Las autoridades chinas han cerrado más de 17.000 cibercafés en toda china y otros 28.000 tendrán que acometer un proceso de reforma interna durante los próximos meses. Esta caza de brujas corre a cargo del Ministerio Chino de Información e Industria (MII), que ha trabajado para ello con el departamento de policía y otras agencias legales. Los cierres son el resultado de los esfurerzos del gobierno por clausurar cibercafés con “gestión ilegal y prácticas dudosas”.

En la actualidad existen un total de 94.000 cibercafés en China. Para sobrevivir en calidad de operadores legítimos, los establecimientos han de registrarse en la MII e instalar software de gestión de seguridad, que permitiría a las autoridades monitorizar las actividades de los internautas y registrar los sitios web a los que han accedido, con el objeto de restringir “usos impropios” de Internet.

El 20,5 de los usuarios de la población de internautas en China, estimada en 26 millones, acceden a Internet a través de cibercafés. Para las autoridades chinas, si estos usuarios no son monitorizados o se les dan pautas para “el correcto uso” de la Red, podrían utilizar Internet para actividades “incorrectas”. Con el objeto de regular lo que entiende por buen uso, el gobierno chino ha habilitado una especie de tarjeta de identidad necesaria si se quiere acceder a Internet. En el chip de la tarjeta se registra el historial de los sitios visitados.

Con este cierre, las autoridades chinas esperan solucionar dos problemas importantes: bloquear las visitas a sitios ilegales y restringir a los menores de edad su entrada en los cafés durante su tiempo de ocio.

Pese a que esta medida pueda parecer exagerada, no es una novedad en la política del gobierno chino puesto que, según Matthew McGargey, analista de IDC, la autoridades siempre se han caracterizado por aplicar principios estrictos en el control de acceso a los medios.