VIDA DIGITAL | Artículos | 15 FEB 2016

"No puedo con Twitter"

Abrir una cuenta en Twitter es muy fácil, pero mantenerla activa, no tanto. Hemos hablado con algunos desertores de los 140 caracteres y nos han confesado que, al final, tanto ingenio les terminó agobiando un poco..
Manuela Astasio

Abrir una cuenta en Twitter lleva muy poco tiempo. El mismo que se tarda, más o menos, en publicar esos 140 caracteres que pueden cambiarte la vida. Para bien, o para mal.  En los últimos años la red social ha quitado y puesto reyes en la parrilla televisiva, en la escena política y en el mercado de consumo, con esa capacidad suya de generar torrentes de opinión en los mismos segundos que un terremoto.

En la plataforma, dice Jaime, un usuario de 32 años, “no sólo llevamos dentro un seleccionador de La Roja, también un médico, un abogado o, si ese día se ha estrellado un avión, un ingeniero aeronáutico”. Pero si tanto nos gusta opinar como parece ¿por qué no es Twitter sino Facebook la que ya ha superado los 1.500 millones de usuarios activos

El que entonces era director ejecutivo de la red social Twitter, Dick Costolo, empezó 2013 con las pilas bien cargadas, anunciando públicamente que la compañía cerraría ese año con 400 millones de usuarios activos. Pasaron los meses, y cuando 2014 llegó Twitter ni siquiera tenía 300 millones. Tres años después, Costolo ya no es CEO (dimitió, y lo reemplazó en 2015 Jack Dorsey) y hoy las cifras oficiales de la empresa hablan de 320 millones de usuarios.

Si Facebook es un lugar mainstream que puedes compartir tanto con tus abuelos como con ese rollete que te acabas de echar, en Twitter, con su jerga propia, sus mongoreplies y sus limitaciones de caracteres, hay que ser un poco más expertillo. Su equipo está preocupado por eso, como demuestran algunas de las novedades que ha introducido en los últimos meses: una portada más llamativa, recordatorios de mensajes antiguos o corazones que explotan cuando indicas que te gusta un tuit. Todas buscan convertir la red social en un lugar más fácil de digerir y usar, que capte nuevos usuarios y recupere a aquellos que se abrieron una cuenta en Twitter que ya nunca utilizan. Cabe preguntarse, no obstante, si es esa curva de aprendizaje lo único que separa a la red social de sus usuarios. Por eso hemos hablado con quienes no hacen oír su voz en la plataforma: los que ya no la usan.

"Me exigía mucho tiempo"

Arturo tiene ahora 28 años, y registró un perfil en 2011. “Muchos de mis amigos ya usaban Twitter, y me decían que allí había mucha gente muy interesante y divertida. Pero pronto me di cuenta de que era una red social que exigía mucho tiempo, y de que, más que divertirme, me encabronaba, porque no era un punto de reunión de amigos, sino un sitio donde estaban metidos todos los cuñados de España”.

Jaime también pertenece al grupo de los desertores. Tiene una cuenta, pero no publica nada desde hace meses. Lo mismo le pasa a Claudia, de 29 años: se registró hace años, porque es periodista y creía que alguien de su profesión “no podía estar sin Twitter”, pero no llegó a captar la dinámica de la conversación en la plataforma –“me hice un lío con los hashtags”- y la abandonó hasta en dos ocasiones. Mantener un perfil en la plataforma se convierte en una obligación de publicar, dice Beatriz (29), “aún sin contenido”. Twitter parece, por tanto, un lugar más inhóspito para los voyeurs -quienes no actualizan nunca y solo entran a ver qué dicen los demás- que Facebook.

La red social emplea distintos mecanismos para intentar guiar los primeros pasos de los recién llegados, con recomendaciones de cuentas, coberturas en tiempo real y tuits. Pero Alberto, de 29 años, señala que también hace falta paciencia para encontrar, agregar y filtrar perfiles que resulten interesantes, y que, al final, hay que “tirar de gente desconocida”.  Aceptar las recomendaciones de Twitter no es garantía de leer contenidos interesantes, piensa él: ni siquiera lo es seguir “a tus conocidos y amigos”.

¿La dictadura del ingenio?

Es lo que lleva a muchos y muchas, como explicaba más arriba Arturo, a abrir un perfil en la red social: la capacidad de sus usuarios para publicar mensajes ingeniosos, que sigue rellenando día tras día secciones en programas de radio y televisión. Pero Jaime confiesa que aún no ha logrado aún “condensar un comentario inteligente y perspicaz en 140 caracteres” y que quizá es eso lo que le lleva a rechazar esta red social. ¿Hace falta ser brillante para escribir en Twitter?

Hay quien no se siente cómodo con la ‘dictadura’ de los followers y las ocurrencias. “Al final, tanto ingenio en tan pocos caracteres agobia un poco”, confiesa Claudia. Aunque le gusta el humor que inunda el servicio –“el anonimato hace que la gente se quite filtros y pase de lo políticamente correcto, cosa que se agradece”-, Alberto también lamenta que, a veces, “el sarcasmo sustituya a la argumentación” y las conversaciones pasen a ser “monólogos”.

Fernando (29) sí cree que la plataforma actúa como “un buen indicador de la opinión pública”, pero reconoce que le ha llegado a parecer “pedante”. “Hay ocasiones en las que el logro es ser más gracioso que el de al lado, y no le veo mucha utilidad a eso”, explica. Algo parecido le ocurre a Pavel (33), que abrió una cuenta que ya no usa, porque la plataforma le resultaba “muy clasista”, comenta entre risas. “Si no tenías muchísimos seguidores, tu opinión no valía nada, era todo muy competitivo, demasiado centrado en conseguir followers”, opina.

Y eso último puede afectar a cualquiera. Incluso al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, o, más bien, a su equipo de comunicación. Su perfil oficial en Twitter estuvo en el punto de mira en 2014, tras un repentino y misterioso aumento de followers justo cuando el de Pablo Iglesias, entonces rutilante líder de Podemos, acababa de adelantarlo en número de seguidores. La propia red social confirmó que muchas de las cuentas que seguían de pronto a Rajoy eran falsas, y pese a las sospechas de que podía tratarse de una accidentada compra de followers, todo quedó, oficialmente, en “un incidente extraño”.

La capacidad de impacto de la plataforma en la esfera pública no está reñida con las sensaciones encontradas que su dinámica todavía provoca en muchos usuarios. Quizá por eso su equipo baraja cambiar sus métricas de audiencia desde hace tiempo, y cambiar los usuarios activos por todos aquellos que leen un tuit donde sea, en la televisión, en un periódico digital, en un evento… En cualquier caso, nunca es tarde para engancharse a Twitter: fue, precisamente, la reciente irrupción de nuevos partidos que sí son nativos digitales en el panorama político español la que llevó a Arturo a recuperar hace poco su cuenta (ésa que abrió en 2011), y a empezar a usar la red social como herramienta de información. “Ahora mismo soy un adicto”, reconoce.

Foto cc: fjromeroa

 

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