MILLENNIALS | Artículos | 20 JUL 2016

Détox digital en La Casa de Los Moyas: la vida sin wifi, la vida mejor

Basándose en su propia experiencia, las propietarias de esta casa rural con encanto en un valle de Teruel decidieron que no ofrecerían conexión a Internet a sus visitantes durante su estancia. Y ellos se lo agradecen.
El entorno que rodea a La Casa de los Moyas.
El entorno que rodea a La Casa de los Moyas.
Manuela Astasio

Cuando las responsables de La Casa de Los Moyas decidieron transformar su casa familiar en un alojamiento rural con encanto, se toparon con una disyuntiva: ¿wifi sí o wifi no? La respuesta a éste, como a otros tantos dilemas, estaba en su propia experiencia en los momentos de ocio y familiares, y ésta les dijo, bien claro, que wifi no. Es más, que esto podía convertirse en uno de los principales atractivos de su negocio.

“El hecho de no tener prácticamente cobertura y nada de wifi nos ayuda a encontrar calma. Sentimos una gran liberación al no estar en alerta permanente, en tensión. Eso sí que relaja. Así que, ante la disyuntiva de instalar una red wifi o no, apostamos por ofrecer a quienes nos visitan lo mismo que disfrutamos nosotras”, explica a PCWorld una de ellas, Alba García Laguna.

Esta casa rural, ubicada en el recóndito valle de Olba (Teruel), es una apuesta más por el détox digital, una tendencia que reivindica los beneficios de desconectar y alejarse del email y las redes sociales durante un tiempo. Sus defensores sostienen que es una excelente manera de oxigenar nuestras mentes y de que el teléfono móvil deje de ocupar el centro de nuestro universo. También lo piensan así algunos de los visitantes satisfechos que han dejado comentarios en su página en Trip Advisor. “No tener cobertura telefónica nos ayudó a que los más jóvenes se desintoxicaran”, escribe una usuaria.

Las dueñas de La Casa de Los Moyas saben que éste no es el discurso dominante, y mucho menos ahora, cuando “el de la hiperconectividad arrasa”. “El détox digital tiene sentido como forma de establecer una relación más equilibrada con la tecnología, atenuando la dependencia y poniéndole límites para que no invada toda nuestra vida”, asegura García Laguna, quien piensa que “si eres de los que duerme con el móvil bajo la almohada o en la mesita de noche, hay un problema”.

Su receta para tratarlo es simple y eficaz: frente a otras iniciativas de este estilo que directamente prohíben la entrada de teléfonos móviles y otros dispositivos con conexión a la red en sus establecimientos, La Casa de los Moya ha optado, sencillamente, por apagar el wifi. “Nuestros clientes son adultos, y así los tratamos”, recalca García Laguna, que asegura que el resultado obtenido es el mismo.

“Sin wifi ni cobertura ya no importan las pantallas, las alertas, las alarmas o las lucecitas. Y lo primero que hacemos todos cuando inevitablemente los aparatos no funcionan es respirar profundamente. Ese es el momento en que empieza la desconexión”, apunta.

También ayuda “la energía increíble” del valle de Olba –“que perciben todas las personas que por algún motivo llegan hasta aquí”-, un lugar en medio de la naturaleza, junto al río Mijares, sin wifi y casi sin cobertura, donde comer sano, practicar ejercicio, nadar en el río y dar largos paseos por el bosque. “Con tiempo para todo”, subraya García Laguna. Además de lo anterior, ese todo incluye también algo muy importante: no hacer nada.

¿Criminaliza nuestra época il dolce far niente, como lo llaman en Italia? Puede, pero García Laguna defiende con rotundidad sus beneficios: “no hacer nada es hacer algo por nosotros mismos”. Desconectar unos días sirve para “vaciarnos de muchos de los efectos negativos que acumulamos a lo largo de semanas de actividad incesante, para darnos la oportunidad de recuperar otras cosas que nos gustan, de conocer otras nuevas, de volver a recuperar sensaciones”. Sobre todo, ahonda, para “situar a nuestro cerebro en el escenario perfecto para que desarrolle su capacidad creativa”. Porque hay veces en las que el bombeo constante de información desde la pantalla tampoco deja demasiado espacio para hacer ni concentrarse en nada distinto de ella. “La vida analógica es muy rica”, subraya García Laguna, “y hay que disfrutarla”.

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