VIDA DIGITAL | Artículos | 18 OCT 2016

Notificaciones, ¿para qué os quiero?

Las notificaciones de aplicaciones y redes sociales nos asaltan cada vez que consultamos nuestro teléfono móvil. ¿Cumplen su verdadero propósito?
Foto: Nicolas Nova (cc)
Foto: Nicolas Nova (cc)
Manuela Astasio

Qué raro resulta desbloquear el móvil y no tropezar con una avalancha de iconos en la parte superior de la pantalla: alertas de redes sociales, correo electrónico, noticias, sugerencias de búsqueda. Basta con pulsar uno para entrar en un bucle desde el que es bastante probable que ya no recordemos qué íbamos a hacer. Las notificaciones marcan nuestro camino. Pero ¿hacia dónde nos llevan?

Ya no basta con no acceder a las apps desde nuestro smartphone; si queremos ignorarlas, aunque sea por unos días, lo mejor que podemos hacer es desinstalarlas. Las plataformas que dependen de los ingresos publicitarios saben que cada segundo que permanecemos conectados es un segundo más en el que estamos generando ingresos; por eso se encargan de recordarnos su existencia.

El último ejemplo es el de WhatsApp, que presentó hace no mucho su última actualización: las menciones. Esta funcionalidad incorpora a la app de mensajería una característica ya presente en plataformas como Twitter y Facebook, que permite nombrar a usuarios específicos escribiendo el símbolo @. Esto supone que, aunque hayamos silenciado un grupo, si alguno de los participantes nos menciona en él, la notificación llegará igualmente a nuestro teléfono. Y el límite de miembros para las conversaciones grupales en WhatsApp acaba de ampliarse a 256.

También es el caso de Facebook. Dentro de su apuesta por convertirse en un mundo con entidad propia del que ya no es necesario salir ni siquiera para comprar o para leer nuestro periódico preferido, la red social que dirige Mark Zuckerberg ha aumentado últimamente la frecuencia con la que envía notificaciones a sus usuarios. Sirvan de ejemplo los cumpleaños: Facebook ya no solo avisa en el aniversario de nuestros contactos, también nos recuerda cuáles se nos olvidó felicitar mientras estuvimos desconectados.

Aún más paradigmático es lo que hace Twitter. Empeñada en dejar de ser esa red social cercada por sus particularidades, a la que el límite de caracteres, el orden cronológico y la jerga técnica estancaron a millones de usuarios de distancia de Facebook, la plataforma de microblogging ha decidido tirar de notificaciones para fomentar el engagement de su comunidad.

De un tiempo a esta parte, la aplicación de Twitter envía a nuestro móvil notificaciones que, vibración incluida, informan de lo que nos perdemos si no estamos mirando el timeline de forma constante. Tuits a nuestro alrededor que podrían interesarnos, tendencias cuyo número de publicaciones aumentan, cuentas a las que han empezado a seguir perfiles a los que nosotros también seguimos…

Google también se esfuerza por recordarnos su presencia en nuestra vida online (y offline). La información que volcamos en su plataforma a través de nuestras cuentas en Gmail y otros servicios es utilizada para la personalización de casi cualquier cosa que hagamos desde un dispositivo de Android, con un protagonismo especial de las actividades geolocalizadas: sugerencias de itinerarios, avisos de Google Places, información sobre reservas de vuelos y hoteles son algunas de ellas.

Todo eso sin contar otras posibilidades, como las notificaciones que envían los juegos móviles y las alertas de medios de comunicación que también podemos instalar. Las compañías quieren recordar al usuario que su aplicación existe, pero ¿y si el usuario no quiere recordarlo? Mary Meeker, una inversora y gurú estadounidense que cada año publica un respetado informe de tendencias globales, ya dijo en el de 2013 que los usuarios de smartphones consultamos nuestro teléfono una media de 150 veces al día. Si restamos (con bastante optimismo) a las horas del día una media de ocho de sueño, los cálculos estiman que miramos nuestro móvil casi cada nueve minutos.

Así resulta muy difícil concentrarse, y no solo en lo que estamos haciendo fuera del teléfono, también en lo que sucede dentro de él. Hay ocasiones en las que el alud de notificaciones es tal que las invisibiliza y dificulta que prestemos atención a lo que es más relevante para nosotros, por no hablar de la angustia que en algunos usuarios provoca la ya conocida como infoxicación. Quizá la mejor manera de conseguir usuarios activos sea utilizar la cada día mayor y más detallada información que las compañías manejan sobre ellos para, precisamente, optimizar las notificaciones y enviar solo las que sean de verdad relevantes.

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