| Artículos | 01 OCT 1996

Monederos electrónicos

Tags: Histórico
Adiós rubia, adiós
Joan C. Ambrojo.

Las entidades financieras españolas están decididas a aliviarnos los bolsillos. De peso, claro está. Los nuevos monederos electrónicos lanzados recientemente en nuestro país comienzan a ocupar un espacio en las carteras, junto a las tarjetas de crédito y débito. Rubias, duros y otros metales de la familia de la calderilla podrían tener los años contados.

Al igual que sucedió con el dinero de plástico, el primo recién nacido de las nuevas tecnologías, es decir, el monedero electrónico, ha desconcertado al personal. No es para menos. La aparición de visas, cuatrobés y seismiles, introducidas en unos extraños artilugios llamados bacaladeras, cajeros automáticos y tepeuves, cambiaron para siempre la relación con el dinero.

Para bancos y cajas, el control de pequeños pagos será un mercado suculento: los expertos lo sitúan en los 10 billones de pesetas. Un mercado que requerirá 30 millones de tarjetas y 700.000 terminales de consumo. Bares, kioskos, transportes públicos, gasolineras, cualquier negocio donde se mueva dinero en pequeñas cantidades es sensible para la introducción de tarjetas monedero.

¿Qué es un monedero electrónico?

- Aparentemente, es una tarjeta de plástico más. Pero a diferencia de la banda magnética habitual utiliza un microprocesador con capacidad de cálculo y almacenamiento de datos y unos contactos normalizados que permiten el intercambio de información con el exterior.

De hecho, una tarjeta monedero contiene dinero real de forma electrónica.

Como su uso es habitualmente anónimo, si se pierde o es robado puede ser utilizado por otras personas, puesto que no es necesaria ninguna autorización ni número secreto.

En cambio, para recargar el monedero (hasta las 25.000 pesetas) es necesario disponer de una cuenta corriente. Mientras que las transacciones de carga (a débito o a crédito) se realizan siempre on line en cajeros automáticos, las operaciones de pago pueden ser off line en los terminales dispuestos en los cines, bares o kioskos. Cinco segundos bastan para abonar la compra.

¿Cómo saber lo que se gasta y cuánto dinero queda en la tarjeta?

- Un llavero, que numerosas entidades reparten gratuitamente, contiene un pequeño lector con una pantalla LCD que informa del saldo y de la última operación realizada. De todas formas, cuando se compra un diario, se paga en el cine o en el bar el cliente puede solicitar el recibo que imprime la máquina.

Antes de lanzar la tarjeta monedero, entidades como La Caixa y Cajamadrid realizaron diferentes experiencias piloto en las que se obtuvieron resultados satisfactorios.

La primera, en la Universidad Autónoma de Barcelona, Granollers y otras ciudades. Cajamadrid, en Majadahonda.

Por su parte, Logroño se convirtió en julio en la primera en poner en servicio un proyecto piloto de monedero electrónico multientidad. Mientras que La Caixa ha optado por lanzar un monedero específico y, después, incorporar el chip en todas las tarjetas Visa Electron, Caixa de Catalunya ha convertido todas sus tarjetas en monederos electrónicos. Pero además de dinero, estas tarjetas permiten acceder a los programas de información de universidades como la Pompeu Fabra y Ramón Llul o incluso efectuar llamadas telefónicas (por valor máximo de 5.000 pesetas).

Caixa de Pensions prevé instalar 25.000 terminales durante este año. Caixa de Catalunya, más modesta, sólo mil mixtos (operatoria con banda magnética y monedero electrónico). Las posibilidades son múltiples, ya que los constructores preparan lectores para máquinas vending, y no se descarta el uso de terminales adaptados al PC para la telecompra por Internet e InfoVía. Telesincro, líder en el segmento de terminales de pago, confía en comercializar 60.000 unidades de distintos tipos de lectores de tarjetas monedero durante este año.

Bajo uso

Unos carteles, situados estratégicamente ante la caja, avisan que es posible pagar con la nueva tarjeta. Marc Oriol, responsable de kiosko de la concurrida librería Catalonia, en pleno centro barcelonés, es tajante: "todavía no la utiliza mucha gente". Las cifras no son muy alentadoras. Durante el último mes, sólo unas 200 personas han pagado en este local los artículos con la calderilla de plástico. "Siempre importes muy pequeños, no más de 500 pesetas". Y eso que diariamente este profesional vende centenares de publicaciones de todo tipo. Por ahora no ve muchas ventajas y sí algún inconveniente: algún cliente se obceca en marcar el importe en el terminal. "Y eso es impensable en un lugar donde constantemente estamos cobrando. Las colas serían interminables", explica Oriol.

Según La Caixa, durante el primer año de experiencia se realizaron más de 250.000 operaciones, con un importe medio de 661 pesetas. Bares (23,5 por ciento), restaurantes (20,2 por ciento) y supermercados (19,3 por ciento) fueron los principales focos de pago. Maria Victoria Matia, Jefa de Administración de Servicios y Banca Electrónica opina que "el mercado no ha hecho más que empezar". Si sus cálculos no son erróneos, a finales de 1997 existirá un total 3 millones de monederos.

Según el jefe de medios de pago de Caixa de Catalunya, Jordi Yeida, el uso masivo será más rápido que cuando se introdujo en las tarjetas la banda magnética, aunque considera que afectará profundamente a los hábitos de consumo de la gente.

De hecho, algunos comerciantes son reacios a implantar el sistema, ya que, según los expertos, harían el dinero transparente al fisco. En cambio, las entidades financieras destacan la ventaja que supone reducir drásticamente la gestión de los cambios y, sobre todo, asegurar al máximo su cobro.

Ello no quita para que las entidades cobren pequeñas comisiones (en torno al 1-2 por ciento) por las operaciones.

Si la iniciativa prospera y desaparecen las monedas, ¿qué sucederá con las máquinas tragaperras?

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