| Artículos | 01 MAY 1996

Viaje al centro de la Tierra

Tags: Histórico
José Mª Fernández Rúa.

El hallazgo de un equipo multinacional de geólogos -entre ellos varios españoles del CSIC y de las Universidades de Oviedo y Granada- a doscientos cincuenta kilómetros de profundidad, ha quebrado la idea de que el manto terrestre es homogéneo. Estos trabajos, realizados con ayuda de avanzadas técnicas sísmicas de reflexión profunda e informáticas, tuvieron por escenario la cordillera de los Urales.

Al igual que en otras disciplinas, España cuenta con investigadores de gran prestigio en el área de Ciencias de la Tierra. Andrés Pérez, del Instituto Jaime Almera, es uno de ellos. Este científico es el responsable, por parte española, del proyecto "Urseis", que está integrado en el programa internacional "Urales". Los trabajos de campo que se llevaron a cabo en estas montañas hasta el pasado mes de noviembre se anunciaron en la reunión que, semanas atrás, celebró en la ciudad de San Francisco la Sociedad Americana de Geología. Estos resultados se han expuesto también en otra sesión científica que tuvo por escenario la ciudad de Granada.

Gracias al programa "Urseis" se han encontrado aspectos del manto, capa situada bajo la corteza terrestre, que nunca habían sido detectados y que rompen con la idea que teníamos de un manto homogéneo. Así, los investigadores han conseguido detectar imágenes de estructuras de gran tamaño y a 150 kilómetros de profundidad que, según las diferentes hipótesis manejadas, podrían ser fluidos, zonas de falla o, probablemente, el límite inferior de la placa tectónica que separa la litosfera de la astenosfera. Otro de los aspectos estudiados por este proyecto es la existencia de un engrosamiento de la corteza terrestre por debajo de la cordillera (raíz cortical). La corteza tiene un espesor de cincuenta y cinco kilómetros, en comparación con los cuarenta kilómetros que tiene al este y al oeste de los Urales. Andrés Pérez cree que la cordillera parece haberse mantenido congelada desde los tiempos de su formación (hace unos doscientos cincuenta millones de años) y no hay evidencias de la existencia de lo que se ha denominado "colapso orogénico". Se trata de un proceso mediante el cual las cordilleras, una vez formadas, tienden a expandirse y su raíz cortical a desaparecer.

Toda esta compleja labor se ha realizado con ayuda de técnicas sísmicas de reflexión profunda y de alto ángulo, que incluyen la detonación de grandes cargas explosivas y la utilización de los vibradores para obtener imágenes de calidad. Siempre según el grupo de investigadores españoles que lidera Andrés Pérez, con el estudio de la cordillera de los Urales se podrán determinar los límites de las antiguas placas tectónicas. De igual forma se podrá conocer las áreas ocupadas por arcos de islas volcánicas formadas hace más de cuatrocientos millones de años.

La idea de utilizar la sísmica de reflexión para explorar la corteza profunda surgió en Alemania en la década de los años cincuenta, y en los sesenta se llevaron a cabo los primeros trabajos de este tipo. En aquel momento había numerosas limitaciones, impuestas fundamentalmente por la tecnología, pero los expertos alemanes fueron capaces de conseguir reflexiones de las partes más profundas de la corteza y demostrar que la inferior era reflectiva. Años más tarde, investigadores americanos de la Universidad de Cornell pusieron en marcha el proyecto "Consortium for Continental Reflection Profiling" (Cocorp), para explorar la estructura cortical profunda de esa nación. Eligieron el estado de Texas para los trabajos de campo, utilizando métodos de la industria petrolera y un rango de frecuencias más bajo. Como reconoce Andrés Pérez, este experimento supuso la formación de otros grupos de trabajo en diversos países. Como la mayor parte del interior de la Tierra no es accesible a la observación directa (hay que tener presente que la perforación más profunda sólo alcanza doce kilómetros de profundidad cuando el radio del planeta es de seis mil trescientos kilómetros), los investigadores utilizan, preferentemente desde los años sesenta técnicas como la sísmica de reflexión profunda.

El sistema consiste básicamente en la generación de ondas en la superficie por medio de detonaciones en pozos situados a unos 20 ó 30 metros de profundidad. Las ondas se propagan radialmente hasta chocar con ciertas discontinuidades en las capas de rocas del subsuelo. Cuando existe un cambio abrupto en la densidad de las rocas o en la velocidad de propagación de las ondas se produce una reflexión hacia la superficie, que es captada por geófonos desplegados en línea y transformada en una señal eléctrica, que llega digitalizada a laboratorios en superficie para su posterior estudio con ordenadores.

Contenidos recomendados...

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios
X

Uso de cookies

Esta web utiliza cookies técnicas, de personalización y análisis, propias y de terceros, para facilitarle la navegación de forma anónima y analizar estadísticas del uso de la web. Consideramos que si continúa navegando, acepta su uso. Obtener más información