| Artículos | 05 FEB 2009

Retos y soluciones a la ciberocupación

Arantxa Herranz

"RTVE o El Corte Inglés han sido algunos de los últimos casos sonoros de litigio por los derechos de un dominio en Internet. Pero no son los únicos: nadie está a salvo de que nos “roben” nuestro dominio en la Red. Y, si no, que se lo pregunten a algunos ministerios de reciente creación en nuestro país. Claro que el hecho de que alguien tenga ya registrada una web no quiere decir siempre que se haya hecho a mala fe. El mejor ejemplo de ellos es el de leonor.es. ¿Cuándo podemos hablar, entonces, de ciberocupación? Y, sobre todo, ¿qué podemos hacer?

A buen seguro se le llevarían los demonios si, al intentar entrar en su vivienda, comprobara que hay alguien habitando dentro sin que usted le hubiera dado permiso. ¿Ha pensado cómo reaccionaría si intentara registrar en Internet una página web con su nombre, el de su empresa o el de su producto más exitoso y conocido y viera que alguien se le ha adelantado?

El problema reside, además, en que son múltiples los sufijos disponibles para poder tener una web, lo que da origen a situaciones, cuando menos, graciosas. Graciosas, claro, siempre y cuando la coincidencia o la picaresca no hayan pasado a ser un chantaje.

Por eso, lo primero es delimitar cuándo se puede considerar ciberocupación y cuándo no. A grandes rasgos, podemos hablar de ciberocupación cuando una persona registra un nombre de dominio, con conocimiento de que otra persona tiene mejor derecho sobre el mismo, con el propósito de extorsionarlo para que lo compre. También existe la modalidad de desviar el tráfico web hacia un sitio competidor o de cualquier otra índole. Generalmente, las víctimas de ciberocupación son nombre de personas, productos y empresas de nueva creación o que alcanzan gran notoriedad sin haber protegido su denominación en Internet. Así, una de las últimas anécdotas en este sentido es el rápido registro de una de esas frases que ha pasado a la posteridad: por qué no te callas. No obstante, en este punto cabe señalar que para algunos expertos, en el caso de expresiones genéricas, que no son marcas, no debemos hablar de ciberocupación. Existen ejemplos muy claros y sonados de ciberocupación, como ocurrió en su día con quien registró “metrobilbao.com” y más recientemente con “elcorteingles.com”.

Hay que tener en cuenta que, generalmente, el primero que solicita un nombre de dominio puede registrarlo, así que lo más fácil es registrar los dominios cuanto antes. Por eso, algunos expertos, como Inmaculada Castellanos, de Acens, recomienda, incluso cuando sólo estemos pensando en un nuevo proyecto, comprobar si están libres los dominios más interesantes y “si no lo están modificar, en la medida de lo posible, el nombre a dar al proyecto. Ambas cosas, en una fase inicial, son relativamente sencillas y a cambio nos darán importantes beneficios: desde la tranquilidad con respecto a la posesión pública del proyecto, hasta la imagen empresarial que ofreceremos mostrado un buen hacer al respecto, pasando por la focalización que generará disponer de un proyecto unificado on y off line”. 

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¿Picaresca o delito?

Sin embargo, también es cierto que no todas las veces que alguien registra un dominio  que no le “corresponde” lo hace con una intención dolosa. A veces la picardía y la picaresca, tan propias de caracteres como el español, están detrás de estas acciones. ¿Dónde está, pues, el límite?

“No resulta tan difícil de definir ese límite, ya que depende de si existen derechos o intereses legítimos respecto al dominio, como marcas reconocidas, patentes, denominaciones comerciales…”, señala María García Ruesgas, directora de nombres de dominios en Arsys, para quien el ejemplo anteriormente señalado de la expresión “Por qué no te callas” es un “claro caso de picaresca”.

Pero también entran en acción lo que se denomina “domainer” o inversor en dominios, persona que se dedica a registrar cualquier dominio que le parezca interesante para alojar una página, hoy o en el futuro, lo que puede corresponder también a un posible servicio o marca. Algo que David González, director técnico de Hostalia, califica de “totalmente legítimo”.

Es decir, que a grandes rasgos podríamos considerar delito cuando una persona registra un dominio sobre el que no tiene derechos y lo utiliza de mala fe, ya sea con carácter especulativo o abusivo. Por ejemplo, “si una empresa registra el nombre comercial de su competidora, se lo intenta revender por una cifra millonaria o crea una página ofensiva contra ella”, explica García Ruesgas.



Qué hacer

La verdad es que los casos de delitos de ciberocupación fueron numerosos con los albores de Internet. Aunque ahora estos asuntos no ocupan las primeras páginas de los periódicos, en buen parte también porque la experiencia es un grado y ya se suelen tomar medidas para evitar estas situaciones, también es cierto que existen herramientas jurídicas con las que resolver estos asuntos.

Para combatir la ciberocupación, la ICANN (Corporación de Asignación de Nombres y Números de Internet), promulgó en 1999 la Política Uniforme de resolución de controversias de nombre de dominio (UDRP), que regula el marco jurídico en relación con una controversia que pueda surgir sobre el registro y utilización de un nombre de dominio. Mediante el procedimiento arbitral establecido en esta política se puede recuperar un dominio si la entidad acreditada en la resolución de ese tipo de conflictos falla a su favor.

Tal y como recuerdan desde Arsys, el dominio se transferirá al demandante si concurren las siguientes circunstancias:

1. usted posee un nombre de dominio idéntico o similar hasta el punto de crear con

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