| Artículos | 01 DIC 2003

Música legal en la red

Tags: Histórico
Francisco Núñez.
Piratería y música online han sido hasta la fecha términos casi siempre sinónimos. El auge de las redes P2P hizo tambalear los cimientos de una industria discográfica que, poco a poco, comienza a reaccionar ofreciendo alternativas atractivas para Internet, la gran tienda de música del futuro.

Con Napster llegó la revolución: Internet, a través de las redes de intercambio de archivos entre usuarios (P2P, peer-to-peer), se convierte en una gigantesca discoteca donde es posible encontrar todo tipo de grabaciones de prácticamente cualquier estilo y artista. Una tentación demasiado grande para millones de internautas, inconscientes en su mayoría de la dudosa legalidad de este intercambio, que comienzan a utilizar sus ordenadores personales para descargar y compartir cientos e incluso miles de canciones de sus artistas favoritos.
Esta distribución incontrolada se traduce rápidamente en pérdidas millonarias para las casas discográficas, que ven caer progresivamente sus ingresos en la venta de CD. Internet se convierte así en el principal enemigo del sector, se inicia una dura batalla que comienza con el cierre del mismísimo Napster en los tribunales, pasando por un sinfín de polémicas demandas contra las empresas propietarias de plataformas P2P, llegando incluso hasta las acciones legales contra los usuarios de estas redes de intercambio.
Sin embargo, hasta la fecha todo esto ha sido inútil. Catálogos muy limitados, tanto de artistas como de álbumes, dificultad para realizar copias en CD y elevadas tarifas de suscripción eran hasta el momento la alternativa que ofrecían los pocos sitios de descarga legal existentes, debido en gran medida al escaso apoyo de una industria reticente a las nuevas tecnologías.
El desembarco de la mítica compañía de la manzana, Apple, en el mercado discográfico y el espectacular éxito de su plataforma iTunes, basada en el pago por canción descargada, parece por fin haber abierto los ojos de las multinacionales discográficas, que ven ahora en la música online a través de Internet el mercado de futuro para la venta y promoción musical.

Derechos de autor e Internet
La protección de los derechos de autor en Internet es sin duda uno de los problemas jurídicos más complicados a los que se enfrentan actualmente los legisladores. Esto se debe fundamentalmente a la naturaleza de la propia Red: miles de subredes de ordenadores interconectadas entre sí a lo largo del planeta, formando un medio desde el que es posible reproducir y distribuir cualquier obra, ya sea texto, sonido, imágenes o vídeo de una forma prácticamente incontrolable, con unas leyes que no siempre pueden ser aplicables.
En el caso de las obras musicales, la distribución y reproducción sin consentimiento supone un grave perjuicio económico para el autor de la obra, pero sobre todo para las compañías que poseen los derechos de explotación. En el mercado discográfico esto se traduce en la caída de ventas de los discos compactos, ya que rara vez el usuario que descarga música en la Red adquiere el CD original del artista.
En nuestro país, al amparo de la Ley de Propiedad Intelectual, existen diferentes entidades de gestión que se encargan principalmente de gestionar y velar por la recaudación de los derechos de autor de sus socios. En el ámbito de las obras musicales las más conocidas son la sociedad de artistas intérpretes o ejecutantes (AIE, www.aie.es). y la sociedad general de autores (SGAE, www.sgae.es). que además gestiona los derechos de las obras difundidas por Internet.
Inmersas en la lucha contra la piratería, estas sociedades han ido adquiriendo mayor peso en los últimos años, aunque también es cierto que su popularidad ha ido cayendo en amplios sectores de opinión. Esto se ha debido en gran parte a determinadas medidas, como los cánones aplicados al precio de los soportes de grabación para compensar las pérdidas económicas por piratería y copia privada.

Redes P2P
Durante estos últimos años Napster no ha sido más que la punta de lanza de una tecnología que se ha convertido en el principal quebradero de cabeza de los fabricantes de software y de la industria audiovisual en general: las redes P2P.
La idea en la que se basan estas redes no es en absoluto nueva: la comunicación de igual a igual entre los distintos nodos de la red. Sin embargo, lo realmente revolucionario en este tipo de redes es que estos nodos pueden ser simples ordenadores personales conectados a Internet.
Las ventajas que esta tecnología ofrece son claras: por un lado aprovechar el enorme potencial de procesamiento que ofrecen miles de PC conectados a la red, y por otro su característica más conocida: permitir el libre intercambio de ficheros, abriendo las puertas a la inmensa cantidad de recursos que pueden compartir las diferentes máquinas conectadas.
Sin embargo, a nadie se le escapa que, la mayoría de las veces, estos recursos compartidos son material protegido por derechos de autor, como programas de ordenador, videojuegos, fotografías, películas y, cómo no, temas musicales. Por este motivo, en los últimos años hemos asistido a innumerables demandas por parte de diferentes fabricantes y asociaciones, denuncias que no sólo han llevado ante los tribunales a propietarios de redes P2P; recientemente la asociación de la industria discográfica de los Estados Unidos (RIAA) ha demandado a una larga lista de usuarios de estas redes por distribuir en Internet música protegida por derechos de autor.
Es en este último punto es donde la polémica vuelve a estar servida, ya que muchos desconfían de la legalidad de algunos métodos de espionaje empleados para identificar a los usuarios de estas redes e investigar si comparten o no material “ilegal”. Conviene tener presente que, además de la propiedad intelectual, la privacidad de las comunicaciones es también un derecho fundamental.

Música online de pago
Si algo ha demostrado el avance de los sistemas P2P es que el modelo de negocio sobre el que ha trabajado la industria discográfica se ha quedado obsoleto. Y es que adaptarse a las nuevas tecnologías no es un camino sencillo: atrás quedan sonados fracasos como los modelos e-commerce basados en la venta de CD por Internet o la escasa aceptación de los primeros servicios de pago para la descarga y sus elevadas cuotas mensuales.
Así, el secreto de la buena acogida que han tenido los nuevos pay per listen como iTunes de Apple o el resucitado Napster, es ofrecer las mismas posibilidades que las redes de pares -amplios catálogos musicales y posibilidad de descargas individuales de canciones- por un precio asequible, con la ventaja que supone para el usuario descargar grabaciones completas y de alta calidad.
A diferencia de las redes peer to peer, estos sistemas se basan en la clásica arquitectura cliente/servidor, es decir, no hay comunicación directa entre los usuarios. De esta forma se puede trabajar en un entorno que asegure la protección de contenidos y la seguridad en las comunicaciones entre el cliente y el servicio de pago. Otra ventaja clara es la rapidez a la hora de realizar descargas, ya que se trata de sistemas que cuentan con la infraestructura y tecnología necesarias para optimizar el tránsito de ficheros controlando el tráfico de pedidos hacia servidores menos ocupados, evitando los habituales cuellos de bote

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