| Artículos | 01 NOV 1997

Tratamiento del color

Tags: Histórico
Existen muchas teorías del color y diversas formas de implementarlas en un ordenador
Ramón Montero.

Desde que se generalizaron las pantallas y las impresoras en color, todos los usuarios de ordenadores utilizan constantemente distintos colores en sus quehaceres informáticos. Cada vez que se configura el escritorio de Windows, la interfaz de un programa o el fondo de una pantalla (entre otras), se toman decisiones sobre colores. No digamos nada, si tenemos que realizar un diseño determinado con elementos gráficos, ya sea una página web, una tarjeta de felicitación, una portada para una revista o un retoque de una foto.

Algunos usuarios no tienen los suficientes conocimientos sobre las teorías del color como para tomar decisiones basadas en estudios técnicos o artísticos, por lo que suelen decidir sus composiciones aceptando las que vienen por defecto (en el caso de configuraciones de pantallas y ejemplos), utilizando una gama simple de colores básicos, probando diferentes combinaciones hasta dar con la más adecuada o basándose en el simple capricho, lo que no tiene por qué dar malos resultados, ya que la lógica mezclada con la fantasía suele dar buenos frutos, y al fin y al cabo, sobre gustos no hay nada escrito -¿o es sobre gustos es de lo que más se ha escrito?-.

Sin ánimo de pretender que todos los lectores tengan que tomar sus decisiones sobre sus diseños de color basándose en este artículo, a continuación se van a comentar algunas de las bases más generalizadas sobre las teorías de la aplicación del color, de tal manera que todo aquel que no tenga ideas concretas al respecto, pueda tener puntos de partida o referencias para utilizar las distintas gamas de colores posibles con una cierta lógica, dejando que los tiempos en los que decidían sus combinaciones cromáticas mediante el educativo sistema de "prueba y error" pasen a mejor vida.

No se trata tanto de explicar soluciones definitivas y dogmáticas, como de mostrar orientaciones que sirvan de ayuda para conseguir composiciones lógicas y equilibradas, o sea, no se va a tratar sólo de estudiar el color, sino de analizar las sensaciones que unas gamas determinadas de colores producen en el observador.

El lector más avispado, o sea, usted mismo, habrá observado que hasta ahora he puesto un especial cuidado en no hablar de "la teoría" del color, sino de "las teorías", y en no dar por sentado que los estudios sobre el color son ciencias exactas que hay que seguir al pie de la letra. Quizá ésto pueda resultar un tanto extraño para muchos lectores, acostumbrados a que hoy en día se traten casi todas las cuestiones desde un punto de vista técnico y científico, pero la realidad es que las apreciaciones sobre el color dependen demasiado de valores personales, ya que hay que mezclar lo que normalmente conocemos como "comprensión artística", esto es, la escala de valores que otorgamos a los colores desde un punto de vista basado en la experiencia personal, con los problemas específicos de la visión (luz, disfunciones, refracción, etc.), los parámetros de ajustes técnicos y las valoraciones globales basadas en estudios estadísticos y científicos.

Principios básicos

El lector que conoce las teorías del color, puede tomar sus propias decisiones, pero el que no conoce los estudios realizados al respecto, sólo puede trabajar de acuerdo con su experiencia.

Esta experiencia se remonta a los tiempos del aprendizaje infantil. Cuando se realizan trabajos gráficos en la escuela, normalmente se utiliza una gama de pinturas que pueden denominarse con un nombre (rojo, verde, azul,...) y con un apellido (claro, oscuro, fuerte,...), abarcando un número de opciones que suele oscilar entre doce y treintaiseis. Ahora, con un ordenador, no sirven esas referencias, ya que se dispone de un número casi ilimitado de colores, que hay que definir con combinaciones de colores primarios o con porcentajes de valores de saturación, intensidad y otros, no siendo extraño el caso de que se tengan que especificar con ternas de números en formato hexadecimal. La operatibilidad interna del ordenador basada en cálculos numéricos ha hecho que originalmente el problema se trate con una clara tendencia al control de los colores desde un enfoque matemático.

Esta situación ocasiona ya de por sí una gran dificultad al usuario no profesional, pero el problema no se reduce sólo a conocer cómo se puede conseguir cualquier color y aplicarlo directamente, ya que lo más difícil es saber qué colores son los más adecuados a una determinada composición.

El color no es un adorno, pues su fuerza es comparable a la de la palabra. En algunos casos es más importante que el propio dibujo. ¿Qué sería de los pintores impresionistas sin el color?.

La capacidad de comunicación del color se fundamenta en señales cromáticas que están formadas por imágenes y conceptos, unidos intrínsecamente. Se trata pues, de entidades con características físicas y psíquicas.

El punto de vista de este artículo es que la aplicación del color es una mezcla entre la "estética" y la "sinestética", considerando la estética como la apariencia de un objeto desde un punto de vista artístico y la sinestesia como la impresión relacionada a una sensación primaria procedente de un estímulo físico.

La realidad es que los colores pueden sugerir mucho más que una sensación visual agradable (o desagradable), ya que existen relaciones con los restantes sentidos (gusto, olfato, tacto y oído) que nos producen sensaciones de frío, de melodía, de aspereza, etc. Pueden también soportar una clara simbología, como lo demuestra la figura que define la bandera de un país, e incluso, las combinaciones de colores pueden sugerir conceptos muy variados, como joven-viejo, lento-rápido, duradero-breve, pesado-ligero, cerca-lejos, grande-pequeño, aunque normalmente nos interesan más los conceptos relativos a contrastes y armonías con mayor contenido plástico, siendo estos últimos los que se van a comentar.

Los modelos de color

Casi siempre que se dan normas de tratamiento de los colores, éstas se basan en sus características físicas (radiaciones, luz, longitudes de onda, etc.), y aunque éstas no aclaran cómo realizar combinaciones cromáticas adecuadas al diseño, es importante tener las ideas claras del funcionamiento de los distintos modelos de color que se utilizan normalmente en informática para poder seguir adelante.

Lo primero que hay que dejar claro es que el color está directamente relacionado con la luz, tanto con su intensidad como con su origen. Sin luz no se perciben los colores, cuestión fácilmente demostrable si nos introducimos en una habitación llena de objetos polícromos estando totalmente a oscuras. Es más, aunque exista luz en nuestro entorno, dependiendo de sus características, tendremos distintas apreciaciones de los colores de los objetos.

El lector que esté pensando que a partir de ahora empiezan las explicaciones clásicas del espectro de la luz, la descomposición de la luz blanca y otras similares con las que se explica el color desde un punto de vista científico, no debe preocuparse y puede seguir leyendo con toda tranquilidad.

Es de sobra conocido que el ojo humano contiene tres tipos distintos de receptores del color, que son sensibles a la luz roja, a la verde y a la azul, respectivamente. Esta es la base que emplea el sistema denominado RGB (Red-Green-Blue, esto es, Rojo-Verde-Azul), empleado por dispositivos que controlan los colores de forma aditiva, o sea, "sumando" colores, como es el caso de los sistemas de vídeo, capaces de "generar" luz.

El sistema RGB es muy simple, pero no es válido para todos los casos, como ocurre con los colores que se plasman sobre el papel, ya que éste "refleja" la luz en vez de generarla. Las impresoras de color utilizan combinaciones de colores de forma sustractiva, o sea, restando colores en capas superpuestas, lo que obliga a manejar una base de colores opuestos constituida por el cián (azul c

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