| Artículos | 01 JUL 2003

Mejore el rendimiento del Windows XP

Tags: Histórico
José M. Alarcón.
Este mes veremos diversos trucos que nos permitirán, a través de ciertos ajustes, maximizar el rendimiento de Windows XP. le será útil sobre todo si su equipo no es precisamente de última generación.

Efectos visuales: los justos
Una de las cosas más impactantes de Windows XP para sus nuevos usuarios es el aspecto gráfico del sistema operativo. Es muy agradable (aunque sobre gustos no hay nada escrito) sobre todo si se compara con el anodino aspecto de las versiones anteriores. Esta nueva interfaz, sin embargo, no viene sin coste asociado. Éste, como no, se refiere al rendimiento de nuestro equipo.
En cierto modo Windows XP es un signo de nuestros tiempos: cuanto más tenemos más queremos. Antes, un equipo con un procesador a 500 MHz y 64 MB de RAM era una máquina muy potente. Si se instala XP en una máquina así funcionará, desde luego, pero por los pelos y quejándose continuamente. Los equipos estándares de mediados de 2003 tienen varias veces más potencia que hace sólo uno o dos años, y un sistema glotón de recursos como Windows XP trabajará sin problemas. Aun así, cuantas menos reservas gastemos en cuestiones superfluas mejor rendimiento obtendremos de nuestras aplicaciones. Desde luego, si su equipo se ajusta más a la primera descripción será casi indispensable que aplique los consejos que estamos a punto de ofrecerle.
Pongámonos manos a la obra. Busque un lugar despejado en su escritorio de Win-dows y pulse con el botón derecho sobre él para acceder a sus Propiedades. En la ventana que aparece vaya a la pestaña Apariencia y una vez en ella pulse el botón Efectos, tal y como ilustra la figura adjunta. De todos los ajustes que se le ofrecen en la nueva ventana hay tres que inciden especialmente sobre el rendimiento. Los efectos de transición para menús, el suavizado de fuentes y el hecho de mostrar el contenido de las ventanas al arrastrarlas son tareas especialmente costosas. Si su tarjeta gráfica no está muy dotada de memoria RAM será mejor que los desconecte.
Sólo con esto notará una mejora de velocidad al trabajar con menús y ventanas flotantes.

Un control más granular sobre los efectos visuales
Aunque el diálogo anterior le ayudará a mejorar un poquito, se puede conseguir mucho más a través de las propiedades del sistema.
Pulse el botón de Windows y la tecla de Pausa (o vaya a Inicio » Panel de Control » Rendimiento y mantenimiento » Sistema) y dentro de la ventana siguiente, a la lengüeta Opciones avanzadas. En la configuración del rendimiento existe la posibilidad de controlar al detalle todas las opciones de estilos visuales de XP. Por defecto se deja que Windows decida la mejor combinación de posibilidades en función de su hardware. Seamos francos: se suele equivocar.
Si va sobrado de recursos puede escoger la segunda opción (Ajustar para obtener la mejor apariencia), pero entonces probablemente no estaría leyendo este artículo.
Para los más modestos está la tercera posibilidad (Ajustar para obtener el mejor rendimiento), que lo que hace es desconectar todos los efectos de golpe.
Por fin, como en el término medio suele estar la virtud, la última elección posible nos permite elegir uno a uno los efectos que queremos activar, adecuándolos a nuestras necesidades, gustos y potencia de proceso de nuestro ordenador.
Se ofrecen 16 posibilidades más que en el diálogo del punto anterior. Algunas no tienen un resultado radical, pero el efecto beneficioso es mucho más apreciable en cuanto se desactivan otras. Las que tienen que ver con eventos que suceden más habitualmente son las principales candidatas para ser desactivadas, a saber:
- Animar las ventanas al minimizar y maximizar.
- Atenuar o deslizar la información sobre herramientas en la vista(tooltips).
- Atenuar o deslizar los menús en la vista.
- Deslizar los cuadros combinados al abrirlos.
- desplazamiento suave de los cuadros de lista.
- Usar estilos visuales en ventanas y botones.
- Usar una imagen de fondo para cada carpeta.

Programación del procesador
Windows XP (y todos los sistemas operativos modernos) es multitarea, es decir, puede ejecutar varias tareas al mismo tiempo. Bueno, ésta es la teoría. En la práctica lo que en realidad ocurre es que, si tenemos un solo procesador, su tiempo de proceso se reparte entre todas las tareas que se están ejecutando. Esto significa (en esencia) que cuando hay varias tareas ejecutándose al mismo tiempo, incluyendo las del propio sistema operativo, el trabajo del procesador se va alternando entre todas ellas, dedicándole un poquito de tiempo a cada una y repitiendo el ciclo. Hay algunas tareas que tienen preferencia sobre otras y el tiempo que el procesador les dedica es mayor, por lo que se ejecutan más rápido (“acaban antes”).
El uso normal que le damos a nuestro equipo es el de ejecutar aplicaciones, y habitualmente las utilizamos una a una, no varias de forma simultánea. Aunque tengamos abiertos varios programas, cambiamos de uno a otro haciendo cosas diferentes con cada uno, pero no haciendo que trabajen a la vez con toda su potencia. Esto es lo más común y por defecto Windows XP viene optimizado para ello.
Sin embargo es bastante posible que deseemos usar el sistema como pequeño servidor, por ejemplo para ofrecer impresoras a todos los equipos de nuestra red de casa o de la oficina, compartir el acceso a Internet o almacenar archivos de trabajo. A pesar de la limitación a 10 conexiones simultáneas de Windows XP, éste se defenderá bien como servidor en pequeños grupos de trabajo sin grandes requerimientos. No hay que olvidar que sus fundamentos son los mismos que los de los sistemas de servidor más potentes de Microsoft (Windows NT/2000/2003).
Si éste es su caso puede ajustar el rendimiento del sistema para que estos servicios en segundo plano obtengan mayor tiempo de procesador cuando se reparta el pastel, mejorando mucho su rendimiento.
En la pestaña Opciones avanzadas de la ventana que utilizamos en el apartado anterior existe un primer apartado de Programación del procesador que le permitirá tomar esta decisión, como se ve en la figura.

Cómo usa Windows la memoria
Otro de los ajustes que se pueden hacer desde la ventana anterior es decidir cómo usará Windows la memoria RAM.
Los discos duros, por rápidos que sean, jamás pueden compararse en velocidad a la memoria RAM que, al no tener partes mecánicas, es infinitamente más rápida. Para minimizar la necesidad de acceder al disco duro y aprovechar este hecho, los sistemas operativos hacen lo que se llama una caché de archivos. En esencia, de lo que se trata es de almacenar en la memoria RAM los archivos a los que se accede más a menudo (incluyendo los del sistema), de forma que no haya que leerlos desde el disco sino desde la RAM, por lo que se gana mucho en rapidez. Por defecto Windows XP reserva 4 MB de RAM para la caché de archivos, y el resto para albergar los programas que se ejecutan.
Este truco, aunque parezca ir en contra del espíritu general del artículo, está pensado para ayudar a mejorar el rendimiento de los que tengan mucha memoria RAM disponible.
En el segundo apartado de la ventana de Opciones avanzadas se puede ajustar el uso de memoria para que actúe como caché. Esto hará un efecto contrario al predeterminado, ya que el sistema reserva toda la memoria posible (por defecto toda menos 4 MB, justo lo contrario a lo habitual) para a

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