VIDA DIGITAL | Artículos | 12 AGO 2016

Brutalismo web: Internet ya no puede estar en blanco y negro

Una nueva tendencia arrasa en el diseño web con una máxima: lo feo es bonito pero, sobre todo, sorprendente. El brutalismo quiere sacudir las mentes de los internautas con tipografías gigantes y colores chillones.
Brutalismo web: Internet ya no puede estar en blanco y negro
Manuela Astasio

El brutalismo arquitectónico ya tiene réplica web. Y la versión online de esos bloques de hormigón que dan sombra a la periferia de tantas ciudades son sitios en colores de neón, con textos sin justificar y GIF que parpadean de la misma manera en la que Google Ads prohíbe que lo hagan sus banners. Como su versión analógica, el brutalismo web es una provocación cuyo objetivo es el de despertar a quien la mira, y que ahora se está haciendo viral.

¿Despertar de qué? Pues, probablemente, del alud de temas minimalistas de WordPress que ahora mismo invade la red. No existe mayor placer para un webmaster masoquista que el de llevar la cuenta de todos los sitios web que usan la misma plantilla que el suyo. Por una cuota anual de 60€ cualquiera puede descargar elegancia y sobriedad en módulos personalizables para su tarjeta de visita online. ¿Pero qué pasa con la elegancia cuando se convierte en la única opción? Que nos adormece. Y ese verbo no forma parte de aquella Internet loca y democrática con la que tantos soñábamos, y todavía soñamos.

El brutalismo fue una corriente arquitectónica que, inspirada por Le Corbusier, vivió su mejor momento entre las décadas de 1950 y 1970. Fue un crítico de arquitectura británica, Reyner Banham, quien lo bautizó así, por su afán de expresar los materiales utilizados -fundamentalmente, hormigón- en bruto. En 2014, el diseñador Pascal Deville fundó brutalistwebsites.com, un directorio de webs que tienen algo en común: también están en bruto, con colores de neón, con textos sin justificar, con GIF que parpadean… y con imágenes sobredimensionadas, y con hipervínculos en azul noventero. ¿En bruto… o en feo? Como casi siempre, tras la estética subyace una ética concreta, que Deville resume así en la presentación de esta plataforma: “su aspereza y su falta de preocupación por parecer cómodas y sencillas hacen de las webs brutalistas una reacción de las nuevas generaciones a la ligereza, el optimismo y la frivolidad del diseño web”.

Es decir, que ahora que Google se plantea teñir los resultados de los enlaces de sus resultados de búsqueda a negro porque hasta el azul es demasiado chillón, ahora que un experto en UX puede aspirar a salarios por encima de las fantasías del resto, los diseñadores y webmasters brutalistas se han plantado. Basta de que nuestros ojos descansen sobre un lecho en blanco y negro, de tipografías legibles, de que todo sea fácil, de que encontremos rápido la página de inicio, de que reconozcamos todos los iconos y sepamos para qué sirven porque pertenecen a grandes compañías. Basta, porque la experiencia de usuario no puede ser, según ellos, ese flautista de Hamelin que nos guíe siempre. Quieren regresar a los tiempos en los que Internet era un universo por explorar, sin estándares estéticos ni uniformidad, aquellos tiempos en los que si algo debía destacar se escribía en mayúsculas y después se subrayaba. 

Quienes piensan así no solo outsiders: también es la firma francesa de moda Comme des garçons, que ha apostado por este estilo en su web oficial, en la que el usuario solo puede navegar haciendo clic en imágenes que no le dicen dónde llevan, o Katherine Arcement, la reportera del diario The Washington Post, que ya se hizo eco de esta tendencia. Más cerca de nosotros tenemos la edición española de Huffington Post, cuyas portadas, que tanta “sangre” hacían llorar al principio a los puristas, parecen, al menos en su mitad superior, un excelente ejemplo de brutalismo online aplicado al periodismo. Por cierto, Deville, el fundador de brutalistwebsites.com al que tanto debe esta tendencia, es ahora mismo director creativo de Freundliche Grüsse, una agencia publicitaria suiza. Quién sabe, quizá cuando el brutalismo sea la norma, la elegancia recupere su sentido original.

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