Tómese un momento y mire a su alrededor. Rebusque en sus bolsillos o en su bolso. Haga memoria de lo que metió en la última maleta que hizo. Vuelque encima de la mesa todo cuanto lleva consigo en estos momentos. No, no está pasando por un control de seguridad ni detector de metales. Pero piense cuántos dispositivos lleva consigo diariamente que utilizan baterías: portátil, teléfono móvil, cámara de fotos, reproductor MP3, navegador GPS, PDA… La industria se prepara para buscar nuevos materiales que den respuesta a la mayor demanda de baterías  y a la necesidad de que éstas duren más.

¿Se acuerdan de los primeros teléfonos móviles que se hicieron populares en nuestro mercado? Algunos de ellos funcionaban a pilas. Hoy, sin embargo, sería impensable contar con un terminal de estas características. Y algo parecido sucede con cámaras de fotos o reproductores de MP3. Sí, pueden funcionar con pilas, pero lo cierto es que la mayoría de nosotros valoramos, y mucho, que cuenten con baterías. Y si son de ión-litio, rápidamente recargables y con un número de horas disponibles bastante aceptable, mejor. 

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Ión-litio, ese objeto oscuro del deseo

Las baterías están diseñadas para ofrecer energía eléctrica sin necesidad de estar enchufados a la corriente. Además, en el caso concreto de las de ión-litio, son fácilmente recargables. Otra de sus características, que le han permitido ser tremendamente populares entre los usuarios de equipos de informática y electrónica de consumo son los componentes que forman parte de ella, que son muy ligeros (lo que permite que el peso final del producto no se vea altamente perjudicado), así como su elevada capacidad energética y resistencia a la descarga. Además, las baterías de ión-litio no tienen el denominado “efecto memoria” (que se produce cuando se recarga una batería cuya carga anterior no ha sido completamente agotada, acortando la vida útil de este componente) y pueden ser cargadas y recargadas en multitud de ocasiones.

Todas estas prestaciones le han conferido como la opción preferida por la mayoría de fabricantes de productos de informática o electrónica de consumo. No en vano, este tipo de baterías llevan con nosotros desde los años 90. No obstante, la pregunta que muchos se hacen es hasta cuándo.

Y es aquí cuando entran en juego tres factores importantes. El primero de ellos es que, como todo producto, no es perfecto. Así, las baterías de ión-litio adolecen de tener una degradación muy rápida y ser muy sensibles a las elevadas temperaturas, lo que obliga a los fabricantes a adoptar medidas de seguridad adicionales cuando se incluyen estas pilas en los productos. Parejo a esta idiosincrasia, está el hecho de que, en poco menos de dos años, se han producido alertas y retiradas de lotes enteros de baterías porque estallaban. Los casos más sonados han sido en los ordenadores portátiles , pero también algunos fabricantes de teléfonos móviles se han visto dañados por estos problemas y han tenido que reemplazar y retirar del mercado algunos modelos concretos de baterías.

El tercer factor que entra en juego es la demanda de este material por parte de otras poderosas industrias, especialmente el automóvil. Con el auge de los coches eléctricos (auge en el que juegan, casi a partes iguales, la preocupación por el medio ambiente y la carestía del petróleo), la demanda de ión-litio para fabricar las baterías con las que puedan funcionar estos vehículos se ha disparado.

Los coches, los últimos en subirse al carro

De hecho, es éste último aspecto el que está haciendo saltar todas las alarmas de una posible carestía del material suficiente para afrontar la creciente demanda de este tipo de baterías. Así, una de las marcas más reconocidas en automóviles híbridos es Toyota, quien ya ha anunciado que está en fase de pruebas de su modelo Prius con baterías de ión-litio.  Unas pruebas que se están llevando a cabo en el Reino Unido y que se prolongarán durante, al menos, un año, con el fin de poder evaluar el rendimiento de estos nuevos coches, por lo que no está prevista su comercialización hasta 2011.

En estos momentos, los coches denominados híbridos funcionan con una batería eléctrica aunque ésta es de niquel-cadmio. Sin embargo, todo apunta a que la industria automovilística ha puesto sus miras en el ión-litio. ¿Por qué? Básicamente porque se recargan directamente de la red eléctrica. Es decir, que se podría “enchufar” el coche para su recarga. Es lo que esta industria denomina vehículo híbrido enchufable o PHV (Plug-in Hybrid Vehicle).

Según las explicaciones facilitadas por Toyota, la batería de ión-litio (la supletoria) se recarga con puntos de recarga especiales o en la red doméstica que tendrán los empleados que están probando el coche en sus hogares o en cualquier otro punto donde exista una toma de corriente. Mientras esta batería disponga de carga, el Prius puede moverse con emisiones cero y consumo de combustible nulo. Aunque de momento no son muchos estos coches “enchufables” sí adelantan una tendencia, puesto que la industria del automóvil espera que esta batería supletoria alimente el motor eléctrico durante más tiempo y con menos limitaciones, al tener más capacidad y tener un tiempo de carga razonable.

Un material al alza

Así pues, el ión-litio es un material al alza. Tanto que algunos se cuestionan si este bien empieza a escasear y si, por tanto, estamos ante un preciado metal que tenga más demanda que oferta y, por tanto, que vea multiplicado su precio en el mercado.

Por tanto, no es de extrañar que los países “productores” de este material empiecen a frotarse las manos, sobre todo porque muchos de ellos están en vías de desarrollo y, qué duda cabe, esta ley de merc