| Artículos | 01 NOV 1996

Vida más allá de la Tierra

Tags: Histórico
José Mª Fernández Rúa.

El hallazgo de indicios de vida extraterrestre, anunciado durante este verano por la Agencia norteamericana del Espacio, continúa intrigando a la Comunidad científica internacional. Al principio hubo entusiasmo generalizado tras conocerse la noticia de que un equipo de científicos, dirigidos por David Mckay, había detectado indicios de vida microscópica en Marte hace más de mil millones de años. Semanas después surgieron voces que intentaron poner en duda este importante descubrimiento. Lo cierto es que esas pruebas las ha publicado la revista Science y que la NASA ya ha desvelado sus planes para conquistar el Planeta Rojo. No hay duda de que este hallazgo ha acelerado los planes científicos para explorar ese planeta, con una nueva flota de ingenios no tripulados, que ampliaran su objetivo en localizar planetas extrasolares susceptibles de albergar vida.

Este meteorito, descubierto hace doce años en la Antártida y preservado en nitrógeno en un laboratorio de Houston, está expuesto al público en Washington. Sin duda, se ha transformado en uno de los testigos más relevantes en la historia científica de este siglo. Los análisis realizados con ayuda de avanzadas técnicas informáticas en el meteorito ALH84001, de dos kilómetros escasos de peso, evidencian que hay trazas fosilizadas de microscópicos organismos, que hacen unos 3.500 millones de años habrían existido entre las aguas subterráneas del Planeta Rojo. En esa época, la tierra empezaba a ser poblada rápidamente por microbios autóctonos que, aunque primitivos, desencadenaron el proceso de evolución en nuestro planeta.

Cabe recordar, aquí y ahora, a Giovanni Schiaparelli. En 1882 este astrólogo italiano llegó a anunciar que había visto cómo se transformaban los famosos canales marcianos en el transcursos de las estaciones. Años después un multimillonario norteamericano llamado Percival Lowell construyó en una montaña del desierto de Arizona un colosal observatorio con el objetivo principal de investigar la civilización marciana. Los habitantes de la pequeña ciudad de Flagstaff asistieron con asombro y grandes dosis de incredulidad a la construcción de Mars Hills. Sin embargo a principios de siglo, concretamente en 1905, Lowell consiguió que el periódico The New York Times publicara en primera página que se había descubierto vida en Marte. El periódico definió ese hallazgo como uno de los diez descubrimientos más, importantes de ese año. De alguna forma, ese rotativo americano se adelantó en más de noventa años a la noticia divulgada por la NASA durante el pasado mes de agosto.

Al margen de estas anécdotas, la investigación de planetas supuestamente habitados surgió hace muchos siglos, cuando el hombre empezó a observar las estrellas y se dieron cuenta que algunas de ellas eran móviles y las llamaron planetas. Ahora y después de dos años de análisis concienzudos, los investigadores se han ocupado específicamente de eliminar la posibilidad de que estos rastros de vida fósil encontrados en el citado meteorito sean el producto accidental de contaminación terrestre. Al igual que en la mayoría de los avances científicos, son necesarias nuevas pruebas, pero hasta ahora nada aparece en contra de estos indicios encontrados en la Antártida se corresponden con formas primitivas de vida en Marte.

Lo cierto es que la NASA tiene previsto, durante este mes de noviembre, el lanzamiento del Mars Global Surveyor. Esta sonda fotografiará durante dos años la superficie marciana y estudiará su clima.

Siempre según los expertos, estos viajes entre la Tierra y Marte son únicamente posibles en periodos reducidos de seis a ocho semanas cada veinticinco mese. Y es, precisamente, en esta ventana de tiempo, cuando la danza medida de los dos planetas en torno al Sol les sitúa a una distancia más reducida de lo habitual y necesaria par hacer este periplo sea viable.

Como ha señalado el profesor McCleese, del Laboratorio Jet Propulsion, en Pasadena, el meteorito encontrado en la Antártida es una clave importante de cómo se debe buscar vida en Marte. Este cambio de prioridades ha forzado nuevas necesidades tecnológicas para la NASA. Entre ellas destacan métodos para que muestras físicas recogidas en Marte puedan retornar a la Tierra para su completo análisis. Esta posibilidad que se planteaba como un imposible antes del 2.005 en el mejor de los escenarios, se intenta adelantar para el próximo quinquenio.

Mientras se materializan estos ambiciosos proyectos, Estados Unidos tiene previstas también diez misiones en las que está involucrada Rusia y Japón con su proyecto B, que empezaría dentro de dos años.

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