SEGURIDAD | Noticias | 23 MAY 2002

Los virus, lejos de remitir, atacan con más virulencia

En menos de una semana Klez, Kazoa y, ahora Spida.B, no están haciendo otra cosa que preocupar tanto a usuarios como a fabricantes de antivirus, quienes se ven desbordados por las incidencias. Por otro lado, la Justicia no se toma la cosa a guasa de chiquillos y ha empezado a aplicar condenas más que ejemplarizantes.
Santiago Carro
Celebrados los dos años de la carta de amor, uno de los virus más peligrosos recibidos en los últimos años – a la par se encuentra Melissa-, la propagación de virus está a la orden del día. Porque si bien es cierto que las principales compañías de antivirus anuncian un elevado número de virus diarios, la mayoría de ellos carecen de un peligro verdadero. Sin embargo, algunos de ellos representan un riesgo para los usuarios. Fue el caso de Klez la pasada semana. Klez además inauguraba un novedoso y eficaz sistema de difusión. Aparte de la ya conocida ingeniería social, o como engañar al usuario para infectarle el equipo, Klez aprovechaba cualquier vulnerabilidad en aplicaciones de uso habitual como el navegador de Internet o el correo electrónico, con la particularidad de que se ejecutaba con tan sólo una previsualización. De este modo, el usuario quedaba absolutamente desarmado ante el ataque del virus y sólo podía contemplar cómo su ordenador se convertía en un vivero para el gusano.
En menos de una semana Klez deja la popularidad del momento a otro virus: Spida.B, un gusano cuya destrucción se basa en que ataca los servidores SQL. Spida.B se trata de un gusano en JavaScript que afecta a máquinas que tengan instalada la aplicación Microsoft SQL y tengan una cuenta de administrador del sistema y que no haya sido protegido por una clave de acceso. Para su propagación, busca nuevos servidores que infectar cuya dirección IP no comience por 10, 127, 172 ó 192, puesto que éstas se encuentran reservadas para Intranets.

Penas más duras
Posiblemente los creadores de virus se lo piensen dos veces a la hora de enviar por la Red un virus. Por ejemplo, la condena a las que tuvo que enfrentarse el autor de kournikova, Jan de Wit, un joven de 21 años, no fue ni ejemplarizante ni ingrata -y además está apelando la sentencia -, habida cuenta de la pena impuesta:150 horas de trabajos comunitarios. Sin embargo, el autor de Melissa, David L. Smith, de 33 años, se enfrenta ahora a pasar los 20 próximos meses en una prisión federal, aunque en un principio fuera sentenciado por un Tribunal del estado de Nueva Jersey a 10 años de cárcel.
Melissa tuvo unas repercusiones económicas en el mundo de 80 millones de dólares de pérdidas y su nombre se debió a una bailarina de striptease que conocía Smith. Ésta es una de las causas por las que los autores son reconocidos, "al dejar una pequeña huella en el virus con la que se le puede relacionar, algo así como un sello personal. Por este motivo, un poco de vanidad, es por donde se les suele coger", ha afirmado Carlos Jiménez, presidente de Secuware.

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