VIDA DIGITAL | Artículos | 09 ENE 2017

Por qué hay quien cree que Facebook y Twitter son la nueva caja tonta

Defensores de la Internet más libre y democrática advierten del peligro de una red en la que el vídeo y el clic rápido terminen 'matando al discurso'.
Por qué hay quien cree que Facebook y Twitter son la nueva caja tonta
Una escena de la tercera temporada de 'Black Mirror'.
Manuela Astasio

“Hace cinco años”, dijo Mark Zuckeberg en 2015, “la mayoría del contenido de Facebook era solo texto. Ahora son fotos. Y dentro de otros cinco años consistirá principalmente en vídeo”. El plazo pronosticado por el poderoso empresario ni siquiera ha expirado todavía, pero su profecía parece estar cumpliéndose: el vídeo ya es el contenido rey en las redes sociales. Aunque no a todo el mundo le parece una buena noticia.

Si queremos seguir siendo animales racionales, necesitamos más texto que vídeo”, afirmó recientemente en un artículo para Technology Review el bloguero iraní Hossein Derakhshan. A Derakhshan lo encarceló el régimen de su país en 2008 por lo que escribía. Cuando entró en prisión conocía una Internet, según sus propias palabras, “descentralizada, donde el texto era el protagonista y era rico en hipervínculos para consultar fuentes”. Lo que se encontró ocho años después, cuando lo liberaron, fue bien diferente.

Facebook y Twitter habían reemplazado a los blogs, convirtiendo Internet en algo muy parecido a la televisión: centralizada, tomada por la imagen, con los contenidos insertos dentro de las fotografías y sin enlaces que ampliasen”, explica el bloguero, que incluso se aventura a defender que la televisión es algo mejor que ese modelo de Internet que no le gusta nada, puesto que en la pequeña pantalla cabe un factor sorpresa -el de las decisiones que tomen los programadores, humanos distintos, al fin y al cabo, a nosotros- que los algoritmos personalizables de las plataformas online hacen cada día más difícil de ver.

Para servicios como Google, Facebook y Twitter, mostrar “información relevante” a sus usuarios equivale a mostrar información similar a la que ya han consumido. Lo que no hace, para algunos expertos, sino reforzar nuestros puntos de vista y crear lo que Eli Pariser ha bautizado como burbuja de filtros, cuya capa exterior se antoja cada día más gruesa e infranqueable.

La punta del iceberg que ha hecho que muchos pongan el grito en el cielo han sido los sorprendentes resultados electorales de los últimos meses, por ejemplo, la oleada de noticias falsas en Facebook que, para algunos, contribuyó a la victoria de Trump. Gente como Sandra Rudy, CTO de la firma española de consultoría política Redondo & Asociados, lo tiene claro: quien quiera mandar hoy en política tiene que hacerlo también en redes sociales. No obstante, lo que preocupa no es solo el peligro de manipulación, sino también el riesgo de que nuestras mentes se vuelvan más cerradas.

¿Se muere el discurso?

El título del artículo de Derakhshan - Social Media Is Killing Discourse Because It’s Too Much Like TV, “las redes sociales están matando al discurso porque se parecen mucho a la televisión”- lo dice todo, y se inscribe en una corriente de opinión que afirma que vivimos en una época, la de la posverdad, en la que hay factores que importan mucho más que el conocimiento y los datos. “Al igual que la televisión, las redes sociales sobre todo nos entretienen, y arraigan nuestros hábitos y creencias. Nos hacen sentir más que pensar, y nos reconfortan más que desafiarnos. El resultado es una sociedad muy fragmentada, dominada por las emociones y radicalizada por la falta de contacto mutuo y de desafíos externos”, escribe el iraní.

‘Nosedive’ (caída en picado), el primer episodio de la temporada más reciente de la distópica serie de Charlie Brooker, Black Mirror, pretende ser futurista, pero su retrato del poder del like y el retweet en nuestras vidas parece más bien presente. En él, el mundo (atención, spoiler) se ha convertido en un lugar en el que el número de ‘me gusta’ obtenidos en Internet puede condicionar hechos tan decisivos para nuestra vida como el trabajo que consigamos, el piso que alquilemos o, incluso, el acceso a determinados tratamientos médicos. Más allá de lo verosímil o no de una situación así, lo que más asusta del episodio es que los elementos que deciden el número de likes se parecen mucho a los que lo hacen ahora: instantáneos y emocionales en el mejor de los casos, viscerales y poco reflexivos en el peor. Black Mirror es ficción, pero el consumo fragmentado y compulsivo de historias en la red, el movimiento casi inconsciente de nuestro índice sobre la pantalla, da igual si es la vida de un amigo del instituto o la de un ciudadano sirio, no lo es. “Tenemos que escribir y leer más, insertar más enlaces, ver menos vídeos y pasar menos tiempo en Instagram y YouTube”, asegura Derakhshan. “Tenemos que dejar de pensar que cualquier evolución de la tecnología es natural, inevitable y, en consecuencia, positiva”.

Fotos: Netflix.

 

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