Durante la celebración de una conferencia sobre cómo aumentar la confianza en los sistemas de voto, los responsables de la Administración norteamericana en materia electoral se han sumado a la preocupación de técnicos e ingenieros informáticos acerca de las garantías que otorgan los sistemas electrónicos de voto que Estados Unidos utiliza desde la aprobación de la ley electoral de 2002.

En esa ley, la Help America Vote Act of 2002, se aprobaba destinar millones de dólares a la mejora y actualización de los sistemas de votación, cosa que la Administración ha hecho comprando plataformas de voto online a varias empresas desarrolladoras de máquinas y aplicaciones para tal fin.

Los expertos en Tecnología de la Información en este simposio cuestionaron si los sistemas de seguridad de estos sistemas son efectivos, después de haber encontrado vulnerabilidades y agujeros de seguridad en el software de las máquinas de voto online.

Varios expertos proponen “parchear” los fallos encontrados en plataformas como la de la empresa Diebold con procedimientos y protocolos de seguridad, pero otros expertos afirman que aunque se haga esto, los votos electrónicos que se emiten en las máquinas no aseguran un recuento fiel de los mismos. Al parecer, según los técnicos existen fallos tan importantes como de suministro de energía que no están cubiertos del todo por sistemas redundantes. Otros expertos proponen realizar auditorías para verificar que el voto ha sido efectivamente depositado en la urna electrónica por una persona concreta, pero ese punto genera un gran desacuerdo por la complejidad que generaría el proceso.

La Administración, por su parte, teme que se repitan los problemas de un sistema de votación online cuando se lleve a cabo un eventual recuento de votos, como sucedió en el estado de Florida en 2000. El problema se presentaría si los votos en papel no se correspondiesen con los emitidos en las máquinas, y al final se tendría que solucionar en los tribunales.

El objetivo de la Administración es conseguir que las elecciones ganen en flexibilidad y simplificación del procedimiento, pero los ingenieros informáticos no pueden garantizar un sistema de voto cien por cien seguro e intransferible.

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