| Artículos | 01 ABR 2005

Revelado digital RAW

Tags: Histórico
Convierta su PC en un laboratorio fotográfico
Gonzalo Alvarez.
La mayor parte de los usuarios de cámaras digitales utilizan el formato jpeg para almacenar sus fotografías en la propia cámara, con un grado mayor o menor de compresión con pérdidas, lo que degrada la calidad de imagen. algunas cámaras permiten el uso del formato TIFF, sin pérdidas, pero que consume mucha memoria. los usuarios más avanzados conocen las ventajas de utilizar el formato raw, que no pierde información, mantiene un tamaño aceptable y permite la máxima flexibilidad en el post-procesamiento de la imagen y la mayor calidad y control sobre el resultado final.

En los últimos años, las cámaras digitales se han vuelto muy populares entre consumidores y profesionales. Su número ha superado ampliamente al de cámaras analógicas vendidas en España. La realidad es que cada día más y más usuarios, desde fotógrafos esporádicos de los que inmortalizan el viaje de vacaciones o el baño del bebé, hasta amateurs o profesionales se están pasando al mundo de la fotografía digital por un sinfín de ventajas de sobra conocidas por todos.
Los usuarios de todo tipo de cámaras ya están familiarizados con el formato JPEG, utilizado por la mayoría de cámaras digitales. Una de las mayores limitaciones de este formato se debe a que comprime la información de la imagen, introduciendo pérdidas, o lo que es lo mismo, reduciendo la calidad de la imagen final, ya que elimina aquella información menos perceptible para el ojo humano, pero perceptible al fin y al cabo, especialmente cuando la compresión es muy agresiva. Este tipo de compresión está pensada sobre todo para dispositivos de baja resolución, como los monitores, donde no tiene mayor importancia, pero no para las fotografías, especialmente si pensamos imprimirlas. Aunque todas las cámaras permiten ajustar este parámetro de compresión con el fin de que las imágenes ocupen menos en la limitada memoria de la máquina, a pesar de todo siempre se pierde detalle y se introduce ruido, degradándose la calidad de la imagen final. Una alternativa ofrecida por algunas cámaras consiste en almacenar las imágenes en un formato sin pérdidas como TIFF, lo cual acarrea un importante precio: gran cantidad de espacio de almacenamiento y, por consiguiente, mayor lentitud a la hora de escribir y transferir la imagen. Aunque las imágenes TIFF se pueden comprimir sin pérdidas, los tamaños finales serán mucho mayores que en JPEG.
Pero además de la pérdida de calidad por compresión y del tamaño de almacenamiento, existen otros factores importantes a la hora de decantarse por un formato u otro para capturar las imágenes digitales en la cámara. Cuando se aprieta el botón de disparo y se captura la imagen, antes de guardarse en la memoria, la imagen experimenta una serie de transformaciones en el procesador digital de la cámara para ajustar el equilibrio de blancos, la exposición, el color, la corrección gamma, la reducción de ruido, nitidez, etc. Todas estas operaciones, una vez realizadas sobre la imagen y generado el archivo digital, ya sea JPEG o TIFF, reducen drásticamente las posibilidades ulteriores de post-procesamiento en un programa de edición de imágenes como PhotoShop o PaintShop Pro. En otras palabras, muchos de los ajustes realizados por la cámara durante la captura de la imagen son irreversibles o dejan muy poco margen de actuación a su programa de retoque fotográfico favorito.
En las cámaras digitales de gama más alta existe otra forma de almacenar la información de la fotografía: el formato RAW, que contiene la información de la imagen en crudo (traducción literal de raw), sin ningún tipo de procesamiento por parte de la cámara. El formato RAW ofrece mayor flexibilidad, calidad y control que los formatos tradicionales JPEG y TIFF. En vez de completar dentro de la cámara el procesamiento de la imagen capturada, se pospone hasta que el archivo se encuentra en el ordenador del usuario, donde puede ser tratado con mucha mayor libertad y potencia de cálculo, lo que conduce a resultados mucho más satisfactorios y profesionales.

RAW: el negativo digital
Para hacerse una idea del potencial casi ilimitado de los archivos RAW, pueden ser considerados como el equivalente digital de los negativos aún sin revelar, mientras que los archivos en JPEG o TIFF se equiparan a la foto ya revelada. Si cuenta con un laboratorio propio de revelado, es evidente que partiendo de los negativos podrá dar rienda suelta a la creatividad y realizar una gran cantidad de ajustes y efectos, especialmente en blanco y negro. Por el contrario, si de lo que dispone es de la foto ya revelada, bien poco es lo que puede hacer con ella. Pues bien, los archivos RAW y los JPEG o TIFF se comparan de forma similar, siendo el ordenador el laboratorio de revelado digital. El proceso de revelado puede tener lugar dentro de la cámara cuando se utiliza el formato JPEG o TIFF, que es la circunstancia habitual, o bien en el propio ordenador, cuando se convierte el formato RAW. En cualquier caso, este proceso incluye los siguientes pasos generales:
Demosaicing: vea el cuadro El sensor digital de las cámaras.
Equilibrio de blancos: la luz (solar, fluorescente, tungsteno, flash, etc.) no es 100% blanca, sino que posee una temperatura de color determinada medida en grados Kelvin (K). Una temperatura baja implica que la luz posee tonos cálidos, rojizos y amarillentos, mientras que temperaturas altas implican tonos más fríos, azulados. Las distintas fuentes emiten luz a diferentes temperaturas y de ahí los cambios de color en el objeto fotografiado según la fuente de luz utilizada en la toma. El equilibrio de blancos especifica qué objeto es blanco y debería aparecer como blanco en la fotografía, de manera que el resto de colores de la escena se ajusten en consecuencia. La cámara puede realizar este ajuste automáticamente, pero no siempre con los mejores resultados, por lo que los objetos tendrán tonalidades irreales. Si la foto se graba en RAW, en cambio, el equilibrio de blancos de la cámara no le afecta en absoluto y puede controlarse con total libertad.
Ajustes de tono: las cámaras digitales capturan la luz de manera lineal (gamma 1.0), mientras que el ojo humano utiliza una compresión no lineal típica. Este es el motivo por el que las fotos en RAW se ven tan oscuras cuando se abren en un programa de edición. Para que el tono de la imagen capturada se adecue a la visión humana, la conversión aplica una corrección gamma para redistribuir la información tonal. Otros parámetros que se ajustan durante el proceso son el brillo, el contraste y la saturación de color.
Control de enfoque: permite ajustar la definición de bordes de la imagen, de manera que aparezcan suaves o agresivos. Las cámaras añaden cierto grado de nitidez para contrarrestar los efectos de la interpolación de color (vea el cuadro El sensor digital de las cámaras). Sin embargo, demasiada nitidez creará halos, ruidos y otros artefactos, por lo que es importante encontrar el equilibrio adecuado. Estos efectos nocivos se pueden contrarrestar si se trabaja directamente sobre archivos RAW, por lo tanto, antes de la compresión.
Reducción de ruido: los procesos de captura y demosaicing introducen una cierta cantidad de ruido de luminancia (escala de grises) y ruido de cromatismo (color) que debe ser corregida, por ejemplo, mediante filtros antialiasing. La compresión añade su propio ruido, pero no est

Contenidos recomendados...

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios
X

Uso de cookies

Esta web utiliza cookies técnicas, de personalización y análisis, propias y de terceros, para facilitarle la navegación de forma anónima y analizar estadísticas del uso de la web. Consideramos que si continúa navegando, acepta su uso. Obtener más información