| Artículos | 01 ABR 2007

Tecnología: ¿Evolución o Decadencia?

Tags: Histórico
José Parada.
Hace ya casi un siglo, desde que Oswald Spengler escribiera “La decadencia de Occidente”, que muchos se han aventurado a especular con no poco arrojo y atrevido entusiasmo, sobre la decadencia de nuestra cultura. Cien años después la polémica continúa y no es aventurado el suponer que dentro de otros tantos la cuestión seguirá aportando controversia.

La cultura no es algo estático e inerte, es, casi por definición, dinámica y cambiante y lo que unos perciben como avance o evolución, para otros es retroceso o decadencia. La nuestra sigue empeñada, con cierto afán monopolista, en expandir su influencia por todo el orbe y desde el punto de vista geográfico abarca ya medio planeta.
Pero Occidente no sólo cambia la linde de sus fronteras, también cambia en sus hábitos, costumbres, creencias y en general en todo lo que tiene que ver con los comportamientos y hábitos de los individuos que lo conforman. Desde que los humanistas del siglo XVI, con la inestimable ayuda de la imprenta y el impulso artístico del Renacimiento, dieron por finalizada la Edad Media tras las cruentas luchas de la Reforma, Occidente ganó para sus individuos la libertad de conciencia. Rotas las barreras, sometida la uniformidad del pensamiento, el hombre se vio libre para investigar su entorno, para indagar sobre el origen de su existencia y para moldear su destino.
A partir de entonces nuestra cultura ha ido otorgando, poco a poco, una importancia cada vez mayor a las prácticas técnicas en detrimento de las artísticas, filosóficas, religiosas y literarias. Charles Percy Snow, en su ensayo “Las dos culturas” (1964), analiza cómo, a pesar de sus raíces comunes, desde Newton hasta el siglo XX, se produce una separación entre el mundo de los intelectuales (artistas, literatos y filósofos) y el de los científicos. Mientras unos se vuelcan en el mundo subjetivo e irreal de la imaginación y las emociones, los otros lo hacen con el objetivo de la lógica y el método racional. Hoy en día se percibe un claro acercamiento entre ambos mundos, ya sea porque las vanguardias artísticas hacen uso de la tecnología tanto para crear como para difundir su obra, o porque algunas áreas de la ciencia no encuentran respuesta en el método racional. La razón ya no sirve para explicar el mundo caótico de las partículas subatómicas, la biología molecular y la ingeniería genética necesitan de la moral al igual que la inteligencia artificial de la filosofía.
La percepción entre ambos mundos también ha cambiado. El séptimo arte ha evolucionado desde posturas contrarias a lo tecnológico en películas como “2001 Una odisea en el espacio” (Stanley Kubrick, 1968) o “Terminator” (James Cameron, 1984), donde la máquina es claramente el problema, a otras como las mostradas en “Inteligencia Artificial”(Steven Spielberg, 2001) donde la maquina deja de ser el problema para convertirse en la solución.
Desde el punto de vista religioso Occidente está, en general, inmerso en un proceso laicista y de abandono de la fe en el que la tecnología también tiene su influencia, pues a día de hoy cubre ciertas necesidades humanas que antes eran competencia exclusiva de Dios. Por un lado nos nutre, nos provee de comodidades en el presente y por otro nos da confianza en el futuro. Hoy en día Occidente cree más en la Tecnología que en Dios. Al fin y al cabo casi ninguno de nosotros hemos visto obrar milagros achacables a Dios, ¿pero y a la tecnología?, ¿cuántos imposibles, cuántos prodigios, cuántos milagros no le hemos visto alcanzar? No es por casualidad que ya no rezamos nuestras plegarias al acostarnos al final de la jornada para pedir fuerzas en la siguiente. Ahora, para asegurarnos el mañana, antes de acostarnos cargamos el móvil, la agenda electrónica, el portátil y toda la parafernalia de dispositivos que hacen nuestra vida más llevadera y que mañana, al igual que hoy, nos permitirán organizarnos, comunicarnos entretenernos... Hasta ahora, Dios guiaba al hombre mediante sus evangelios, ahora es el GPS , cuyas órdenes son más fáciles de interpretar, tiene más funcionalidades y es infinitamente más preciso. ¿Y en cuanto al futuro? ¿Le pido a Dios que me de salud, o me doy de alta en un buen seguro médico que cubra las gastos de un tratamiento a base de células madre? Dos mil años son muchos. Cansado de esperar a Dios, como los israelitas (Éxodo 32), el hombre occidental ha construido un becerro tecnológico y se ha puesto a adorarle.
Pero al hombre no le basta con prescindir de Dios. ¿Por qué simplemente prescindir de Él cuándo podemos imitarle, cuando mediante el uso de la tecnología podemos jugar a ser Dios? Juegos de Rol como “World of Warcraft” (Blizzard Entertainment, 2004) o “Second Life” (RealNetworks, 2002) nos permiten crear personajes, dándoles vida y forma en universos cada vez más reales. Algunos pasan ya más tiempo disfrutando de la vida de sus personajes que de la suya propia y no parece estar lejos el día en que se cumpla la profecía de la película “Matrix” (Wachovski, 2000) en la que lo virtual se convierta en lo real. Pero para ello, y para alcanzar el poder creador de Dios, tenemos que igualarnos a nosotros mismos dando el paso tecnológico hacia la Inteligencia Artificial. Hoy en día las maquinas ya nos ganan jugando al ajedrez (Deep Blue, 1997) y podemos chatear con algunos robots que responden a nuestra preguntas con su conocimiento enciclopédico (encarta@conversagent.com). pero de momento ninguna máquina ha sido capaz de pasar el “Turing Test” (Alan Turing, 1950), consistente básicamente en poder mantener una conversación sin que se note su naturaleza artificial. No es trivial el matiz, pasar de maquinas que solo nos den datos a máquinas que puedan interactuar y razonar con nosotros es un gran salto. Algunos intentos como “Cyc” (Doug Lenat, 1984), realizados por fuerza bruta a base de codificar cientos de miles de reglas de sentido común, se han quedado cerca. Hoy en día quizás resultarían exitosos si se utilizara la ingente cantidad de información que hay almacenada en los grandes buscadores de internet. Sí, estas grandes Bases de Datos almacenan no solo nuestras inquietudes, intereses y preferencias, sino que también almacenan las preguntas y respuestas que en formato de búsqueda hacen miles de millones de usuarios cada día. La máquina responde a las preguntas con multitud de posibilidades y aprende cuál es la correcta cuando nosotros validamos ésta con un doble click en el link más conveniente. El buscador nos ayuda a encontrar, nosotros le enseñamos. Ése es el trato, el acuerdo entre el hombre y la máquina. Un contrato que firmamos por las necesidades del presente y que quizás hipoteque nuestro futuro.
Occidente, apoyada en la tecnología, es de momento la cultura que lidera el mundo y salvo que se empeñe en tropezar consigo misma, parece que tiene asegurada su primacía y preeminencia por mucho tiempo. La ciencia y la tecnología, lideradas por los cuatro grandes campos de mayor progresión hoy en día, las redes, los ordenadores, la nanotecnología y la biotecnología, nos darán muchas sorpresas en años venideros. Tantas y tan variadas, tan seductoras y atrayentes que necesito experimentarlas, a pe

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