El papel y varios volúmenes de libros ya no son el mejor soporte para manejar cantidades enciclopédicas de información. Adéntrese en las enciclopedias multimedia y además de leer podrá escuchar, ver y manipular desde los temas más clásicos a los de más candente actualidad.

De presencia obligada en casi todas las casas, la enciclopedia es la obra a la que acudimos para saber un poco más de ese país o personaje que acaban de nombrar en algún medio, resolver dudas en nuestra etapa de estudiantes, o localizar esa palabra del crucigrama que se nos resiste. Dependiendo de nuestros gustos y posibilidades de espacio y dinero, la obra elegida puede comprender uno o más volúmenes, estar ilustrada con fotografías o dibujos, incluir términos comunes del lenguaje, sinónimos, etc. En ocasiones se complementan con otros suplementos como atlas o resúmenes gramaticales. Esta misma filosofía ha sustentado la creación de enciclopedias en soporte informático, donde el término multimedia está justificado porque además de textos contienen fotografías, gráficos, sonidos, vídeos y animaciones; todo un conjunto de elementos que se complementan con el único objetivo de lograr una información más rica en matices. Obviamente, esto requiere gran espacio de almacenamiento y hubo que esperar la llegada del CD-ROM y combinarla con un buen sistema de compresión de datos para que se obtuviesen enciclopedias suficientemente interesantes.

Ahora queda comprobar si compensa sustituir nuestra vieja enciclopedia por el disco de 12 centímetros. Ahorros aparte ¿qué se gana?. Además de la posibilidad de acceder a los elementos multimedia, ganamos en facilidad para encontrar los términos; podremos localizar un término en el contenido de una entrada, aunque no tenga entidad para que se le dedique una específica, algo imposible en una enciclopedia tradicional. También se facilita el salto de un tema a otro relacionado, que ahora se limita a hacer clic sobre un hiperenlace. Otro valor añadido lo aporta la actualización de la información. En las enciclopedias tradicionales se editan suplementos que, con el tiempo, nos obligan a consultar en la obra principal y en los añadidos. Las enciclopedias en CD-ROM se actualizan periódicamente incorporando la información del último año; algunas van más allá y la ponen al día cada cuatro meses, como la Enciclopedia Universal, o permiten actualizaciones en línea a través de Internet, como Encarta. Finalmente, si ha tenido que elaborar informes consultando enciclopedias, apreciará la facilidad que ofrecen estas obras para copiar sus textos o imágenes e incluirlos en sus propios documentos; aunque le recordamos que el material original está protegido por derechos de autor.

Sobre cada uno de los valores añadidos que hemos señalado gravitará el análisis que sigue. Trataremos de comparar unas enciclopedias multimedia con otras para ver hasta dónde pueden llegar: comentaremos su instalación, el aspecto de la pantalla, posibilidad de configuración y facilidad de acceso a las distintas opciones, los elementos que acompañan y la integración entre todos sus componentes.

El punto de partida son dos tablas que acompañan este artículo. En la primera se comprueba la presencia de unas 35 entradas que, si bien no son de primerísima importancia, sí consideramos que deberían estar presentes en un diccionario enciclopédico básico. La segunda tabla recoge datos acerca del contenido y modo de operar de cada uno de estos productos; aunque ninguno de ellos es suficientemente significativo por sí sólo, el conjunto puede aclarar nuestra elección en favor de uno u otro.

Requerimientos e instalación

Todas las enciclopedias comentadas tienen similares requerimientos del sistema que, como mínimo, se cifran en: microprocesador 486, lector de CD-ROM 2x, tarjeta de sonido y altavoces o auriculares. El monitor será VGA o SVGA con 256 colores, aunque se recomiendan más. Algunas (Durvan 97, Futura 97 y Planeta) indican que les bastan 4 MB de RAM, pero si no quiere eternizarse esperando el resultado de una búsqueda o navegando entre los artículos, deberá pensar en disponer de al menos 8 MB, como recomiendan Salvat, Universal y Encarta 97; esta última requiere 12 MB para Windows NT. En cuanto al espacio en disco, depende del tipo de instalación que realice y de su sistema operativo, pudiendo alcanzar los 20 MB que precisa Encarta 97 para operar bajo Windows 3.1. Los productos diseñados para Windows 95 (como Encarta 97 y Universal) pueden funcionar desde el CD-ROM e incluso disponen de autoarranque; ésta es la opción recomendada a menos que su equipo sea muy lento.

El proceso de instalación es bastante automático y su participación se suele reducir a indicar la letra que designa su unidad de CD-ROM, el directorio donde quiere guardar los archivos del programa y el tipo de instalación que desea. Al final, casi todas le sugerirán que instale Video for Windows (a excepción de Salvat que utiliza QuickTime); si trabaja bajo Windows 95 no deberá hacerlo pues Video for Windows se instala con ese sistema operativo.

Los contenidos

En las enciclopedias tradicionales se suelen medir los contenidos por el número de volúmenes que ocupan; las enciclopedias multimedia son algo más que papel impreso y a la hora de valorarlas hay que tener en cuenta todos sus componentes, esto es, los textos, las imágenes, los sonidos, los vídeos y las animaciones.

El elemento central en todas ellas es el diccionario enciclopédico, formado por un conjunto de artículos ordenados alfabéticamente; además, suelen contener un diccionario lexicográfico donde aparecen todas las palabras comunes. Algunas enciclopedias, como Encarta 97, Planeta y Salvat, los tienen bien diferenciados y se puede acceder a cada uno de forma independiente; en otras hay una lista única en la que se integran ambos. Así pues, comparar el dato de las 131.104 entradas de Universal, las 120.000 de Futura 97 o 100.000 de Durvan frente a los 26.351 artículos de Encarta97, nos podría hacer creer que las tres primeras tienen cinco veces más información que la cuarta, pero nada más lejos de la realidad, como podrá comprobar si sigue leyendo. En algunas obras, el diccionario lexicográfico se nutre de sus propias fuentes editoriales como Salvat, otras, se basan en el de la Real Academia, como Durvan o Universal, o incorporan uno de reconocida solvencia como el Diccionario de la Lengua española de Vox que incluye Encarta 97. En ocasiones la función diccionario se complementa con sinónimos (Planeta y Futura 97) o la traducción de las palabras al inglés (Universal) o al francés, inglés, italiano, alemán y portugués (Durvan y Futura97).

Si hablamos de la amplitud con la que se tratan los temas tendremos una idea bastante clara de la utilidad que podemos dar a cada uno de estos productos. Tomemos un vocablo común, "Aborto", y veamos qué nos cuentan las distintas enciclopedias. Encarta 97 y Universal hacen un desarrollo temático amplio, como muestra el esquema de ambos artículos; Encarta profundiza en sus aspectos médicos y hace una pequeña referencia a su regulación legal, por su parte Universal, además de tratar la cuestión médica con más amplitud, considera aspectos psicológicos y legales con especial referencia a la realidad de nuestro país. En el otro extremo, Salvat sólo considera el término en su diccionario lexicográfico y Planeta da una pequeña información.

Si nos fijamos en las fotografías e imágenes, todas tienen una buena colección (alrededor de 5.000); destaca la calidad TrueColor de Futura 97. Son muy interesantes los diaporamas (conjuntos de imágenes comentadas) que presenta Salvat sobre cada comunidad autónoma y otros temas de interés como el cine y otras artes. La diferencia es mayor si pasamos a los sonidos, vídeos y animaciones. Lo más habitual son grabaciones de himnos, sonidos de animales, instrumentos musicales, etc., pero si quer