VIDA DIGITAL | Artículos | 04 OCT 2016

Cibercondría: la hipocondría ahora es digital

Internet se ha colado entre los síntomas de quienes padecen hipocondría: búsquedas que, en lugar de calmar las sospechas que les preocupan, las confirman y las empeoran.
Cibercondría: la hipocondría ahora es digital
Foto: Christian Hornick (cc)
Manuela Astasio

Confundir síntomas corporales, que muchas veces son de ansiedad, con una enfermedad grave probablemente sea un trastorno tan antiguo como el ser humano. Confirmar ese mal pálpito con búsquedas en Google parece, sin embargo, algo más propio de la era digital. Internet le ha puesto apellido a la hipocondría, reencarnada hoy en hipocondría digital o cibercondría, dos términos médicos ya ampliamente aceptados.

En realidad, como explica a PCWorld el psicólogo Santiago Cid, su significado apenas presenta diferencias con el primigenio. Simplemente, en lugar de tratar de aliviarse acudiendo a la consulta o urgencias, como sucedía antes de la llegada de la red a nuestros hogares, “el paciente también lo hace consultando por Internet”, señala el especialista.

Y lo que empieza como la búsqueda de información que pueda aplacar las falsas creencias que los pacientes tienen de estar gravemente enfermos termina por validar y agravar éstas. Cid reconoce que, aunque siempre ha recibido muchas consultas de este tipo en el centro en el que trabaja en Madrid, la penetración de Internet en la sociedad durante los últimos años “podría haber aumentado” los casos de hipocondría.

“La información acerca de salud en Internet puede estar sesgada en muchos casos, debido a que cualquier persona puede escribirla sin tener formación. Esa información sesgada reforzará los miedos de quienes padecen una hipocondría”, indica.

“Sabiduría” popular

“Si estás muy delgada, muy delgada, puede que seas celíaca”. El comentario lo escribe una usuaria que se oculta tras un sobrenombre en un popular foro, donde también se mezclan, en otros hilos, anécdotas de conocidos, datos extraídos de Wikipedia y el argumento de algunos capítulos de la serie House. Desde los truculentos resultados que devuelve Google Imágenes al buscar cualquier tipo de trastorno hasta los “creo que” que pueden encontrarse por doquier en Yahoo Respuestas, Internet puede ser un campo minado para la aprensión. No es raro que, tras leer la lista de síntomas de un determinado trastorno en un foro, reconozcamos dos o tres en nuestro organismo.

 “La información en Internet nunca podrá sustituir a la visita a un profesional que evalúe nuestro caso personal, por lo que, si estamos preocupados por algo relativo a nuestra salud, la única vía fiable es acudir a la consulta de un profesional que pueda valorarnos”, aconseja Cid.

No obstante, ¿debemos desconfiar por sistema de cualquier información o consejo de naturaleza médica con el que nos encontremos en la red? Plataformas como Personas Que, multinacionales del sector y gigantes tecnológicos como Google y Apple apuestan por la digitalización de la salud a través de nuevas apps y servicios. “La mejor forma de diferenciarlo es ver la fuente de la que proviene, el profesional o centro y su formación y acreditaciones sanitarias”, responde el especialista.

Síntomas y mecanismos de prevención

La tendencia obsesiva a malinterpretar síntomas corporales como una enfermedad grave, el gran miedo a padecerla que esto provoca y la ansiedad y sus consecuentes taquicardias, mareos, cefaleas, pitidos en los oídos y calambres musculares suelen estar presentes en quienes padecen hipocondría. A nivel conductual, agrega Cid, son frecuentes los rituales de autoinspección corporal constantes, las conversaciones sobre salud, las visitas al médico y -desde hace algunos años- las comprobaciones por Internet.

Acudir a un psicólogo tan pronto como veamos que comenzamos a estar excesivamente preocupados por la salud es el consejo de este especialista, que recuerda que muchos hipocondriacos tardan años en visitar una consulta, lo que provoca que el trastorno, que condiciona la vida de quienes lo sufren interfiriendo en su trabajo, sus relaciones sociales y hasta de pareja, “se arraigue y sea más difícil de tratar”.

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