| Artículos | 01 ABR 2008

Ordenadores portátiles: ¿amigos o enemigos?

Tags: Histórico
Arantxa Herranz.
Son, sin duda, los primeros en abanderar esta clara e imparable tendencia a la movilidad y, pese al surgir de nuevas e interesantes propuestas, lo cierto es que todo usuario que se precie de presumir de ser móvil no puede por menos que llevar un ordenador portátil. Sin embargo, estos productos no son perfectos y aún tienen que hacer frente a muchos retos. Puede que si algún día consiguen solucionarlos estemos ante el producto perfecto (o, quizá, ante un nuevo tipo de dispositivo) y, sobre todo, que plantee menos problemas a quienes se encargan de su puesta a punto, mantenimiento y soporte. Veamos cuáles son esos retos.

Lo cierto es que desde que irrumpieron en el mercado hace ya más de dos décadas, los ordenadores portátiles han cambiado la manera en que las empresas trabajan. De hecho, muchos usuarios profesionales ya no son capaces de imaginar su labor diaria sin estas herramientas, al igual que ocurre, por ejemplo, con internet. Tanto es así que la venta de ordenadores portátiles (impulsada también por unos precios más que competitivos) hace tiempo que vive su época dorada. Incluso algunos trimestres son ya más las unidades portátiles que las de sobremesa las que se entregan en el mercado.
Evidentemente, este escenario tan móvil abre nuevas incógnitas en los departamentos de sistemas, quienes han de ser capaces de gestionar estos portátiles, cuando incluso estén en el país más remoto o cuando estén en la cafetería más cercana.
Sea como fuere, lo cierto es que sigue habiendo muchas cosas que a los profesionales de las Tecnologías de la Información no les gusta de estos ordenadores portátiles. Por ejemplo, la vida útil de las baterías.

La batería soñada
De hecho, puede decirse que éste sigue siendo el particular talón de Aquiles de estas máquinas. A pesar de que en los modelos más recientes las baterías dan una autonomía de hasta cuatro horas, esta cantidad es, a todas luces, insuficiente para los verdaderos profesionales móviles así como para los departamentos de sistemas encargados de darles el soporte necesario. ¿Qué usuario no se ha visto en la tesitura de tener que buscar un enchufe o pedir prestado un adaptador para poder conectar su ordenador portátil a una fuente de alimentación que le permitiera cerrar este archivo tan urgente para su trabajo? Por no hablar, cómo no, de la atadura y restricción de movimiento que supone estar ligado a un cable y que hace que el portátil pierda parte de esta característica móvil.
Si, además, el profesional que lleva consigo el portátil viaja a otros países, con toda probabilidad en algún momento se haya acordado de toda su familia al haber olvidado meter en la maleta el adaptador de enchufe y, quizá, de corriente. Si las baterías de los portátiles duraran lo mismo que, por ejemplo, la de un teléfono móvil, quizá todos estos problemas pasarían a mejor vida.
Pero si hay algo que supone un verdadero quebradero de cabeza es cuando los portátiles se rompen y sufren daños. Evidentemente, no se trata de algo exclusivo de estos ordenadores, sino que otros muchos dispositivos, especialmente móviles, están sujetos a este tipo de incidencias. Pero casi con toda probabilidad estos daños sean de mayor gravedad cuando quien los sufre es nuestro ordenador portátil, puesto que seguimos confiando en él para llevar, transportar y trabajar sobre documentos importantes. No digamos ya si nuestro correo electrónico también está en esta máquina.
El lugar donde más frecuentemente sufren daños los portátiles es en los aviones. Según algunas fuentes, las mesillas plegables de los asientos de los aviones son, en muchos casos, las “culpables” de estas fisuras y golpes que reciben los ordenadores portátiles y, aunque pueda parecer esnob, todo hace pensar que hay más probabilidades de dañar nuestro ordenador si vamos en clase turista que si lo hacemos en clase preferente. Bisagras rotas, impactos en las pantallas y carcasas suelen ser los componentes más frágiles en estos escenarios.
Pero quienes viajan en clases menos económicas tampoco están inmunes. Es decir, que no son ni los primeros ni los últimos en no comprobar eso de que llevan consigo todas sus pertenencias personales y en ocasiones olvidan sus portátiles en los portaequipajes de las aeronaves. A ello habría que añadir que los portátiles son los ordenadores que más sufren todo ese tipo de pruebas a los que se somete a los productos tecnológicos antes de que lleguen al mercado: refrescos caídos sobre el teclado, trozos de comida o la amenaza que supone que niños pequeños jueguen con ese cacharro tan bonito que papá o mamá llevan consigo todo el día. No hablemos ya si, encima, el portátil tiene la prestación de Tablet PC y un niño puede dibujar con el lápiz con toda su fuerza en la pantalla.
Pero volvamos a la posibilidad de perder estos ordenadores portátiles. Hay quienes “odian” estos productos precisamente por eso, porque son fácilmente olvidables. Y cuando alguien pierde un portátil, esta incidencia no sólo le afecta a él como su propietario, sino que muchas más personas se pueden ver afectadas por este hecho: desde el propio departamento de sistemas, hasta colegas de trabajo, proveedores y clientes, entre otros muchos.
Y, cerrando el círculo, podemos asegurar que es precisamente en los viajes donde más probabilidades tenemos, como usuarios móviles, de perder nuestro ordenador portátil.

Una corta vida
Como término medio, un ordenador portátil tiene una vida útil entre tres y cuatro años, frente a los cinco o seis que suelen durar sus hermanos de sobremesa, según datos de la consultora IDC. Pero, es más, parece ser que son anecdóticos los portátiles que sobrepasan la transición de los dos a los tres años.
A esto habría que añadirle el hecho de que los ordenadores portátiles tienen una “peor” vida (además de breve) que los sobremesa y que son más difíciles de gestionar. Es decir, que a los departamentos de sistemas les resulta mucho más difícil y les lleva mucho más tiempo actualizar y reparar estas máquinas.
Para algunos, los portátiles de hoy en día se fabrican como si fueran coches. Cuando alguien se compra un automóvil, en el manual de instrucciones se detalla cada cuántos kilómetros hay que cambiar y sustituir determinadas piezas. Si el usuario se olvida u obvia esta información, el coche aguantará apenas mil kilómetros más de lo estipulado en el manual. Y, según estos expertos, tres cuartos de lo mismo ocurre con los ordenadores portátiles. Es lo que denominan fabricación con fecha de caducidad.
La explicación a este fenómeno está, probablemente, en una de las claves mencionadas al inicio de este artículo: la bajada radical de los precios de los portátiles. En la medida en que se ha reducido el PVP de los mismos, los componentes claves de estas herramientas (placas, discos duros…) también han tenido que abaratarse, al mismo tiempo que se ha ido aminorando quizá su calidad y también su tiempo de vida.
Pero no quedan ahí algunos de los inconvenientes para quienes tienen que gestionar el parque informático de las empresas en cuanto a ordenadores portátiles se refiere. Estas unidades son más difíciles

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