de procesado de un trabajo complejo y el tiempo de funcionamiento normal en un documento con texto y algún gráfico. La prueba a la que más valor le hemos dado ha consistido en lanzar cinco documentos de distintos tipos y complejidades que sumaban un total de cincuenta páginas y se aproximan más a lo que puede ser un uso real. Las diferencias de velocidad que se aprecian en ella, se deben principalmente a la diferente velocidad de procesado y al proceso de recalibración que algunas máquinas realizan a mitad de un trabajo.

Los múltiples costes

A la hora de valorar el aspecto económico hemos tenido en cuenta tres factores de los muchos que influyen en el coste total de impresión, en el que intervienen elementos de difícil cuantificación como el mantenimiento, o la infraestructura. Se estima que entre los consumibles y el coste de compra suponen aproximadamente un 45 por ciento del coste total de impresión siendo, en cualquier caso, los dos elementos que más influencia tienen. Nosotros hemos tenido en cuenta además el valor del tóner incluido en la compra y el consumo eléctrico.

Para valorar el precio de las impresoras las hemos puesto en igualdad de condiciones en cuanto a tóner incluido, restando de su precio el valor del tóner que se incluye (considerando el valor calculado por página si se comprasen los cartuchos de mayor duración posible). En cuanto al coste por página hemos incluido en el todos los consumibles y sus duraciones estimadas por los fabricantes para una cobertura del 5 por ciento.

En cuanto al consumo eléctrico hemos supuesto que las impresoras estarán en una empresa que funciona 8 horas diarias y en la que no se apagan los equipos (lo cual no es muy aconsejable, pero sí muy habitual) al acabar la jornada. Por lo tanto, suponemos que pasaran 16 horas en estado de reposo y dos más durante la jornada. Otras cuatro horas estarán imprimiendo, lo cual implica una carga de trabajo bastante alta, y las dos restantes en estado de espera. Partiendo de este supuesto y con las cifras máximas de consumo ofrecidas por los fabricantes calculamos el consumo diario. Ambos valores se reflejan en la calificación de consumo.

Finalmente, aunque no podamos establecer un coste exacto de mantenimiento, sí nos hemos fijado en la sencillez y rapidez de uso, valorando -como una característica más de las impresoras- la dificultad de puesta en marcha o de sustitución de los consumibles.

Dell 510