VIDA Y HOGAR DIGITAL | Artículos | 07 DIC 2016

Cuando todos escribimos lo mismo en Facebook

Los defensores de las redes sociales hablan siempre de su pluralidad. Sin embargo, nada es tan contagioso en un newsfeed como las emociones, y su efecto multiplicador de mensajes.
Cuando todos escribimos lo mismo en Facebook
Por Manuela Astasio.

Nos conocemos ya desde hace unos cuantos años. Así que, cuando amanecemos con determinadas noticias -la victoria de un candidato insólito, la muerte de una figura admirada-, no es difícil presentir lo que nos encontraremos al abrir Facebook y Twitter en alguno de nuestros dispositivos: una multiplicación de los mismos mensajes.

Las horas posteriores a la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, por ejemplo, fueron una sucesión de posts llenos de incredulidad e incluso de manifiesta falta de fe en los votantes, salpicados de vez en cuando por algún mensaje más sosegado o, quién sabe, más cínico, que recordaba que el presidente electo ni siquiera se había sentado todavía en el Despacho Oval y que aún era muy pronto para anunciar el fin del mundo.

Pero eso daba igual o, al menos, no bastaba para detener la avalancha de “no puede ser verdad”, “no me lo puedo creer” y “el mundo está loco” que comenzó a tomar el newsfeed y el timeline de las redes sociales de muchos usuarios a partir del 8 de noviembre. Fuera de las pantallas, en cambio, los resultados no dejaban lugar a dudas: por muchos ‘me asombra’ que acumulase la victoria de Trump en Facebook, ésta era una realidad tras una campaña que había estado, cuanto menos, muy reñida.

Es más, probablemente, en otros círculos de la red en los que operase una burbuja de filtros distinta los mensajes serían diferentes, y celebrarían el fracaso de Hillary Clinton, la candidata del establishment. Eso sí, con el mismo efecto multiplicador; porque la homofilia, aquella palabra que el alemán Karl-Günther Heimsoth acuñó en 1924 para designar la tendencia de las personas a relacionarse solo con quienes se parecen a ellas, ha encontrado en el universo online un hábitat ideal. Somos nosotros quienes decidimos las vistas de la ventana con la que nos asomamos al mundo.

Algo muy contagioso

El efecto multiplicador, por supuesto, no solo se ciñe a sentimientos negativos: también atañe a lo bueno, como la admiración o el homenaje a determinadas celebridades. Aunque ésta solo llegue en forma de avalancha cuando la figura en cuestión fallece.

Pasó hace muy poco con el canadiense Leonard Cohen. El poeta y cantautor, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006, falleció el pasado 7 de noviembre, apenas unas horas después de la victoria de Trump. Los usuarios de Facebook y Twitter llenaron entonces ambas plataformas con versos, canciones (en especial, ‘Suzanne’) y vídeos de YouTube de temas del artista. Ante tal epidemia, fueron muchos los que se vieron en la obligación de actualizar su muro declarando que sí, que ellos también eran grandes admiradores de Cohen. Otros, en cambio, se quedaron callados; quizá porque no lo admiraban o conocían tanto, o quizá porque consideraron que repetir el mismo mensaje tantas veces hacía que éste perdiese un poco de sentido.

Dicen que las redes sociales e Internet en general han aportado a nuestra vida pluralidad de puntos de vista y de fuentes de información, la posibilidad de configurar una cosmovisión propia y personalizada. Pero, ¿hasta qué punto amplifican nuestra perspectiva en momentos en los que todo el mundo las utiliza para decir lo mismo? ¿Qué nos empuja a usarlas para decir algo que ya han dicho miles de personas?

Probablemente, tenga que ver con el ingrediente básico en todos los contenidos que se vuelven virales: la emoción. La emoción, aunque sea compartida con millones de individuos, siempre es única, personal y genuina, y en redes sociales suele parecer merecedora de ser compartida. La emoción, además, es muy contagiosa. Lo demostró aquel estudio que Facebook llevó a cabo entre sus usuarios en 2012 (sin el consentimiento informado, por cierto, de sus participantes), y cuyos resultados demostraron en 2014 que los usuarios colgaban mensajes positivos o negativos en función de los contenidos a los que anteriormente habían sido "expuestos": si un usuario leía en su muro más mensajes tristes, tendía a hacer publicaciones en este tono, y lo contrario sucedía si leía publicaciones más alegres.

Lo demuestran, también, los botones en forma de corazones, caras sonrientes, sorprendidas o tristes que pueblan las aplicaciones y plataformas. Lo demuestran historias como la de Nadia Nerea, la niña que padece tricotiodistrofia y cuya familia ha recaudado más de 150.000 euros que ahora están siendo investigados tras una campaña de captación de fondos llena de anécdotas inauditas y detalles sin contrastar. El asunto se encuentra ahora en entredicho, pero en las primeras horas de campaña, tuiteros tan populares como el periodista Jordi Évole y Alejandro Sanz no dudaron en sumarse a la masa de usuarios que compartieron su caso, porque, en redes sociales, la emoción suele ser el botón en el que hacemos clic más rápido. 

Contenidos recomendados...

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios
X

Uso de cookies

Esta web utiliza cookies técnicas, de personalización y análisis, propias y de terceros, para facilitarle la navegación de forma anónima y analizar estadísticas del uso de la web. Consideramos que si continúa navegando, acepta su uso. Obtener más información