VIDA DIGITAL | Artículos | 02 NOV 2016

Wikileaks, Google y las presidenciales americanas

Hay quien acusa al controvertido Julian Assange de estar haciendo campaña por el aún más controvertido Donald Trump. ¿Por qué?
Wikileaks, Google y las presidenciales americanas
Gage Skidmore (cc)
Manuela Astasio

Desde que fundó Wikileaks, Julian Assange ha tenido que enfrentarse a todo tipo de cargos y acusaciones: delitos informáticos, delitos contra la seguridad nacional, violación de secretos… incluso abusos sexuales. Pero en las últimas semanas se le afea algo nuevo: estar haciendo campaña a favor del polémico magnate y candidato republicano a la presidencia de los EEUU, Donald Trump.

Assange nunca ha sido ajeno a la política. De hecho, después de saltar a la fama, en 2013, presentó su candidatura a un escaño en el senado de Australia (su país de origen) a través del Partido Wikileaks. No parece, sin embargo, que militar en una formación política que, como la suya, defiende los derechos humanos y el libre flujo de la información sea compatible con hacer campaña para un tipo que, como Trump, dice que quiere cercar México con un muro y acostumbra a vetar a medios y periodistas incómodos.

¿De verdad está trabajando Assange para que Trump gane? El origen de esta idea procede de la campaña que, para muchos, el australiano lleva tiempo realizando contra la rival del republicano, Hillary Clinton. Este otoño el fundador de Wikileaks anunció que, con motivo del décimo aniversario de la plataforma por la transparencia, cada semana desvelaría nuevos documentos, algunos de ellos relacionados con la candidata. Los demócratas se revolvieron entonces, alegando que en campaña hay cosas que no deben removerse. Los partidarios de Trump celebraron el gesto.

Otras de sus nuevas filtraciones, aseguró Assange, tendrían que ver con Google. Éste es un dato interesante, puesto que la animadversión que Assange parece sentir hacia Clinton tiene mucho que ver con el gigante tecnológico y sus lazos con la Casa Blanca, que para el australiano chocan frontalmente con la libertad que se le presupone a la actividad en Internet. En su libro Cuando Google encontró a Wikileaks (Le Monde Diplomatique, 2014), Assange asegura que Google ha trabajado en secreto de forma muy estrecha con el Departamento de Estado -el mismo que Clinton encabezó durante el mandato de Obama- en operaciones militares internacionales con objetivos tan calientes como Irán y Afganistán.

“En algunos aspectos”, contaba Assange en un fragmento del libro, “los escalones más elevados de Google me parecen más distantes y oscuros que los pasillos de Washington”. “Nadie parece querer reconocer que Google se ha convertido en algo grande y malvado. Pero lo ha hecho. Durante el ejercicio de Eric Schmidt como CEO, Google ha colaborado con las más turbias estructuras de poder estadounidenses al tiempo que se convertía en una megacorporación cada vez más invasiva”, añadía después.

Varios cables de Wikileaks incluían supuestas pruebas de lo anterior, y las sospechas de Assange adquirieron mayor crédito público cuando se supo que Jared Cohen, un jovencísimo asesor de Clinton en el Departamento de Estado, había pasado a trabajar para Google en 2010. Pero el crecimiento imparable de la megacompañía nunca pareció verse demasiado afectado por estas revelaciones.

Quien sí ha visto seriamente dañada su imagen por escándalos procedentes de la red ha sido, precisamente, Hillary Clinton. El fantasma del polémico uso que la candidata demócrata realizó del correo electrónico en sus años como secretaria de Estado (utilizó su cuenta de correo personal para asuntos de trabajo durante los cuatro años que permaneció en el cargo, exponiendo así asuntos de seguridad nacional a ciberbrechas) ha regresado. Pero, aunque el fundador de Wikileaks filtró alrededor de 20.000 emails privados de Clinton en julio, el escándalo esta vez no solo procede de la mano de Assange, sino también del FBI, cuyo director actual, James Comey, es de orientación republicana.

Según la agencia de investigación, nuevos emails de Clinton podrían haber sido descubiertos en el dispositivo móvil del ex marido de una de sus colaboradoras más estrechas, Huma Abedin. El ex congresista demócrata Anthony Weiner se encuentra ahora mismo investigado por un posible delito sexual contra una menor, y es en el seguimiento de ese caso donde habrían aparecido nuevos correos de Clinton, que habrían ido a parar no se sabe muy bien cómo del teléfono de Abedin al de su ex pareja. Las informaciones al respecto son confusas y poco claras, e incluyen el hecho de que el FBI no tiene autorización legal para revisar los emails de Clinton que ha descubierto, pero el daño podría ya estar hecho: los partidarios de la demócrata temen que haya perdido su ventaja en las encuestas respecto a Trump, a quien llegó a adelantar en 11 puntos. La media nacional le daba a principios de semana una ventaja de menos de 3, aunque no existen consultas posteriores a la intervención del FBI.

Queda menos de una semana para las elecciones presidenciales y, según las promesas de Assange, una nueva filtración de documentos. Habrá que ver si apuntan a Clinton, cómo afecta a sus resultados en los inminentes comicios, qué parte de la responsabilidad puede atribuirse al fundador de Wikileaks y cuál a las revelaciones del FBI.

Fotos: Aaron Webb (cc) / Matthew ‘TK’ Taylor (cc) / Gage Skidmore (cc) 

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