| Artículos | 01 ENE 2000

Ordenadores emocionales

Tags: Histórico
Joan C. Ambrojo.
Ordenadores que reducen la frustración de los usuarios, música que suena según el estado de ánimo, juguetes que reaccionan con enfado o alegría según el trato que reciban. Son algunos de los mecanismos en los que el Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT) norteamericano estudia para introducir aspectos de la inteligencia emocional.
¿Un ordenador con emociones? El grupo de científicos en el que participa Rosalind Picard, investigadora del Media Lab, lleva tiempo buscando formas para proporcionar a los ordenadores la capacidad de identificar y responder de modo inteligente a las expresiones emocionales de un usuario.
Picard, que ha participado recientemente en la jornada "Emoción y Conocimiento" celebrada en el Museo de la Ciencia de la Fundación "la Caixa", asegura que ya se puede comenzar a simular algunos de los componentes de las emociones humanas. Sin embargo, todavía estamos lejos de dar a las máquinas algunos aspectos de consciencia. "Aunque es importante que las máquinas adquieran los mecanismos de la emoción, todavía lo es más el hecho de que también incorporen algunas técnicas de sentido común y de inteligencia en cuanto al gobierno y manifestación de estas emociones y entender las emociones de los demás".
Según explica la científica, el laboratorio norteamericano está interesado en proveer a los ordenadores de algunas de las funciones de la inteligencia emocional, algo que explica como parecido a la inteligencia social, pero que conlleva otras capacidades. "Esto incluye la habilidad de reconocer si los usuarios están frustrados o confundidos, emociones muy comunes cuando se trabaja con ordenadores, incluso si su empleo produce temor, y evitarlo". Ello significa que los ordenadores puedan observar el comportamiento humano y expresar emociones de respuesta apropiadas.
"Bajo el tópico de la informática afectiva (o emocional) no estamos mirando sobre el reconocimiento de las emociones tanto como el reconocimiento de las expresiones e intentando sintetizar algunos mecanismos de las emociones en un ordenador".

Evitar la frustración
Los ordenadores no son precisamente unas máquinas muy amigables. Los ingenieros informáticos todavía no han sido capaces de conseguir unos aparatos que no provoquen habitualmente la frustración de los usuarios.
Pero quizá este escollo se resuelva en el futuro. El MIT ha desarrollado un software capacitado para responder al usuario con una mezcla de empatía, simpatía y otras actitudes de la inteligencia emocional. Algo parecido a como actuaría una persona: trataría de responder y resolver una situación sin herir al interlocutor.
Esta aplicación, según asegura Picard, ha aumentado de modo significativo el deseo de los usuarios de interactuar con el sistema. Estas mejoras se han demostrado con un estudio con 70 individuos trabajando en dos condiciones distintas, una de ellas con ordenadores "frustrantes". "Entre otras cosas descubrimos que si un usuario se encuentra especialmente frustrado, puede ser incluso provechoso que el ordenador se disculpe".
Cuando habla de informática emocional, Picard no sólo se refiere a portátiles u ordenadores de mano, sino a equipos que se llevan cosidos en la ropa, por ejemplo. "La idea es que el ordenador personal no será nunca más algo con lo que se interactuará de la forma habitual que conocemos hasta ahora. Podría ser algo así como una extensión de ti mismo, que estará en contacto durante muchas horas al día. Por ejemplo, un reloj de muñeca o los zapatos. Y claro, si tú quieres, ese ordenador puede ir aprendiendo todas las cosas que te gustan y las que no, entonces podría hacerte recomendaciones sobre los conciertos y películas a los que ir, o encontrar productos que sean de tu interés". Es algo parecido a lo que hace la gente: aprende a partir de ejemplos. "Una persona que te conozca bien es capaz de reconocer si tu sonrisa es franca o no".
El laboratorio norteamericano ha construido sistemas que ayuden a la gente a comunicar emoción y otros que mejoren las técnicas de comunicación emocional. Ha diseñado prototipos de ordenadores portátiles equipados con software con modelos de identificación a la medida del usuario o gafas que comunican expresiones de confusión o interés, permitiendo que las manifestaciones emocionales se puedan transmitir a una red de ordenadores. Por ello los científicos consideran fundamental conseguir un interfaz informático más agradable, que evite el enfado de la gente detectando cuándo comienza a estar frustrada y cambie su actividad inmediatamente para evitar tal sentimiento.
Claro que no es fácil detectar la frustración de los usuarios, puesto que varía de unos individuos a otros. Para ello el software analiza la manera de utilizar los ratones y los datos recogidos por sensores fisiológicos repartidos por la ropa.

Prototipos afectivos
El MIT ha desarrollado una serie de prototipos dotados en cierto sentido de emociones. El StartleCam es un dispositivo portátil equipado con una cámara que registra imágenes según el tipo de respuesta de quien lo lleva. Para evitar la sobrecarga de información, responde a las señales fisiológicas del individuo (risas, llantos, aburrimiento...). En cambio, el DJ emocional selecciona música según las preferencias y el estado de ánimo del individuo.
La inteligencia emocional en ordenadores también tiene aplicaciones en el aprendizaje humano. El MIT ha desarrollado un juguete que identifica comportamientos afectivos del niño y responde reflejándole la emoción. Este "muñeco emocional" puede ver y sentir cómo el niño lo mueve gracias a unos sensores. Si lo balancea divertido o lo trata bien, el tigre de juguete sonríe; si lo lanza contra un mueble o le pega en el estómago, el juguete muestra su enfado por el maltrato, se queja y para su funcionamiento.
"Es como un espejo que refleja algunas de las potenciales consecuencias emocionales de sus actos. Es sólo una interesante área para explorar el desarrollo emocional", afirma Picard. Esta tecnología podría ayudar, por ejemplo, a los autistas, personas que tienen muchas dificultades para reconocer las emociones y entender una situación. El Media Lab continúa sus investigaciones con nuevos prototipos. Claro que, de ahí a que algún fabricante se atreva a lanzar un ordenador o dispositivo emocional a los comercios hay un gran trecho. "Es muy importante asegurarse antes de crear un nuevo producto que nos aseguremos que no frustrará aún más a los usuarios". Pero también se deberá sortear el recelo de los usuarios ante una falta de intimidad si un sistema informático los observa todo el día y conoce con detenimiento sus reacciones. Estas "máquinas de la verdad" suscitarán numerosos problemas filosóficos, sociales y éticos. Por ahora, las lágrimas digitales del ordenador HAL de 2001: Una odisea del espacio son sólo una quimera.

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