El término “verde” ha generado muchas críticas. Según este informe, esta palabra ha sido “una forma amigable de introducir entre los empleados y los consumidores el tema del cambio climático”, pero también es muy “vaga” en términos generales, pues “carece de las definiciones específicas necesarias para gestionar las emisiones de carbono o de otros gases de efecto invernadero”, explica Marieke Beckmann, responsable de comunicación y relaciones corporativas de CDP, quien también añade que el término también es algo engañoso, “no debería ser utilizado”.

El informe, que ha sido realizado junto a IBM, establece una serie de medidas por las que las compañías podrían establecer guías de actuación para reducir las emisiones de carbono, incluyendo tales como establecer pautas; nombrar un responsable de información sobre carbono; facturas de la electricidad mucho más detalladas; tablas de consumo departamental de carbono; un mayor uso de la videoconferencia y la mensajería instantánea; así como más trabajo móvil y reducción en los viajes de trabajo.

La necesidad de establecer definiciones es un asunto peliagudo, pues cada compañía ofrece diferentes ratios de consumo de sus servidores. Beckmann coincide al señalar que es difícil medir las emisiones y el consumo de carbono. “No existe un estándar que sea aplicable en todas las compañías o en todos los sectores. De hecho, ni tan siquiera hay un estándar que pueda se aplicado en un único sector”.

Aceptando que es obvio que decir que reducir las emisiones de carbono debería suponer el contar con una definición precisa de lo que son las emisiones de carbono, ha afirmado que muchas organizaciones ni tan siquiera la han establecido. “Algunas veces, definir lo obvio es lo mejor y más necesario”.