Hace unos meses, nada parecía indicar que iba a cambiar tan rápidamente la vida de Francisco Martín, un joven científico que realiza su tesis en el Instituto de Inteligencia Artificial del CSIC en Barcelona. El centro, pionero en el desarrollo de tecnologías inteligentes con múltiples aplicaciones empresariales, ha encontrado dificultades para transferirlas; es decir, para comercializar los resultados de la investigación, aunque ha participado en numerosos programas europeos. “Siempre te quedas en la parte de prototipo y no llegas a su desarrollo”, señala Francisco Martín, hoy día presidente del consejo de administración de Isoco.

Spin-off

Por ello, en julio Martín decide crear, con el apoyo del CSIC y junto con otros cuatro investigadores del IIA, la empresa de inteligencia artificial aplicada a Internet. Un spin-off, en la jerga habitual del Silicon Valley. La pasada semana Isoco firmó un acuerdo de colaboración con el CSIC que le permite utilizar las instalaciones del IIA en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona como centro de I+D y cooperar en proyectos empresariales conjuntos. Isoco es el primer spin-off del CSIC. Pronto vendrán otros más en variados campos tecnológicos, como asegura Ramón López de Mántaras, vicedirector del IIA.

Pero, ¿de qué sirve la inteligencia artificial en el comercio electrónico? Los desarrollos de Isoco se basan en componentes de software inteligentes, unos programas creados con técnicas de inteligencia artificial, probados y protegidos, que se ensamblan en función de la aplicación deseada. Comparado con los métodos tradicionales de programación desde cero, el sistema de componentes permite desarrollar aplicaciones informáticas avanzadas a medida con mucha rapidez, flexibilidad y a un menor coste: los componentes se han desarrollado previamente, están probados y son reutilizables. También trabajan sobre algoritmos de aprendizaje, el razonamiento aproximado y la programación basada en restricciones. Aplicadas al comercio electrónico estas tecnologías permitirán la extracción, análisis, integración y personalización de información en Internet. Por ejemplo, las subastas electrónicas se convertirán en sistemas de negociación, gracias al empleo de algoritmos de negocio.

La Bolsa puede esperar

Martín reconoce que Isoco ha tenido suerte de trabajar desde el principio para grandes empresas, “dado que es un negocio con mucho riesgo”. La firma está formada por el pequeño núcleo de accionistas fundadores, pero ha creado una autocartera “que repartirá entre todos los trabajadores”, asegura. Su modelo se basa claramente “en la filosofía de empresa americana”, con horarios libres y vaqueros incluidos. Al menos, por ahora. Dado el gran crecimiento registrado en tan corto período de tiempo, Isoco anda estos días ultimando la estructuración de la compañía. A pesar de que han recibido numerosas propuestas para su salida a Bolsa, Martín prefiere esperar al menos un año para dar semejante paso “para fundar una empresa española de tecnología fuerte y que tenga estabilidad”.

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