VIDA Y HOGAR DIGITAL | Artículos | 22 MAR 2017

Artiloquio, crowdfunding recurrente hecho en España

Financiar la creatividad no solo a cambio de recompensas, sino por el mero gusto de que ésta sea posible y sostenida en el tiempo. Ésa es la misión de esta plataforma, según su fundador.
Artiloquio, crowdfunding recurrente hecho en España

“Juan no sabe el esfuerzo que Ana tiene que hacer para grabar sus vídeos, pero, si lo supiera, estaría encantado de ayudar a Ana”. La frase pertenece al vídeo promocional de Artiloquio, una plataforma de crowdfunding recurrente que funciona desde hace unos meses en España, donde está vía de financiación todavía está poco explorada. La historia de Juan y Ana señala dos realidades casi enfrentadas, la sed imparable de información y entretenimiento de los internautas y la dificultad de sus creadores para encontrar financiación.

Desde septiembre de 2016 Artiloquio intenta conciliarlas a través de una plataforma de contenidos que no solo funciona como fan page en la que suscribirse a las actualizaciones de nuestro youtuber o bloguero preferido, sino también como un canal a través del que demostrar nuestra confianza en los creadores mediante pequeñas aportaciones económicas, que dan acceso a contenido exclusivo y recompensas. Son los usuarios quienes deciden si, además de recibir notificaciones de los nuevos trabajos de su autor favorito, quieren convertirse en mecenas. Todo ello de forma “sencilla y transparente” según su fundador, Nacho Brito, que explica a PCWorld qué diferencia hay entre el crowdfunding recurrente y el crowdfunding tradicional.

“El crowdfunding tradicional funciona muy bien para proyectos grandes, como rodar una película o un documental, o grabar un disco completo”, señala. Pero no tiene sentido “para el autor de un podcast que tenga ediciones semanales, o un youtuber que publique dos vídeos por semana”. “En esos casos es mucho más natural recaudar las aportaciones en forma de suscripción. En Artiloquio los creadores registran una página donde publican sus proyectos y solicitan financiación para continuar desarrollando su actividad. Los usuarios que quieran hacerse mecenas pueden definir una aportación mensual (desde 1€) durante el tiempo que ellos quieran”, explica.

Mientras que en el tradicional se establece una fecha tope para recaudar el dinero, a partir de la cual la campaña concluye o, en caso de que no haya suficientes aportaciones, se cancela (y con ella el proyecto), en el crowdfunding recurrente los pagos se repiten en el tiempo a modo de suscripción, sin importar cuántos sean. “De esta manera el youtuber o el autor de un podcast pueden trabajar de manera continuada financiándose mediante aportaciones mensuales de sus seguidores”, comenta Brito.

Él se dedica al desarrollo de software, y fue precisamente durante el ejercicio de su profesión cuando dio con las claves para fundar Artiloquio. En 2015, al publicar una aplicación que necesitaba financiación, decidió hacerla de pago ante la falta de alternativas que no implicasen anuncios, aunque se confirmó su sospecha de que pocos la comprarían. Por otra parte, conocía la existencia de plataformas de crowdfunding recurrente como Patreon en otros países. El resto, cuenta, fue “unir los puntos”. “Decidí crear Artiloquio para proporcionar a creadores de contenido una forma sencilla de financiarse mediante aportaciones voluntarias de sus seguidores, sin necesidad de recurrir a la publicidad ni de restringir el acceso al contenido haciéndolo de pago”. La plataforma todavía es un bebé, asegura Brito, y es pronto para hablar de cifras, pero la acogida está siendo buena.

Pese a su apuesta por el crowdfunding recurrente, Brito rechaza la idea de que el micromecenazgo más tradicional esté empezando a cansar a los internautas. “Simplemente hay un tipo de creación que no encaja con el modelo de proyectos, y por eso surge esta necesidad”, rebate. Y cita casos que para él son tan significativos como el del periódico digital eldiario.es y los programas de radio La Cafetera, de Fernando Berlín, y Carne Cruda, de Javier Gallego. En ellos los suscriptores no pagan solo para tener acceso exclusivo al contenido, sino para colaborar en que el propio contenido se pueda generar, y también por el reconocimiento y la satisfacción de hacer que el proyecto sea posible. En eso consiste, afirma, el mecenazgo recurrente.

“Nadie puede pensar a día de hoy que poniendo publicidad de Adwords en tu blog te vas a forrar o que simplemente con la visualización de tus vídeos en Youtube ganarás suficiente como para mantener el canal, invertir en equipo y contratar colaboradores”, continúa. Son mitos, dice, que, afortunadamente, van quedando superados: el grueso de los internautas comienza a ser consciente de que actualizar semanalmente con calidad, por ejemplo, un canal de YouTube requiere un esfuerzo y habilidad “que deben ser tenidos en cuenta”.

Está claro que para la mayoría de los creadores de contenido el modelo publicitario no es suficiente. En el mejor de los casos, tardarás meses o incluso años en llegar a un público suficiente como para que el volumen de tráfico o de visualizaciones haga rentable la publicidad. Y por otra parte, hay muchos usuarios sensibles a la creación que entienden que si no aportan algo al creador éste tendrá que buscarse un trabajo para comer y probablemente no tendrá tiempo para seguir publicando contenido”, reflexiona.

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