| Artículos | 01 OCT 2001

Secuestro del CO2

Tags: Histórico
José Mª Fernández Rúa.
Simulaciones informáticas dan vida a un ambicioso proyecto del Gobierno estadounidense para “secuestrar” bajo las aguas del mar el dióxido de carbono que producen sus industrias.

La negativa al protocolo de Kyoto por parte de la Administración estadounidense puede tener una inteligente alternativa, con el fin de acabar con las emisiones de dióxido de carbono que las industrias de ese país liberan a la atmósfera. Se trataría de apostar por el desarrollo de tecnologías que permitan la captura, almacenamiento y, si es posible, la reutilización de este gas contaminante. Esta estrategia empezó a estudiarse a finales de la década de los noventa. El “secuestro” del carbono consiste básicamente en atrapar el producido por la industria para, a continuación, almacenarlo en formaciones geológicas o inyectarlo en los océanos. Pero las tecnologías de que actualmente dispone el hombre son excesivamente costosas, a pesar de que los avanzados modelos matemáticos y las simulaciones que se están realizando con ordenadores arrojan unos resultados esperanzadores.
Datos estimativos realizados por técnicos del Departamento de Energía de Estados Unidos calculan entre veinte mil y sesenta mil pesetas (entre 120 y 360 ), aproximadamente, el coste del “secuestro” de una tonelada de dióxido de carbono. Estas cifras contrastan con su nivel de rentabilidad, que se sitúa en torno a las dos mil pesetas (unos 12 ). Entre los estudios que se llevan a cabo figura la inyección del CO2 en depósitos geológicos de gran profundidad, ya sea de petróleo y gas natural, o en yacimientos agotados de carbón. La primera de estas opciones atrae a los investigadores y técnicos ya que, en determinadas situaciones, bombear dióxido de carbono en depósitos de petróleo mejora su procedimiento de extracción. En este sentido, cabe señalar que actualmente ese país inyecta cada año unos treinta y dos millones de toneladas de este gas en pozos petrolíferos con esta finalidad. La otra cara de la moneda es que no se sabe qué sucede con la totalidad del dióxido de carbono en estos depósitos naturales. En cuanto a las minas abandonadas de carbón, los ensayos que se han llevado a cabo hasta el momento no arrojan datos positivos sobre sus efectos medioambientales, al igual que sucede en las formaciones salinas que, según cálculos teóricos, podrían almacenar medio billón de toneladas de CO2. Se desconoce si pueden retener el gas y evitar que se escape hacia la superficie, con la consiguiente contaminación de masas de agua potable.
La alternativa que más posibilidades tiene de realizarse es el “secuestro” del gas bajo las aguas de los océanos. Técnicos noruegos han diseñado y construido una instalación que “secuestra” el gas utilizando una formación salina bajo el mar, para inyectar un millón de toneladas al año. En esta línea, otra de las opciones más estudiadas es la inyección en las aguas profundas del CO2, que a través de una serie de procesos naturales absorben y emiten enormes cantidades del gas a la atmósfera. El Departamento de Energía estadounidense subraya que, si bien la tecnología está disponible a pesar de su elevado coste, todavía no se han despejado las dudas de los científicos en el sentido de una potencial alteración de la acidez de los océanos. Los estudios se llevan a cabo en las costas californianas, utilizando incluso micronutrientes que tienen la misión de estimular el crecimiento del fitoplancton y acrecentar la capacidad de las aguas marinas para absorber el dióxido de carbono. De cualquier forma y al margen de estos estudios, tampoco se descarta la transformación del gas en una serie de productos comerciales, como el carbonato de magnesio ya que, siempre desde un punto de vista teórico, las emisiones de CO2 podrían ser almacenadas bajo el manto de este compuesto químico, ocupando una figura geométrica de diez mil metros de longitud e igual medida de ancho, con un espesor de ciento cincuenta metros. Esta teoría podría hacerse realidad si los actuales ensayos ofrecen resultados positivos.

José Mª Fernandez-Rúa es Periodista, Jefe del Departamento de Ciencias del diario ABC y Miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York.

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