Todo parece indicar que las perspectivas de que Linux se convierta en un sistema operativo dominante en los equipos de sobremesa, compitiendo cara a cara con Windows, ha finalizado.

A pesar de su seguridad y estabilidad, así como de los importantes avances que ha experimentado en usabilidad, rendimiento y compatibilidad, Linux simplemente no ha conseguido imponerse entre los usuarios de equipos de sobremesa. Y si alguna vez hubo una oportunidad de que tuviera éxito en ese campo, ese tren hace tiempo que pasó de largo.

En los últimos años, las modernas distribuciones de Linux como Ubuntu, transformaron totalmente la experiencia de usuario con el código abierto en algo elegante y simple, superando a Windows y Mac OS en seguridad y estabilidad. Mientras tanto, el fracaso público de Windows Vista y el aumento de los netbooks, dieron a Linux algunas oportunidades para capturar una porción significativa del mercado. Pero fueron desperdiciadas y las ha perdido. Así, la cuota de mercado de Linux en el mercado de sobremesa sigue estancada en torno al uno por ciento.

Deberíamos destacar que no estamos hablando de la muerte de Linux en sí mismo. De hecho, los nuevos proyectos en los que trabaja la Fundación Linux muestran efectivamente que la demanda de Linux en los servidores superará a la de todas las demás opciones en los próximos años. Y, como explicaremos en detalle en este artículo, Linux se ha establecido ya como un sistema operativo dominante en dispositivos móviles y embebidos, desde tablets y teléfonos a televisores o impresoras.

Pero para cualquiera que haya deseado un futuro en el que las distribuciones gratuitas y de código abierto de Linux pudieran rivalizar con los principales sistemas operativos de Microsoft y Apple en equipos de sobremesa, debería volver a replantearse sus expectativas y establecer otras más realistas. En cualquier caso, todo parece indicar que Linux nunca será el sistema operativo más utilizado en los equipos de sobremesa.

Oportunidades perdidas

Hace unos años, todo parecía apuntar a que las bases estaban sólidamente establecidas como para que se produjera una amplia adopción de Linux. Después de todo, Ubuntu había creado una distribución prácticamente a prueba de tontos que era tan fácil de instalar como Windows o Mac OS. El soporte de los drivers del hardware llegó a una masa crítica de usuarios. Incluso los principales fabricantes de PC como Dell habían intensificado sus esfuerzos para ofrecer Linux como una opción preinstalada en sus portátiles y equipos de sobremesa.

Al mismo tiempo, la confianza de los consumidores en Windows Vista había descendido significativamente, de modo que los usuarios pedían a gritos otras opciones. Y para endulzar aún más las perspectivas del código abierto, la aparición de los netbooks proporcionó a Linux una nueva plataforma que dominó indiscutiblemente durante unos meses. Si hubo algún momento ideal para que Linux despegara, 2008 fue su año. Pero no estaba destinado a que fuera finalmente así.

Aunque Asus consiguió desatar una tendencia masiva con netbooks simples y baratos, y optó por lanzar sistemas preinstalados con una distribución Xnadros que dejaba mucho que desear, otros fabricantes se movieron también torpemente entre una variedad de malas opciones que le dieron a Microsoft la oportunidad de barrer el mercado extendiendo la vida de Windows XP. Con ese movimiento, Linux perdió todas sus esperanzas en la revolución netbook. Mientras tanto, los usuarios de equipos de sobremesa que huyeron de Windows Vista, acabaron por cambiarse a Mac o volver a Windows XP. Por aquel entonces, enero de 2009, Microsoft lanzó la beta de Windows 7, perdiendo Linux así una oportunidad de oro para haberse hecho con un hueco en el mundo de los equipos de sobremesa.

¿Por qué falló Linux en el escritorio?

El fracaso de Linux a la hora de conseguir hacerse con una mayoría de usuarios de PC no fue una sorpresa prácticamente para nadie, pero las razones para ello, son a menudo mal interpretadas o, cuando menos, manifiestamente erróneas. Linux no fracasó en el negocio de los equipos de sobremesa porque “es demasiado friki”, “demasiado difícil de usar” o “demasiado oscuro”, como suelen esgrimir sus detractores. Por el contrario, la distribución más conocida de todas, Ubuntu, ha recibido altas calificaciones por su facilidad de uso en la mayoría de los artículos de prensa tecnológica y cuenta con un menú desplegable casi idéntico al Mac OS X.

El problema es otro. ¿Quiere relajarse viendo una película en su PC Linux? Buena suerte. Al final, parece que Linux está condenado en el escritorio por una falta enorme de contenidos. Y esa escasez de contenidos debe su existencia a dos factores fundamentales. Por un lado, la fragmentación de la plataforma Linux y la ideología feroz que comparte la comunidad de código abierto en general.

Las expectativas de los usuarios han cambiado dramáticamente en los últimos años, y ya no es aceptable que ningún PC falle a la hora de ver cualquier contenido multimedia. La reproducción de DVD y las descargas de vídeos de Internet son capacidades fundamentales que todo ordenador debe tener. Pero la política del mundo del código abierto hace que sea un sueño casi sin esperanzas para Linux.

“Comparto la esperanza con todo el mundo de que un software gratuito y de código abierto emerja y cumpla los requisitos de entrega de contenidos que tienen los usuarios”, ha declarado el veterano desarrollador de Linux, Jeff Whatcott, vicepresidente sénior de marketing de Brightcove, una empresa especializada en vídeo online. “Pero eso no está ocurriendo”.

“La gestión de contenidos digitales no es popular entre los partidarios del código abierto”, ha declarado Whatcott, lamentando que la comunidad de código abierto siga siendo, en general, contraria a las tecnologías de gestión de derechos digitales. Sin esos sistemas, los proveedores de contenidos comerciales no tienen ningún incentivo como para adoptar Linux. Y Whatcott señala que, incluso si la comunidad de código abierto estuviera deseando seguir adelante, el campo de los derechos digitales está dominado por “profundas piscinas de patentes”, por lo que es poco probable que se consiga hacer una alternativa libre y de código abierto en este sentido.

Mientras tanto, las tecnologías más comunes de streaming como Adobe Flash, que Whatcott ayudó a traer a Linux en su papel anterior como responsable de producto en Macromedia y más tarde en Adobe, obtienen muy pobres resultados en Linux.

“No fue porque no lo intentáramos”, explica Whatcott. “En ese momento, Macromedia puso muchos recursos en sacar eso adelante”. Pero a pesar del duro trabajo que llevó a cabo el equipo de ingenieros “que amaban Linux”, la fragmentación de la plataforma Linux y las dificultades presentadas por lo que Whatcott describe como controladores de calidad “alfa” para hardware de audio y vídeo, hicieron muy difícil alcanzar el éxito por parte del equipo de desarrollo de Flash.

El escritorio en sí mismo puede ser irrelevante

De todos modos, no debemos ser muy duros con Linux. Después de todo, hay indicios de que los sistemas de sobremesa se están convirtiendo en irrelevantes.

“La guerra entre aplicaciones nativas y en la