Según comunicó Google cuando lo anunció, Gmail utilizaría un sistema de filtrado y escaneo de texto en todos los mensajes entrantes, con el fin de introducir los mensajes publicitarios más adecuados para cada usuario y mensaje. Para los grupos de derechos civiles esto es una “mala idea”, ya que el escaneo de correos confidenciales “es ilegal y viola la confianza implícita en los proveedores de servicio de correo”.

Más de 28 organizaciones de derechos, como World Privacy Forum, Privacy Rights Clearinghouse o Bits of Freedom, estiman que el sistema que quiere implantar Google en su correo va más allá de los sistemas hasta ahora utilizados por los proveedores de correo, destinados al filtrado de spam. La diferencia está, según estas organizaciones, en que introducir publicidad en los mensajes es diferente a eliminar los mensajes y virus no deseados. Insertar publicidad personalizada requiere disponer de bases de datos, registros y un enorme almacenamiento, y además puede entrar en conflicto con la legislación actual europea sobre privacidad.

Según Google, los datos del usuario serán siempre privados y protegidos frente a terceros, y el escaneo de contenido no tiene en cuenta los campos de remitente y destinatario, sólo el asunto y cuerpo del mensaje.

Sean cuales sean las condiciones concretas del sistema de Google, muchos grupos de derechos civiles ven en este servicio un precedente que podría inspirar a gobiernos u organizaciones para indexar, almacenar y controlar los correos electrónicos de los usuarios. Datos que pueden estar a disposición de manos que los utilicen con fines inapropiados.

Por otra parte, nada más conocerse que Google iba a lanzar el servicio Gmail, una empresa británica, The Market Age, patentó este nombre en la oficina de patentes norteamericana, en alusión a un servicio web que la compañía había lanzado en 2002. La compañía intenta ahora proteger este nombre comercial para que Google no lo pueda utilizar.

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